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Chema Conesa: "la clave de la fotografía es la idea"

Chema Conesa (Murcia 1952), editor gráfico en publicaciones como El País o El Mundo, cuelga en el centro cultural Gaya Nuño hasta el 12 de junio la exposición "Retratos de papel", que repasa su trayectoria profesional y refleja también cómo ha cambiado la sociedad en este tiempo.

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Conesa, que recibió en 2010 el premio Bartolomé Ros a la trayectoria profesional, actualmente continúa su labor fotográfica y editorial, con la dirección de la colección Photobolsillo, (monografías de fotógrafos españoles editada por La Fábrica), así como con el comisariado de exposiciones y ediciones de otros libros.

Esta exposición reúne una colección de retratos cuyos protagonistas son célebres y destacados personajes, nacionales e internacionales, en las más variadas actividades.  Conesa repasa los trabajos de toda su vida profesional como fotoperiodista.

"El océano que nos movemos es el de la comunicación; todas son fotografías realizadas para ser publicadas. Es casi como un trabajo de mercenario: me dan un encargo, una idea, la consensuó con el señor que va a salir y a partir de ahí se publica la foto, que procuró que tenga un recorrido más largo, que dure una semana por ser el soporte al que iba a ir destinada", ha resumido.

- Soy fotógrafo, periodista, empece como redactor de un periódico pero la fotografía me cautivo e hice esa travesia. Mi trabajo principal en el tiempo coincide con el nacimiento del suplemento dominical (El País). En aquel momento la prensa se daba cuenta de que los domingos se vendían más ejemplares y que necesitaba un soporte publicitario. Eso nos obligó a los fotógrafos de aquel momento, que vivimos la transición española, a empezar a trabajar en color y definir que tipo de imagen tenía que tener un suplemento dominical y separarlo, no sólamente a nivel estético y visual, del que era el trabajo de fotografía pura de la prensa diaria. Me encargaron ese trabajo y llegamos a la conclusión de lo que véis aqui: la técnica cambia y sobre todo y ante todo lo que cambia es la sociedad. Muere Franco, llega la primera democracia y la gente estaba llena de ilusión y los personajes importantes no ponían ninguna pega, cosa que hoy sí la ponen, por aquello de que en este país, como en todos, donde el derecho a la imagen propia ha ido venciendo al derecho a la información. Yo he vivido esa transición. Mis primeras fotos son las de Camilo José Cela que le decías que se vistiese de judoka y se vestía. O Pilar Miró, que decía que quería ser cantante en sus sueños, y se viste de prima donna de una ópera de Verdi. 

¿Son posibles estas situaciones ahora?

- No, ahora no son posibles. Los que hemos terminado la carrera de periodismo, nos hemos dado cuenta que la mitad de la profesión tienen que trabajar como asesores de imagen y están en el otro lado del periodismo. Se produce esa especie de lucha entre cómo quiero que me vean y cómo quiero verte yo. Lo que nos hace más complejo el trabajo. Esta exposición es una especie de recorrido por ese mundo, el mundo de la felicidad fácil, donde todo el mundo confíaba en la prensa, en los periodistas, en los políticos, en la sociedad..., a irse oscureciendo poco a poco y donde las obligaciones de cara a la imagen propia del interesado te hacían tener muchos problemas a la hora de decidir que tipo de trabajo podías hacer.

- ¿Qué es lo más complicado en el proceso fotográfico? 

- No se si la idea es lo más complicado, pero para mí era clave. En el periódico diario estaba prohibido hacer una fotografía al personaje si no era en el contexto de la entrevista. Al personaje no se le podía ni obligarle a que posase. La fotografía de prensa diaria era una instantánea de ese momento. En el suplemento dominical es al revés: hay que preguntarse cada semana a quién vaas a sacar y por tanto qué vamos a contar o qué tiene que ofrecer a la sociedad. Y a partir de ahí venían ideas. Todo es tener qué decir y cómo decirlo. 

- ¿Ahora resulta más complicado trabajar en el fotoperiodismo?

- También es comprensible el cuidado por la imagen propia, pero el problema es el exceso, como todo. Me he hartado de realizar fotografías de gente acusada de., y ahora no se puede hacer hasta que no haya salido la sentencia, lo que corta la agilidad, pero también establece un respeto. Pero me parece más exagerado que personajes famosos que saben que su imagen vale mucho, te obligan a hacer cosas que están previamente controladas, desde la iluminación hasta el maquillaje. Ahora te exigen quién quieren que le retoquen las fotos, con lo cual llega un momento en que tú estás casi transportando el trabajo de periodista al de publicista, cuando en buena lead no debería ser así. Son los tiempos que vienen y es impensable que eso cambie.

- ¿Las redes sociales han cambiado mucho el panorama en la fotografía?

- Sí, la han cambiado. Las sociedades ricas lo que están siempre deseando es divertirse y las redes sociales, en definitiva, yo soy más que... están buscando el famoso lake y eso pervierte, hace un montón de ruido. A mi me ha venido gente para que le fotografiase y me han dicho: quiero que me saques como a éste, con una fotografía superretocada. Recuerdo una anécdota de Pedro Almódovar, haciéndole fotos, y me dice, ahora me quitas la papada, me estiras las piernas y me quitas la barriga. Pero bueno, no puedo hacer eso, ya lo sabes, le dice. Y me contesto, a quién narices le importa la realidad, lo que importa es soñar y pasarlo bien. Lo entiendes cuando te lo dice Pedro Almodóvar, pero que te lo diga, como ahora, un actor jovencísimo que lo que quiere es estar en primera línea de todo, te golpea un poco.

- ¿Todos los personajes elegidos han aceptado ser fotografiados?

- Ha habido gente que no ha querido fotos, pero muy poca. La gente sabía sí quería salir en El País o El Mundo -medios en los que ha trabajado-. He hecho fotos a presidentes del Gobierno americano, que a mi por mi mismo, no me hubieran dejado ni pasar de la puerta. También me he negado a que el medio utilizase una fotografía mía cuando la han intentado manipular. Y la única solución que tenemos los fotógrafos es negar a poner tu nombre. Y eso me ha pasado varias veces, en este mundillo de actores y actrices, se mezcla la publicidad y algunos te la clavan. Fui una vez a hacer fotografía a la modelo Claudia Schiffer y nada más entrar por la puerta, veo un gran cartel donde estaba posando. Quise hablar con ella y me sale su jefa de imagen y me dice que un fotógrafo no puede hablar con la modelo. Y entonces me limite a poner la cámara en el ojo y la modelo a hacer sus posturitas. Cuando llegué al periódico les dije que éstas no eran sus fotos. Mi contrato me obliga a daroslas pero no quiero que mi nombre salga en la fotografía porque no las he hecho yo, sino su jefa de imagen. Eso sucede mucho hoy en día.

 

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