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TRIBUNA / Noviercas y el Cerro

Ángel Coronado incide en este artículo de opinión sobre la despoblación, los asentamientos humanos y el campo y relaciona la macrovaquería de Noviercas con el Cerro de los Moros.

TRIBUNA / Noviercas y el Cerro

TRIBUNA / Noviercas y el Cerro 

La ciudad come campo, decíamos el otro día. Es cierto. También nosotros comemos. Necesitamos comer. Y hay quien presume de haberse comido de una sentada una tortilla de treinta huevos. Todo tiene su medida. Incluso a la luz se impide ir más aprisa. Habrá quien piense que trecientos mil kilómetros por segundo son pocos.

Viene a cuento decir esto porque si bien es cierto que la ciudad come campo y no puede comer otra cosa sino esa, también lo es que hay ciudades, asentamientos humanos queda mejor, que se declaran en huelga de hambre y se pasan sin comer siglos y siglos como si nada. Al final mueren, pero lo más curioso es que no terminan su vida consumidos y en los huesos, sino que más bien parece que se van a otro lugar desconocido y sin dejar rastro. Desaparecen sin más. No sabemos del asunto más que lo que nos dicen sus nombres. Castro, poblado, villa, ciudad. Bien cerca lo tenemos. Osma es ciudad y sin embargo el Burgo, el barrio, un  barrio de Osma, un burgo de Osma es El Burgo de Osma del buen comer entre otras cosas buenas que tiene, que las tiene. La ciudad de Osma es una de esas ciudades que sigue en huelga de hambre. Eso sí, le salió un burgo comilón, aunque tampoco en exceso. Yo creo que fueron los curas que hicieron allí una estupenda catedral y ahí tenemos a ese burgo, que nos dejó a los capitalinos con San Pedro, con catedral que no te lo creas. San Pedro es concatedral.

Otro ejemplo. Numancia se murió, pero aún tuvo tiempo de bajarse del cerro, cambiarse de nombre y abandonar, enterrar al antiguo con toda su gloria hasta que un alemán viniese a decirnos a nosotros, los sorianos, que Numancia no estaba en Zamora sino delante de nuestras propias narices.

Pero a lo que voy. No solo hay asentamientos humanos que comen poco campo, sino que los hay también que comen, pero no campo. Tengo la idea puesta en Noviercas. No es que Noviercas quiera comer otra cosa diferente al campo sino que, a la fuerza, quieren darla de comer otra cosa, que no precisamente campo. Noviercas es de los que llevan siglos en huelga de hambre y tan frescos. Tan frescos durante los últimos nueve o diez siglos, si no más. Ahora, como a tantísimos otros pueblos, villas, castros, burgos o ciudades, sufre una especie de pandemia. Ya está, la despoblación.

Esto es interesante, porque a esta pandemia deben sus cuidados no solo Noviercas sino una infinidad de pueblos, villas, castros, burgos y ciudades que serían imposibles de contar. Pienso en Noviercas porque pasa con ella lo que le pasaría a un enfermo de peste, cólera, COVID (el corrector gramatical me obliga en mayúsculas) o sarampión al que le citasen para ponerlo cuatro mil dosis de vacuna de golpe en lugar de hacerlo con cuatro mil villas, castros, burgos, o ciudades, a una o dos dosis por cada una.

Pienso también que bueno es lo de matar dos pájaros de un tiro, porque al Cerro de los Moros en Soria le pasa igual, que durante los últimos nueve o diez siglos sigue tan fresco ahí. Ahora, que no por eso de que la ciudad come campo (que también come algo) sin por otras causas diferentes, le quieren inocular una dosis de vacuna disparatada. Y lo mejor, estará pasando sus apuros y a ver quién no los pasa, pero enfermo, enfermo de verdad, no está. Incluso al contrario. Tiene buen color, no tiene fiebre. Asintomático total. Pero ahí están, dale que dale.

Nada de antivacunas. Negacionista o terraplanista quien lo sea o lo quiera ser. A las vacunas debemos una demografía imparable. Esto lo diría un santo, un delincuente, sabio, ignorante, gordo, flaco y cualquiera. Yo también. Lo que no quita ni pone ni tiene que ver con esa despoblación de la que hablamos, efecto sin duda de causa compleja, que diría el mismo santo mirando al cielo en oración. Nadie sabe a ciencia cierta lo que pasa, pero todo el mundo sabe algo de lo que pasa.

Y ahora voy a ir recogiendo redes, que se hace tarde. Cada vez veo con mayor y mejor claridad, porque no es que de repente se caiga uno del guindo, cada vez que reparo en esto lo vengo viendo mejor, mirando al cielo y en oración. Y es que no hay nada como repetir las cosas. Todo son cosas. Lo que pasa es que si no se repiten mucho se quedan en el aire y las llamamos pensamientos, pero si las repites y repites lo suficiente, van tomando cuerpo hasta que se te posan en la mano como el pajarito en las manos de un niño para comer las migas de pan o como el halcón altanero de caza en el puño del cetrero.

Hay cosas que pareciendo distintas son prácticamente iguales. A Noviercas y al Cerro de los Moros de Soria les pasa idénticamente igual. Se las quiere curar a estacazos cuando sus cuitas son otras. La primera y principal es no sufrir agresiones. No recomendaría para ninguna de ellas la brutal receta que se las quiere dar. Ni el Cerro necesita miseria (a que no, Fernando Ramón, a que no necesita mil trecientas y pico viviendas, a que no las necesita, a que bien está claro que no es Soria la que necesita eso, a que bien está claro que quien las necesita es otra u otro, otras u otros, a saber) ni Noviercas mierda (veinte mil vacas meando y cagando sin parar y encima bajo palio y anuncio de agua de colonia fresca, nueva y elevada, a que sí, Nueva Elevada, a que sí).

Fdo: Ángel Coronado

 

 

 

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