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TRIBUNA / Democracy

Ángel Coronado incide en este artículo de opinión en la democracía y los comportamientos que se dan en el debate sobre el Cerro de los Moros.

TRIBUNA / Democracy

TRIBUNA / Democracy

Va ya para los dos mil quinientos años (o ya pasaron) desde que Arquímedes dijera lo suyo, más o menos los mismos desde que Pitágoras con sus catetos igual, que desde entonces no es que nadie haya dicho ni pío al griego, sino que nadie ni lo ha pensado, lo cual, si bien se mira, no deja de tener su aquél.

Y ahora otra cosa, que ya va para el mismo tiempo desde que Grecia dijese de la democracia, y todavía nos estamos preguntando como si el griego de ahora fuese aquél, o peor, como si el griego de ahora fuese más tonto (¿más listo?) que aquél cuando no, cuando sí, cuando qué se yo, que según las cosas que fuesen sería lo que fuese, vete a saber.

Nos preguntamos ahora sobre la Democracia porque no nos ponemos de acuerdo en la cosa que sea eso de ponerse de acuerdo. Unos dicen que sé bueno, otros que sé condescendiente, otros que no, que seas (o no) tonto, listo, malo, fuerte… y otros por fin que no saben, no contestan, o que ande yo caliente y que se ría o llore la gente.

Yo creo que cuando pasa eso hay que hacer como si eso fuese una cosa, como si la democracia fuese una cosa. Un maestro de cuyo nombre me acuerdo, Durkheim, recomendaba eso en un libro de cuyo nombre también me acuerdo porque era éste según lo recuerdo: Las Reglas del Método Sociológico, nombre traducido del francés, porque Durkheim era francés, uno de los padres de la sociología moderna, según dicen. Por suerte o por desgracia, me gusta papá Durkheim. Me gustaría hablar de democracia sin perderla de vista y cambiando el nombre, porque a una cosa que no sabes lo que es , lo primero, un sombrero por nombre, pero no lo hago. De momento no lo hago. Si te pones a hablar de algo y le cambias el nombre a más cosas de las que debes, nadie te podrá entender y yo quiero ser entendido. Voy a cambiar el nombre pero solo a una cosa, y prosigo. Se me ocurre hablar de la Colina Bereber porque la verdad, de tanto hablar de ella se me ha escapado de la cabeza su verdadero ser y con éste su nombre. Ahora mismo no sé ya lo que es. Me olvido del nombre viejo y le pongo el nuevo. Esa colina está pegado a Soria Capital, enfrente de la ermita de San Saturio al otro lado del Duero. Es materialmente imposible no verlo si vas de paseo entre San Polo y San Saturio. Tendrías que ser una mula con orejeras y sin torcer el cuello para no verlo. Y ahí está, mojándose los pies en el mismo río, la Colina Bereber.

A su vera se vierte al Duero toda la mierda que cagamos en Soria. De su vera y hasta la vera de la otra colina, la colina del Castillo, se tendía temeraria una obra maestra de la ingeniería de su tiempo que la mandaron a la mierda también, ésta sin pena ni gloria. Se tendía temeraria una obra maestra de la ingeniería ferroviaria de su tiempo alevosamente derribada, silenciada, olvidada pero que aún grita sorda, como las raíces de una muela mal sacada, encima mal sacada, cagoen…, gritan sordos los grafitis animando y adornando tanta miseria y olvido. Otra cosa nuestra que se fue, Soria, toma, toma ya.  

Democracia para la Colina Bereber, eso es de lo que quiera hablar. Había pensado en la Colina de los Almohades, pero  no quise meterme en el jardín de la historia. Que si musulmanes, almorávides, mozárabes, moriscos, mudéjares, quizá todos revueltos con posibles trazas de judíos o de godos, vete a saber de la tribu, Sem, o Cam o Jafet. Bereberes y se acabó, por lo menos hasta que la evidencia científica lo sancione. Colina Bereber me parece suficiente para salir del paso, y prosigo, aunque también dudo, por lo primeramente expuesto, sobre si cambiarle o no el nombre también a la misma Democracia. Opto por un camino intermedio. Opto por definir la Democracia pero en negativo. Como en las fotos de antes. Las positivas en la cubeta y surgen solas a la luz (roja) como pidiendo permiso hasta que quieras. No sé bien lo que pueda ser democracia, pero sí, estupendamente bien, lo que no puede ser. Por ejemplo:

No puede ser democracia que un señor, fuere quien fuere, cogiese un bate de béisbol tatuado en gris oscuro con “yo soy Demócrata” y blandiéndolo, sí, blandiéndolo agresivamente, como quien blande un palito de golf tan finamente pero a lo bestia, lo blandiese ante un grupito de demócratas convocados a un consejo demócrata de un Ayuntamiento demócrata y que habían acudido allí con sus blocks y con sus bolis de tomar y recibir notas y sus cosas como la de repartir, ensanchar el espacio, el de lo común, común suena bien, el espacio común de lo corriente, común, moliente, de lo habitual, de lo que se muele, de lo que se usa sin abuso, del comprender al otro que nunca enemigo, tira que te tiro, afloja que te aflojo, imparcialidad, por favor, imparcialidad, independencia por favor, independencia, información imparcial e independiente, por favor, cosas estupendas de las que da gusto decir, oír, compartir, partir con, todo cosas así, ya me entienden, tan pacífica y dilcemente, y hasta cosas de otros a los que llamaban, llaman y llamamos los propietarios, coño, también nos acordamos de los propietarios, qué carajo, también ellos con sus cositas, que de todo lo que dicen que decían me lo creo sin más, con esa carita, que sin ellos el pueblo, la “demos” de Pitágoras y de Platón, sería una partida de carotas pedigüeñas a la puerta del metro de la Puerta del Sol.

Seguiría por ahí pero reconduzco esto a lo mío. Decía de un señor blandiendo ese bate que ahora se blande ante mí, ahora soy yo que para eso rebusco lo de la democracia en este rincón de mis apuntes, y me decía blandiendo el bate, chulesco, prepotente impertinente: (cito textualmente y con letras de diferente tamaño-fuente):

“¿un informe jurídico que me dé la razón?”   “Eso no es democrático”

¡¡¡Eureka!!! ¡¡¡Me parece que fue Arquímedes que lo dijo cuando lo del empuje del fluido a todo el que se tire a la piscina y a lo que nadie dijo pío!!! ¡He ahí la definición precisa de lo que no es democracia! ¡¡¡Eureka, lo encontré!!!

Voy a proceder a un análisis superficial. No hace falta más. Solo dos frases. Las ocho primeras palabras de la primera forman un bloque perfecto, raro, como que tropieza consigo mismo, chulesco, falsa modestia, pero nada más: ¿Un informe jurídico que me dé la razón? Las cuatro últimas de la segunda, impecables. Las habría podido declamar César o Cicerón: ¡Eso no es democrático! Pero al punto en que las unes se inicia el chisporroteo. ¿Cómo que un informe jurídico que me dé la razón no es democrático? ¿Cómo sería posible una mayor perfección a la hora de la verdad? ¿Cómo sería posible arrearle al Logos aristotélico un estacazo mejor, más preciso, más bajo, más vicioso, eso es y en una sola palabra, más vicioso, más perfectamente bajo, más de las partes bajas, más prohibidas, vulnerables y viciosas? ¡Lo encontré, lo encontré!

Retiro de sus alrededores materiales inflamables, pero en vano. Ambos cables, enrabietados o no (nadie lo sabe), se retroalimentan inextinguibles como una antorcha olímpica del más allá. Se repelen y se atraen enemigos mortales y desfallecidos de amor, todo en uno, entre chasquido y chasquido, como dos áspides de Cleopatra escupiendo besos pero sin Cleopatra. Retiro todo eso y prescindo de cualquier explicación. Un amigo me da una, que rechazo. La veo pobre, pálida, como una hormiga agitando sus antenitas delante de un elefante. Cosa curiosa. El elefante la  mira, y es por eso que, mediante otra cita, la cito.

“Cójase un bate de beisbol con la palabra “democracia” tatuada en lo más gordo de la porra y póngase, como si de un palito de golf se tratase, en manos del señor alcalde, en postura de arrear y ante un señor cualquiera con camiseta. Ponte esta camiseta, le habían dicho antes en su casa al señor. Te sienta bien. “I love democracia”. Love en letras rojas. El resto negras. Todas grandes. La camiseta blanca- Y el señor por ahí que se nos va …

Cada uno imagine a su gusto el final. Cada uno imagine lo que quiera o lo que pueda. Yo imagino la camiseta como una que tengo de cuando joven la panda, la cuadrilla. Primero I mayúscula (“yo” en perfecto inglés), luego rojo corazón por Love y el resto también en inglés. Democracy. La camiseta planchada, lavada y blanca …

Fdo. Ángel Coronado

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