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TRIBUNA / Una entrevista y un Congreso

Ángel Coronado se inspira se en este artículo de opinión en el último Congreso celebrado por el PSOE, para reflexionar sobre el fondo de la política.

TRIBUNA / Una entrevista y un Congreso

TRIBUNA / Una entrevista y un Congreso 

Me pregunta: Si Paco Pastel apareciese con un soplete para soldar, y encendido, ¿qué? Pues te diría que no. Paco Pastel, de venirte, te viene con una tarta estupenda.

¿Y si Julio Iglesias…? Te diría que tampoco. Julio, de venirte (que no lo creo), a qué podría venirte Julio si no es cantando con ese aire tan suyo.

¿Y si repeinado con una raya en medio Einstein? Imposible. Limpio sí. Aseado también. En eso como antes del primerísimo primero, pero me consta con “n” y “s” que Alberto no se peinó en su vida. Un día intenté hacerlo y del peine salieron chisporroteos.

Y a la cuarta pregunta dejaba entrever en la cara del periodista desánimo al tiempo que rastros de cierta esperanza o de cualquier otro fruto seco.

¿Y si (lo piensa, lo está pensando), y si… (parece que duda. Lo está dudando), y si apareciese Felipe González dando un abrazo a Pedro Sánchez mientras… (se atrancó de nuevo, pero repuesto y en una especie de supremo esfuerzo, el del tartaja queriendo atajar el atranque, arranca  de nuevo velocísimo. Tanto que no he cerrado el paréntesis cuando ya soltó lo de Susanita aplaudiendo y todo eso, y por mi parte apunto silencios sonoros…, y sobre todo, deprisa pero con pelos y señales, lo del nuevo encuentro entre Hernando, el gran Hernando y el presi.)

Y le digo: aquí me has cogido, amigo. Si me cuentan todo eso no me lo creo. Me rindo. Y me tocó pagar la ronda de los tintos.

Al periodista se le pone la cara como una hogaza de pan blanco. Sonríe. Soberanamente satisfecho dice:

¡Ajá! Y acto seguido, plenamente recuperado, diría mejor, envalentonado, dispuesto a rematar la faena como lo hacen los diestros, esto es, sin dejar de mirar de reojo a la bestia abatida por si acaso se recupera del golpe, pero mirando al tendido, me suelta sin pestañear:

¿Y si Tudanca?, ¿me ha oído Ud. bien? ¿y si Tudanca viniese diciendo que “SOLO PSOE PUEDE DAR LO QUE NECESITA ESPAÑA VACIADA, ¿qué?, ¿qué me dice Ud. a eso? Ande, dígamelo. Y dese prisa porque me voy de vuelo, me vuelvo a ese congresazo que, por si Ud. no lo sabe, hace el n.º 40 desde que en el siglo antepasado empezaron, y no quiero perderme la final.

Y es ahora, para cuando esto va tocando a su fin, precisamente ahora, cuando me toca entonar el do de pecho como si supiese cantar. Canto como puedo. A solas porque el periodista ya se ha marchado. Se lo tragó el Congreso. Mire Ud. (empecé balbuceando al vacío. Pero lo peor no era eso. No hay nada peor que ponerse a hablar sin saber lo que decir.

Mire Ud. Repetí varias veces Mire Ud… (omito las cinco últimas para no cansarles.)

Pasados un par de días empecé a reponerme. De forma confusa (incluso ahora todavía sufro confusión) pero apenas perceptible, una cierta claridad parecía empeñada en dibujar tres perfiles. Mejor diría que uno, porque uno, ese, contiene encriptados a los otros dos.

Me imagino al periodista preguntando;

¿Un perfil?

Exacto. Villarejo. Cada uno que imagine en torno a Villarejo lo que pueda. Por mi parte veo clarísima confusión en torno a su perfil. Lo de la mascarilla da igual. En el fondo la mascarilla puede ser una carpeta cuyo borde superior tapase la nariz pero no los ojos. La solapa del abrigo y la gorra se ponen de acuerdo para todo lo demás. Porque antes vería, no sé…, a Einstein repeinado que a Villarejo tal cual le vemos ahora. Prefiero al Villarejo antiguo, el de la gorra, la solapa y la carpeta. El actual se ha difuminado en varias versiones aunque todas lucen una enorme y redondísima cabeza temperamentalmente sanguínea que, para mí, no es la suya. En alguna ocasión aparece incluso con una pequeña mascarilla redonda cubriendo uno de los ojos. Sin duda un orzuelo. Villarejo no es pirata. Hace tiempo que no los padezco pero los recuerdo. Te las hacen pasar canutas.

Bajo el misterio Villarejo están sus declaraciones. Las últimas en torno a cuestiones bioquímicas relativas al Emérito me parecen inoportunas, más propias del actual que del antiguo, aunque pudiesen constituir pruebas concluyentes de la identidad entre ambos.

El tercer perfil al que antes me refería se refiere a Carmona. En principio ajeno por completo al del excomisario, pero ahí, precisamente ahí, deposité todas mis esperanzas de resolver las discrepancias que se venían acumulando en exceso entre aquél avispado periodista y un servidor.

Dime. Me reta. Dice dime como habiendo adivinado de antemano mi pregunta.

Y lleno de temerosa curiosidad le respondo:

Mire Ud. Lo de Carmona no hay quien lo entienda.

Me pareció verle tocado al instante por una pedrada en la frente. Milagrosamente se repone. Me pongo en guardia. Veo su puño justo enfrente. Pero no. Se trata de un apretón de manos según debe hacerse ahora (recomiendan los virólogos), y añade con franqueza:

Pues yo tampoco lo entiendo. Y hacemos las paces.

Luego seguimos hablando del gravísimo problema de la despoblación, pero ya en términos muy generales y dejando aparte tratamientos protocolarios y esas cosas que siempre se dicen en los congresos (¡qué tristeza!), lo que no quitó para comentar lo feo de la política que hace hucha de los dolores ajenos. Y también de las ajenas esperanzas, señor Tudanca, que todavía quedan algunas en esa España vaciada a la que Ud. se dirige diciendo que puede. Pues ande, calle y pueda. ¿Es que no ve Ud. el daño que hace? Si es que se ve. Si es que se toca.

Fdo: Ángel Coronado

 

 

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