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Denuncian agresión por odio en partido de Copa

La asociación memorialista soriana Recuerdo y Dignidad ha denunciado este viernes una agresión, motivada por el odio, el pasado 12 de noviembre en una calle de Soria, jornada en la que se disputó el partido de Copa de S.M. El Rey entre el Almazán y el Atlético de Madrid.

Denuncian agresión por odio en partido de Copa

Una vez más, por desgracia, la violencia ultra ha dejado su huella en un partido de fútbol, en esta ocasión en Soria", ha lamentado en un comunicado.

A las 14:00 de la tarde del pasado 12 de noviembre, un ciudadano soriano se dirigía a casa tras haber participado en una reunión de su peña sanjuanera en la que tenían que tratar temas aún abiertos de las últimas fiestas de San Juan.

De camino a casa, según ha recordado Recuerdo y Dignidad, a la altura de la Plaza del Vergel, junto al instituto Antonio Machado, tres individuos se abalanzaron sobre él por la espalda y empezaron a propinarle golpes.

Afortunadamente, algunas personas que estaban presentes en los bares cercanos increparon a los asaltantes, consiguiendo que cesara la agresión.

El motivo de la agresión fue, según Recuerdo y Dignidad, puramente ideológico y de odio debido a la indumentaria y el aspecto del agredido.

La agresión tuvo lugar a escasos metros del lugar en el que la asociación soriana Recuerdo y Dignidad instaló unas Stolpersteine (placas conmemorativas) el 8 de junio de 2021 en homenaje a los sorianos que lucharon, y en algunos casos murieron, enfrentándose al nazismo en Europa.

A oídos de la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad han llegado otras noticias de agresiones, amenazas por llevar bufandas o camisetas del equipo rival y cánticos antidemocráticos, racistas y violentos que tuvieron lugar este sábado en pleno centro de la, por lo general, tranquila ciudad de Soria.

Recuerdo y Dignidad ha señalado que no se ha presentado denuncias por estos hechos y, a su juicio, se debe a que la víctima de una agresión por odio sólo quiere olvidar, se siente desamparada, siente que sus atacantes tienen impunidad (sentimiento compartido por los propios agresores) y ve que es complicado que puedan ser encontrados, más complicado aún que sean detenidos y prácticamente imposible que sean juzgados y condenados por sus crímenes.

Por si esto fuera poco, estos actos violentos, delictivos, criminales y antidemocráticos suelen ser relativizados desde los palcos de los clubes y las oficinas que administran y gestionan el fútbol en este país, así como desde los medios de comunicación, según la citada asociación.

Muchos de los hechos que tuvieron lugar este sábado ocurrieron en el centro de Soria, tomado literalmente por las fuerzas de seguridad, lo cual lleva a Recuerdo y Dignidad a una reflexión: ¿Qué grado de impunidad debe sentir que tiene un grupo de personas que decide gritar cantos violentos y de odio, increpar a la gente a su paso e incluso agredir a quien se encuentran por la calle, por la espalda, a plena luz del día, en el centro de la ciudad y con una alta presencia policial? La respuesta es clara.

La situación que tuvo lugar en Soria este sábado no es nueva ni desconocida.

Hace ya muchos años que individuos como estos, que poco tienen que ver con el fútbol, campan a sus anchas por los estadios y por las ciudades que acogen sus partidos con total impunidad y haciendo de las suyas ante la pasividad total de los clubes que les ceden entradas o de los jugadores que, como a la finalización del partido del sábado en Los Pajaritos, posan con ellos y les regalan camisetas.
El sábado fue agredido un soriano por la espalda, en una desproporción de uno contra tres y sin mediar palabra únicamente por su aspecto.

Desde la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad han condenado estas actuaciones y agradecer a las personas que intervinieron ante una de las múltiples agresiones del pasado sábado para evitar que una persona que paseaba tranquilamente por la calle fuera apaleada.

"De haber mirado ellos para otro lado, como hacen algunos organismos, el resultado podría haber sido muy diferente. Gracias a su intervención, quedó demostrado que los verdaderos aficionados al fútbol no toleran estas conductas y que si éstas existen es tan sólo por la indiferencia o incluso el apoyo social y administrativo del que disfrutan, dejando clara una pregunta: ¿Qué amor pueden profesar al club quienes lo dirigen si permiten que su escudo se vea manchado a menudo con delitos de odio, agresiones e intolerancia?", ha señalado.

Por todo lo expuesto anteriormente, la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad ha denuncia que muchos clubes de fútbol, y principalmente los de mayor categoría, amparan y apoyan a estos elementos violentos y antidemocráticos que forman parte activa y pasiva de su organigrama.

El pasado sábado 12 de noviembre de 2022 tuvo lugar en el campo de Los Pajaritos un hito histórico: la SD Almazán plantó cara a un Atlético de Madrid venido a menos e hizo un gran papel de David ante Goliat. Sin duda, y de una forma más que merecida, esta gesta será recordada durante años y dará mucho que hablar. Lo que no generará tantos titulares y sólo recordarán los afectados y su círculo es que, una vez más, por desgracia, la violencia ultra ha dejado su huella en un partido de fútbol, en esta ocasión en Soria.
A las 14:00 de la tarde del pasado 12 de noviembre, un ciudadano soriano se dirigía a casa tras haber participado en una reunión de su peña sanjuanera en la que tenían que tratar temas aún abiertos de las últimas fiestas de San Juan. De camino a casa, y sin duda pensando en las que serían las fiestas del próximo año, mientras escuchaba música, y a la altura de la Plaza del Vergel, junto al instituto Antonio Machado, tres individuos se abalanzaron sobre él por la espalda y empezaron a propinarle golpes. Afortunadamente, algunas personas que estaban presentes en los bares cercanos increparon a los asaltantes, consiguiendo que cesara la agresión. El motivo de la agresión fue puramente ideológico y de odio debido a la indumentaria y el aspecto del agredido.
Cabe recordar que la agresión tuvo lugar a escasos metros del lugar en el que la asociación soriana Recuerdo y Dignidad instaló unas Stolpersteine (placas conmemorativas) el 8 de junio de 2021 en homenaje a los sorianos que lucharon, y en algunos casos murieron, enfrentándose al nazismo en Europa. Exactamente el mismo nazismo que tan bien conocían y que presenciaron una vez más 80 años después como testigos mudos este sábado a las 14:00. ¿Qué pensarían si 80 años después vieran que el nazismo sigue actuando impunemente en las calles de la provincia que los vio nacer?
A oídos de la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad han llegado otras noticias de agresiones, amenazas por llevar bufandas o camisetas del equipo rival y cánticos antidemocráticos, racistas y violentos que tuvieron lugar este sábado en pleno centro de la, por lo general, tranquila ciudad de Soria. En este punto, cabría preguntarse por qué no se han presentado denuncias. La respuesta es igual de obvia que de descorazonadora: la víctima de una agresión por odio sólo quiere olvidar, se siente desamparada, siente que sus atacantes tienen impunidad (sentimiento compartido por los propios agresores) y ve que es complicado que puedan ser encontrados, más complicado aún que sean detenidos y prácticamente imposible que
sean juzgados y condenados por sus crímenes. Por si esto fuera poco, estos actos violentos, delictivos, criminales y antidemocráticos suelen ser relativizados desde los palcos de los clubes y las oficinas que administran y gestionan el fútbol en este país, así como desde los medios de comunicación.
Muchos de los hechos que tuvieron lugar este sábado ocurrieron en el centro de Soria, tomado literalmente por las fuerzas de seguridad, lo cual lleva a una reflexión: ¿Qué grado de impunidad debe sentir que tiene un grupo de personas que decide gritar cantos violentos y de odio, increpar a la gente a su paso e incluso agredir a quien se encuentran por la calle, por la espalda, a plena luz del día, en el centro de la ciudad y con una alta presencia policial? La respuesta es clara.
La situación que tuvo lugar en Soria este sábado no es nueva ni desconocida. Hace ya muchos años que individuos como estos, que poco tienen que ver con el fútbol, campan a sus anchas por los estadios y por las ciudades que acogen sus partidos con total impunidad y haciendo de las suyas ante la pasividad total de los clubes que les ceden entradas o de los jugadores que, como a la finalización del partido del sábado en Los Pajaritos, posan con ellos y les regalan camisetas.
El sábado fue agredido un soriano por la espalda, en una desproporción de uno contra tres y sin mediar palabra únicamente por su aspecto. Podría haberle tocado a cualquiera, nadie salvo ellos se libra de encarnar algo a lo que odiar, pero en esta ocasión le tocó a él. Porque esto es una lotería en la que todos llevamos boletos, muy a nuestro pesar, mientras algunos miran hacia otro lado, lo justifican e incluso ríen las gracias de los agresores, asegurando que, como decía cierto presidente de un gran club con un infame grupo de ultras que afortunadamente ya no entran en el estadio: «Sobre ellos sólo tengo que decir cosas buenas. Son un grupo de chicos que animan mucho, participan mucho, y todo lo demás es cosa de ellos».
Mucho ha llovido desde que se pronunciaron estas declaraciones, pero pese al paso del tiempo, los ciudadanos de a pie aún tienen que seguir llevando cuidado al pasear por las calles de sus pueblos o ciudades los días en que reciben a según qué clubes de fútbol. Lo que pasó este sábado no fue un hecho aislado, sino la norma. ¿Hay que recordar a Aitor Zabaleta, apuñalado en el corazón por el mero hecho de llevar un gorro de la Real Sociedad? ¿O a Manuel Ríos, asesinado por intentar defender a un niño que estaba siendo agredido por llevar la camiseta de su equipo después de un partido? ¿Por qué se tolera que grupos que utilizan técnicas paramilitares con el objetivo de salir de caza antes y después de cada partido acudan al estadio cada semana con la connivencia de la directiva y de la práctica totalidad de los organismos que gestionan el fútbol en este país? ¿Acaso no es posible tomar medidas contra ellos? ¿A quién le interesa que día tras día y partido tras partido sigan teniendo lugar estos hechos tan bochornosos?
La única respuesta posible es que no hay voluntad de hacerlo y, mientras tanto, los delitos y crímenes de odio van en aumento. Según el informe Raxen, publicado anualmente desde 1995 con la finalidad de monitorizar incidentes relacionados con el racismo, la xenofobia, el odio ideológico y otras muchas formas de intolerancia, «Se está percibiendo un peligroso crecimiento del discurso de odio, especialmente en redes sociales, a raíz de la crisis económica y de otros conflictos», por lo que cada vez es más frecuente ver este tipo de acciones en las calles.
Por todo ello, desde la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad queremos condenar estas actuaciones y agradecer a las personas que intervinieron ante una de las múltiples agresiones del pasado sábado para evitar que una persona que paseaba tranquilamente por la calle fuera apaleada. De haber mirado ellos para otro lado, como hacen algunos organismos, el resultado podría haber sido muy diferente. Gracias a su intervención, quedó demostrado que los verdaderos aficionados al fútbol no toleran estas conductas y que si éstas existen es tan sólo por la indiferencia o incluso el apoyo social y administrativo del que disfrutan, dejando clara una pregunta: ¿Qué amor pueden profesar al club quienes lo dirigen si permiten que su escudo se vea manchado a menudo con delitos de odio, agresiones e intolerancia?
Por todo lo expuesto anteriormente, la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad ha denunciado que muchos clubes de fútbol, y principalmente los de mayor categoría, amparan y apoyan a estos elementos violentos y antidemocráticos que forman parte activa y pasiva de su organigrama.

Además ha denunciado que los organismos encargados de poner coto a estas actitudes y de tener tolerancia cero con cualquier tipo de agresión, conducta antidemocrática y delito de odio que se lleva a cabo por parte de cualquiera de estos grupos no está cumpliendo su labor y está mirando para otro lado.
TaEl pasado sábado 12 de noviembre de 2022 tuvo lugar en el campo de Los Pajaritos un hito histórico: la SD Almazán plantó cara a un Atlético de Madrid venido a menos e hizo un gran papel de David ante Goliat. Sin duda, y de una forma más que merecida, esta gesta será recordada durante años y dará mucho que hablar. Lo que no generará tantos titulares y sólo recordarán los afectados y su círculo es que, una vez más, por desgracia, la violencia ultra ha dejado su huella en un partido de fútbol, en esta ocasión en Soria.
A las 14:00 de la tarde del pasado 12 de noviembre, un ciudadano soriano se dirigía a casa tras haber participado en una reunión de su peña sanjuanera en la que tenían que tratar temas aún abiertos de las últimas fiestas de San Juan. De camino a casa, y sin duda pensando en las que serían las fiestas del próximo año, mientras escuchaba música, y a la altura de la Plaza del Vergel, junto al instituto Antonio Machado, tres individuos se abalanzaron sobre él por la espalda y empezaron a propinarle golpes. Afortunadamente, algunas personas que estaban presentes en los bares cercanos increparon a los asaltantes, consiguiendo que cesara la agresión. El motivo de la agresión fue puramente ideológico y de odio debido a la indumentaria y el aspecto del agredido.
Cabe recordar que la agresión tuvo lugar a escasos metros del lugar en el que la asociación soriana Recuerdo y Dignidad instaló unas Stolpersteine (placas conmemorativas) el 8 de junio de 2021 en homenaje a los sorianos que lucharon, y en algunos casos murieron, enfrentándose al nazismo en Europa. Exactamente el mismo nazismo que tan bien conocían y que presenciaron una vez más 80 años después como testigos mudos este sábado a las 14:00. ¿Qué pensarían si 80 años después vieran que el nazismo sigue actuando impunemente en las calles de la provincia que los vio nacer?
A oídos de la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad han llegado otras noticias de agresiones, amenazas por llevar bufandas o camisetas del equipo rival y cánticos antidemocráticos, racistas y violentos que tuvieron lugar este sábado en pleno centro de la, por lo general, tranquila ciudad de Soria. En este punto, cabría preguntarse por qué no se han presentado denuncias. La respuesta es igual de obvia que de descorazonadora: la víctima de una agresión por odio sólo quiere olvidar, se siente desamparada, siente que sus atacantes tienen impunidad (sentimiento compartido por los propios agresores) y ve que es complicado que puedan ser encontrados, más complicado aún que sean detenidos y prácticamente imposible que
sean juzgados y condenados por sus crímenes. Por si esto fuera poco, estos actos violentos, delictivos, criminales y antidemocráticos suelen ser relativizados desde los palcos de los clubes y las oficinas que administran y gestionan el fútbol en este país, así como desde los medios de comunicación.
Muchos de los hechos que tuvieron lugar este sábado ocurrieron en el centro de Soria, tomado literalmente por las fuerzas de seguridad, lo cual lleva a una reflexión: ¿Qué grado de impunidad debe sentir que tiene un grupo de personas que decide gritar cantos violentos y de odio, increpar a la gente a su paso e incluso agredir a quien se encuentran por la calle, por la espalda, a plena luz del día, en el centro de la ciudad y con una alta presencia policial? La respuesta es clara.
La situación que tuvo lugar en Soria este sábado no es nueva ni desconocida. Hace ya muchos años que individuos como estos, que poco tienen que ver con el fútbol, campan a sus anchas por los estadios y por las ciudades que acogen sus partidos con total impunidad y haciendo de las suyas ante la pasividad total de los clubes que les ceden entradas o de los jugadores que, como a la finalización del partido del sábado en Los Pajaritos, posan con ellos y les regalan camisetas.
El sábado fue agredido un soriano por la espalda, en una desproporción de uno contra tres y sin mediar palabra únicamente por su aspecto. Podría haberle tocado a cualquiera, nadie salvo ellos se libra de encarnar algo a lo que odiar, pero en esta ocasión le tocó a él. Porque esto es una lotería en la que todos llevamos boletos, muy a nuestro pesar, mientras algunos miran hacia otro lado, lo justifican e incluso ríen las gracias de los agresores, asegurando que, como decía cierto presidente de un gran club con un infame grupo de ultras que afortunadamente ya no entran en el estadio: «Sobre ellos sólo tengo que decir cosas buenas. Son un grupo de chicos que animan mucho, participan mucho, y todo lo demás es cosa de ellos».
Mucho ha llovido desde que se pronunciaron estas declaraciones, pero pese al paso del tiempo, los ciudadanos de a pie aún tienen que seguir llevando cuidado al pasear por las calles de sus pueblos o ciudades los días en que reciben a según qué clubes de fútbol. Lo que pasó este sábado no fue un hecho aislado, sino la norma. ¿Hay que recordar a Aitor Zabaleta, apuñalado en el corazón por el mero hecho de llevar un gorro de la Real Sociedad? ¿O a Manuel Ríos, asesinado por intentar defender a un niño que estaba siendo agredido por llevar la camiseta de su equipo después de un partido? ¿Por qué se tolera que grupos que utilizan técnicas paramilitares con el objetivo de salir de caza antes y después de cada partido acudan al estadio cada semana con la connivencia de la directiva y de la práctica totalidad de los organismos que gestionan el fútbol en este país? ¿Acaso no es posible tomar medidas contra ellos? ¿A quién le interesa que día tras día y partido tras partido sigan teniendo lugar estos hechos tan bochornosos?
La única respuesta posible es que no hay voluntad de hacerlo y, mientras tanto, los delitos y crímenes de odio van en aumento. Según el informe Raxen, publicado anualmente desde 1995 con la finalidad de monitorizar incidentes relacionados con el racismo, la xenofobia, el odio ideológico y otras muchas formas de intolerancia, «Se está percibiendo un peligroso crecimiento del discurso de odio, especialmente en redes sociales, a raíz de la crisis económica y de otros conflictos», por lo que cada vez es más frecuente ver este tipo de acciones en las calles.
Por todo ello, desde la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad queremos condenar estas actuaciones y agradecer a las personas que intervinieron ante una de las múltiples agresiones del pasado sábado para evitar que una persona que paseaba tranquilamente por la calle fuera apaleada. De haber mirado ellos para otro lado, como hacen algunos organismos, el resultado podría haber sido muy diferente. Gracias a su intervención, quedó demostrado que los verdaderos aficionados al fútbol no toleran estas conductas y que si éstas existen es tan sólo por la indiferencia o incluso el apoyo social y administrativo del que disfrutan, dejando clara una pregunta: ¿Qué amor pueden profesar al club quienes lo dirigen si permiten que su escudo se vea manchado a menudo con delitos de odio, agresiones e intolerancia?
Por todo lo expuesto anteriormente, la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad:
• DENUNCIA que muchos clubes de fútbol, y principalmente los de mayor categoría, amparan y apoyan a estos elementos violentos y antidemocráticos que forman parte activa y pasiva de su organigrama.
• DENUNCIA que los organismos encargados de poner coto a estas actitudes y de tener tolerancia cero con cualquier tipo de agresión, conducta antidemocrática y delito de odio que se lleva a cabo por parte de cualquiera de estos grupos no está cumpliendo su labor y está mirando para otro lado.
• DENUNCIA que los organismos y entidades participantes en el negocio del fútbol no muestran una condena unánime ante estos hechos deleznables y delictivos que tienen lugar antes y después de cada partido.
• DENUNCIA que todos los entes futbolísticos, deportivos y sociales involucrados de forma directa e indirecta en estos incidentes no toman partido por las víctimas y no hacen todo lo que está en su poder para evitar estas conductas que tienen lugar en cada cita futbolística, de forma más habitual cuanto más alta es la categoría del club.
Mientras no se reconozca esta violencia, su carácter ideológico y de odio, los problemas que causa y la total necesidad de enfrentarse frontalmente a ella, esta lacra no desaparecerá y todos los ciudadanos de este país, sean aficionados al fútbol o no, seguirán siendo víctimas potenciales de agresiones como las ocurridas este sábado en las, al menos hasta la próxima gran cita futbolística, tranquilas calles de Soria. que los organismos y entidades participantes en el negocio del fútbol no muestran una condena unánime ante estos hechos deleznables y delictivos que tienen lugar antes y después de cada partido.
• DENUNCIA que todos los entes futbolísticos, deportivos y sociales involucrados de forma directa e indirecta en estos incidentes no toman partido por las víctimas y no hacen todo lo que está en su poder para evitar estas conductas que tienen lugar en cada cita futbolística, de forma más habitual cuanto más alta es la categoría del club.
Mientras no se reconozca esta violencia, su carácter ideológico y de odio, los problemas que causa y la total necesidad de enfrentarse frontalmente a ella, esta lacra no desaparecerá y todos los ciudadanos de este país, sean aficionados al fútbol o no, seguirán siendo víctimas potenciales de agresiones como las ocurridas este sábado en las, al menos hasta la próxima gran cita futbolística, tranquilas calles de Soria. que los organismos encargados de poner coto a estas actitudes y de tener tolerancia cero con cualquier tipo de agresión, conducta antidemocrática y delito de odio que se lleva a cabo por parte de cualquiera de estos grupos no está cumpliendo su labor y está mirando para otro lado.
• DENUNCIA que los organismos y entidades participantes en el negocio del fútbol no muestran una condena unánime ante estos hechos deleznables y delictivos que tienen lugar antes y después de cada partido.
• DENUNCIA que todos los entes futbolísticos, deportivos y sociales involucrados de forma directa e indirecta en estos incidentes no toman partido por las víctimas y no hacen todo lo que está en su poder para evitar estas conductas que tienen lugar en cada cita futbolística, de forma más habitual cuanto más alta es la categoría del club.
Mientras no se reconozca esta violencia, su carácter ideológico y de odio, los problemas que causa y la total necesidad de enfrentarse frontalmente a ella, esta lacra no desaparecerá y todos los ciudadanos de este país, sean aficionados al fútbol o no, seguirán siendo víctimas potenciales de agresiones como las ocurridas este sábado en las, al menos hasta la próxima gran cita futbolística, tranquilas calles de Soria.

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