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TRIBUNA / ¿Qué cesta la de los güevos?

Ángel Coronado incide en este artículo de opinión en el lenguaje tabernario empleado por el alcalde de Soria, en el Consejo Municipal de Medio Ambiente y Urbanismo para replicar a un concejal que le inquirió sobre el expediente urbanístico del Cerro de los Moros. 

TRIBUNA / ¿Qué cesta la de los güevos?

TRIBUNA / ¿Qué cesta la de los güevos?

Empiezo diciendo que la mala educación, el lenguaje tabernario y demás lindezas a las que nunca podrá acostumbrarnos nuestro (¿nuestro?) alcalde, nada tienen que ver con la fina perspicacia y olfato que un político, por otra parte, pueda tener. Nada que ver un lenguaje tabernario con la respetable condición de cualquier representante público, y menos con las virtudes de un buen orador. Nada que ver. Es extraordinario que coincidan. Reconozco el caso de mucha gente deslenguada, gente de la que puedes oír eso de que “tiene guevos”, por poner un ejemplo bastante bueno. En cualquier sitio de los que se dice  poco recomendables lo puedes oír, según me dicen de oídas, lo que no hubiese hecho falta, porque los sitios poco recomendables se pueden topar contigo sin buscarlos ni frecuentarlos. El otro día se me cruzó por la calle una persona (digo persona porque no andaba a cuatro patas) que decía eso de “tiene guevos”. No es muy frecuente oír eso todos los días, pero tampoco es raro.

Tampoco lo es topar con algún político del que poder apreciar buen olfato y labia. No será frecuente, pero tampoco raro. Lo verdaderamente desconcertante sería el que ambas cosas coincidiesen. Oradores como Castelar, por ejemplo, Azaña, Canalejas, Maura, El Conde de Romanones, el mismo Suárez , oír en boca de alguno de ellos algo así como lo de “manda guevos” o “tiene guevos” sería de un efecto devastador.

Nada que decir acerca de “tiene narices” o “manda narices”, incluso hay casos en los que se han aceptado expresiones no de mal gusto sino de pésimo gusto, descortesías, incluso acompañadas de grave descalificación. Al gobierno actual se le tacha de ignominioso, traidor, agresivo, desleal, hasta ilegítimo, cosa que no aprobamos ni muchísimo menos pero que de alguna forma se podría entender saliendo de las bocas de las que salen esas cosas y teniendo en cuenta que la democracia es en el fondo una buena chica aunque se pase a veces un poco de puro buena.

Bueno. Voy a repetir lo ya dicho, que por muchas veces que se repita siempre sonará tan, tan no sé cómo, tan estrepitosamente como la primera vez.

Leo en la prensa (El Mirón de Soria, 4 de julio de 2021) que nuestro alcalde ha dicho “tiene guevos” desde su estrado, en público y en voz alta . Naturalmente no quiero decir que eso le descalifica, porque descalificado ya estaba, aunque no tanto, la verdad. Me ha chocado que un chico así, de los que tanto abundan y de los que podrías decir, en principio, ser tu sobrino, se arranque por ahí.

Este sobrino nuestro nos ha tenido en vilo a toda Soria y a cuenta del Cerro durante medio año. Al fin convocó el Consejo, entró, y al punto dijo eso de los “güevos”.

¡Es que ni siquiera el corrector de Windows me deja escribirlo! Es que no puedo borrar la línea roja del corrector ortográfico, señor alcalde!

A partir de aquí, todo esto lo invento yo, febril, malsanamente impresionado. Un sainete. Varios personajes indiferenciados, un miembro de la oposición, un constructor, el alcalde y su secretario. El telón sube y baja diligente cada vez que el alcalde escupe su palabra:

 

Un señor: ¿qué del informe independiente?

El Alcalde: Tiene güevos

Baja el telón

 

Otro señor: ¿Qué del artículo veinte, apartado c del anexo III

El Alcalde: Manda güevos

Baja el telón

 

Un concejal de la oposición: Permute, señor Alcalde, permute Ud.

El Alcalde: Manda güevos y tiene güevos

Baja el telón

 

El Constructor: seis plantas

El Alcalde: que sean siete, por mis gü… que sean siete

Baja el telón

 

El Secretario: Sdsdkas jf zsaslsj sda dfvvsdkzsl.

El Alcalde asiente visiblemente complacido y enmascarillado.

Baja el telón para no volver a subir más porque nadie aplaude ni quiere propinas.

 

En el patio de butacas uno dice que brutal, otros callan y otros rezan, pero el primero repite brutal, brutal, colosal.

¿Cómo?, preguntan unos cuantos con muchísimo interés.

¡Como que cómo. Como que ahora veo lo del Cerro tan claro!

 

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