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"La Toba púrpura", de Daniel Estepa Sanz

El Ayuntamiento de Golmayo entregó hace unos días los premios de su primer certamen literario. Daniel Estepa Sanz, de Soria, consiguió el segundo premio con su obra "La Toba púrpura", que puede leer a continuación.

"La Toba púrpura", de Daniel Estepa Sanz


La Toba púrpura

Madrid, 25 de mayo, 21:00 PM. Dr. Emérito Quintana
Este es el primer informe del Doctor Emérito Quintana, responsable de la operación “Curar a un Ruiseñor”. Conforme al plan establecido, mañana a las 8:00 AM nos adentraremos en la zona de exclusión rural en busca de una cura al Virus K87 que, después de haber afectado a más de 3 millones de personas en la capital, ha contagiado también al sujeto Ruiseñor. Los informes de Inteligencia son confusos, dado que desde que hace sesenta años se decidiera incomunicar definitivamente a las zonas interiores del país, la ausencia de telecomunicaciones en estos territorios hace imposible conseguir información fidedigna de lo que está sucediendo allí dentro. A pesar de que la población que quedó en las zonas de exclusión se consideraba extinta, los satélites muestran imágenes donde hay sin duda movimientos de gente. Esto abre la posibilidad de que, o bien el virus aún no haya llegado a ellos, o sean inmunes al mismo por alguna causa genética o conductual. El Dr. Luis Baltoso, experto en Patología de Virus Emergentes y de Alto Riesgo, me acompaña en la misión y se inclina por la segunda opción. Adjuntamos un análisis previo de las posibles causas de inmunidad de estos sujetos que estudiaremos en campo.
Informaremos de nuevo mañana una vez traspasada la frontera. Debido al alto secreto de nuestro cometido, no haremos partícipes a los guardas fronterizos e intentaremos cruzar sin su consentimiento.

Almazán, 26 de mayo, 20:00 PM. Dr. Emérito Quintana
Hemos conseguido traspasar con éxito la frontera electrificada, gracias a los planos a los que hemos tenido acceso y que mostraban un paso secreto en la sección 48Z, a la altura de Medinacelli. A partir de aquí el territorio no está dentro de la Red de Transporte Eléctrico General, de forma que hemos tenido que abandonar nuestras motocicletas flotantes eléctricas, al no haber dentro suministro posible. Una vez en la zona de aislamiento nos hemos puesto nuestros equipos de protección y hemos comenzado a caminar dirección norte. Tenemos la creencia de que la población existente se traslada en transporte equino, aunque no hemos podido conseguir pruebas de ello aún.

Tras recorrer durante varias horas territorios yermos en los que no hemos visto señal alguna de vida humana, hemos establecido el campamento a las afueras de una ciudad llamada Almazán, aparentemente abandonada y derruida. Una vez caiga la noche el Dr. Baltoso entrará en sus murallas para informar desde allí.


Almazán, 27 de mayo, 6:30 AM. Dr Luis Baltoso
Informe del Doctor Baltoso desde el interior de las murallas de Almazán. Tras recorrer exhaustivamente todas las calles de la ciudad, no he encontrado ningún ser vivo en toda la población, ni humano ni animal, ni signos de que los haya habido en el pasado cercano. Todas las casas están abandonadas y tienen las puertas abiertas, como si al marcharse tuvieran claro que ya no iban a volver. Sin embargo, debajo de unos cascotes he encontrado un pequeño diario de algún adnamantino que refleja día a día los sucesos clasificados que aquí acontecieron durante el proceso de aislamiento. Después de que la incomunicación fuera efectiva los siguientes años fueron muy convulsos según las notas, con multitud de conflictos internos, empobrecimiento extremo y enfermedades. Justo en ese momento comienzan a aparecer rumores indicando que se ha descubierto algo que los salvará a todos, ya que cura todos los padecimientos y elimina el hambre. En el diario no se especifica de qué se trata exactamente. La última anotación es de hace casi cuarenta años, y refleja que todos deben irse de sus casas y marchar más al norte.
Creo que ese “algo” que promete salvarlos a todos también puede salvar al Ruiseñor.


Golmayo, 29 de mayo, 15:00 PM. Dr Emérito Quintana
Tras dos días vagando por bosques silenciosos, hemos conseguido encontrar finalmente población viva. Ha sido durante la exploración de un sabinar en el que el sensor de calor humano nos ha avisado de que se aproximaba alguien, dándonos tiempo a resguardarnos en la copa de un árbol impidiendo que nos vieran. Cuatro individuos, tres hombres y una mujer, aparentemente sanos, se han situado en nuestro campo de visión y, tras talar una de las sabinas, han usado su madera para realizar una pequeña fogata donde calentarse. Remarcamos el hecho de que no han cocinado nada durante las tres horas que han estado allí instalados. Esto acrecienta las sospechas del Dr. Baltoso de que han conseguido establecer un sistema autosuficiente de supervivencia que les permite mantenerse sanos sin necesidad de alimentarse.
Los sujetos tienen una fisonomía normal, aunque con los cabellos más largos y algo hirsutos, y evidentemente libres de los tatuajes de identificación obligatoria. La vestimenta es sobria y holgada, con pantalones y jerséis hechos a partir de tejidos vegetales. Su apariencia vigorosa nos hace reticentes a intentar establecer un contacto directo con ellos, dado que las probabilidades de provocar un conflicto físico son realmente altas.
Hemos conseguido escuchar parte de su conversación gracias a los oídos electrónicos de larga distancia que nos fueron implantados. Parte del lenguaje era ininteligible, debido quizá a algunas variaciones del idioma que lo hayan convertido en un dialecto del castellano estándar que se hablaba en esta zona. No obstante, hemos podido entender que hablaban repetidamente sobre la visita a un santuario en las próximas semanas, lo cual nos ha levantado ciertas sospechas. Una vez consumida la hoguera se han marchado. Les hemos seguidos hasta las proximidades de Golmayo, ciudad también abandonada según hemos constatado, donde les hemos perdido. Hemos establecido nuestro campamento en la propia ciudad, ya que no parecen interesados en entrar en ella. Durante los próximos días intentaremos entender mejor su forma de vida y como consiguen mantenerse inmunes al virus K87.
Golmayo, 4 de junio, 15:00 PM. Dr. Luis Baltoso
Tras varios días de espionaje, podemos afirmar que comprendemos mucho más la forma de operar de los sujetos. Al parecer no disponen de asentamientos fijos, sino que se estructuran en campamentos temporales dependiendo de las circunstancias atmosféricas. Disponen de pequeñas plantaciones y explotaciones ganaderas, pero parece que las tienen por un objetivo más recreativo que alimenticio, ya que pueden estar varios días sin consumir comida. Sí que ingieren frecuentemente agua que tienen guardada en recipientes cerámicos y de cristal, además de cerveza que elaboran ellos mismos. Efectivamente el transporte se realiza con caballos, aunque no hay demasiados por lo que mayoritariamente viajan a pie. Parecen vivir muy en sintonía con la naturaleza, donde pasan la mayoría de su tiempo, y nos ha parecido realmente llamativo el hecho de que no hemos visto a ningún sujeto enfermo o excesivamente débil. Su salud es de hierro. En conclusión, creemos que viven de una forma seminómada, en la que van cambiando de asentamiento sin alejarse demasiado. En sus conversaciones han vuelto a nombrar en varias ocasiones la visita a un santuario que van a realizar próximamente. Estamos convencidos de que en ese lugar se encuentra la clave para su supervivencia, su vigor y su buena salud.


Las Fraguas, 7 de junio. 09:30 AM. Dr. Emérito Quintana
Al parecer está a punto de tener lugar un gran evento, ya que se ha juntado el mayor número de sujetos que hemos visto en todos estos días. Siguiendo su rastro hemos llegado hasta un pequeño pueblo llamado Las Fraguas, donde más de trescientos individuos se agolpan ahora mismo en la plaza delante de la iglesia, en torno a una encina de aspecto imponente. Los más mayores se sientan en un banco circular que rodea al grueso tronco, mientras que el resto de hombres y mujeres se encuentran alrededor con una serie de telas y pendones de diferentes colores. El flujo de personas no para de llegar, nos encontramos expectantes por conocer lo que sucederá una vez se junten todos.
Las Fraguas, 7 de junio. 12:30 PM. Dr. Emérito Quintana
Hace aproximadamente una hora el grupo de supervivientes ha comenzado a desfilar con sus banderas a través de un camino que sale del pueblo. Hemos contado hasta treinta y una banderas diferentes, y unos ochocientos individuos en global. Les hemos seguido a una distancia prudencial desde el encinar colindante, observando que el camino por el que marchan está lleno de unos montículos cónicos de piedra sobre los que hay esculturas que representan distintos motivos religiosos previos a la Prohibición de las Religiones. Hemos escuchado que se dirigen al Santuario de la Virgen de Inodejo, con lo que parece claro que se trata de algún tipo de rito religioso gracias al cual consiguen la inmunidad física que llevamos días investigando.

Santuario de la Virgen de Inodejo, 7 de junio, 15:30 PM. Dr. Emérito Quintana
Tras recorrer con calma el camino que va desde Las Fraguas al santuario deteniéndose y haciendo una ofrenda en cada uno de los montículos, han llegado finalmente a la ermita, la cual se encuentra en una posición aislada y elevada, lo que la convierte en un sitio perfecto para la vigilancia. Desde el encinar no somos capaces de estudiar bien su actividad ya que nos encontramos demasiado lejos, y cualquier intento de acercarnos haría que fuéramos descubiertos. Los individuos han colocado las banderas en unos bancos con unas inscripciones que parecen representar a los pueblos de alrededor. No podemos ver lo que sucede dentro de la ermita, pero oímos un ruido atronador de campanas.
Nos han llegado noticias de que la salud del Ruiseñor está empeorando, por lo que debemos acelerar nuestra investigación. Al caer la noche nos acercaremos tratando de conseguir contactar con uno de ellos para interrogarle y averiguar lo qué está sucediendo aquí.


Santuario de la Virgen de Inodejo, 8 de junio, 02:15 AM. Dr. Emérito Quintana
Una vez que hemos dejado de escuchar ruidos en el campamento hemos abandonado nuestro refugio y hemos subido hasta el santuario. Una vez arriba, el viento era tan fuerte que nos llegaban susurros desde todos los lados, haciéndonos creer que teníamos constantemente a alguien detrás. Sin embargo, hemos conseguido llegar hasta un individuo que dormía más apartado del resto del grupo y, tras una inyección tranquilizante, hemos cargado con él hasta el encinar sin ser vistos ni detectados. Una vez despierte comenzaremos con el interrogatorio. No disponemos de mucho tiempo, ya que estamos convencidos de que una vez que su ausencia sea descubierta serán capaces de rastrear la zona rápidamente hasta encontrarnos.
Santuario de la Virgen de Inodejo, 8 de junio, 05:30 AM. Dr. Luis Baltoso
Hace dos horas que despertó el sujeto. Gracias a la tecnología de telequinesis invasiva hemos podido interrogarle aun estando amordazado, impidiéndole gritar y avisar a sus compañeros. También ha sido necesaria cierta coacción física. Pero al fin hemos averiguado su gran secreto.
Según ha confesado, solo necesitan el agua que beben para sobrevivir, ya que contiene todos los componentes nutritivos necesarios, además de sanar todas las enfermedades y darles una salud inquebrantable. Pero lo más llamativo es que esta agua solo se puede obtener en un lugar en particular, aunque aún no hemos podido sonsacarle cuál es. Pero lo haremos, ya lo creo que lo haremos. Podéis tranquilizar al Ruiseñor, dentro de poco estará curado.


Lugar indefinido, 8 de junio, 08:00 AM. Dr. Emérito Quintana.
Informe de urgencia del sargento Emérito Quintana. Elevo la alerta al nivel máximo, necesito refuerzos. Hemos sido descubiertos mientras finalizábamos el interrogatorio al sujeto capturado, un grupo de unos treinta hombres ha dado con nosotros. En primer lugar, nos hemos identificado como científicos de fuera de la zona de exclusión en busca de una cura para un virus. Pero eso no les ha calmado. Entonces hemos sacado nuestras credenciales del ejército, identificándonos como el Sargento Emérito Quintana y el Cabo Luis Baltoso. Ha sido totalmente infructuoso, creo que no recuerdan el significado de la jerarquía militar que impera en nuestro reino. Una vez han visto a su compañero atado en el árbol ha sido imposible controlar su furia y hemos tenido que escapar. Yo he conseguido huir a través del encinar, pero el Cabo Baltoso se ha quedado atrás y ha sido capturado. No podía volver a por él, ya que significaba poner en grave riesgo la misión.
Antes de la aparición de los hombres habíamos conseguido obtener la ubicación de la que consiguen el agua: 41°46'59.1"N 2°34'12.1"W. Ahora mismo me encuentro en un lugar indeterminado, pero me dirijo hacia allí. Solicito refuerzos para encontrarnos en esa posición a la máxima brevedad.
Cascada de la Toba, 8 de junio, 16:00 PM. Sargento Emérito Quintana
Me encuentro escondido en las proximidades de la cascada de la que recogen el agua. El trayecto ha sido complicado, ya que tenía la sensación de que me estaban pisando los talones y sonaban cornetas en varias direcciones que parecían comunicarse. He intentado evitar toda zona libre de vegetación para no ser visto, y creo que lo he conseguido, aunque eso ha sido hasta llegar aquí. La ubicación de la que consiguen el agua resulta ser una cascada que está al norte de un pueblo llamado Fuentetoba, a los pies de un pequeño monte con forma de pico de águila. Pero una vez pasado el núcleo urbano esto se convierte en el Área 51, hay unas quince personas vigilando la cascada ininterrumpidamente. No estoy seguro de si siempre hay este nivel de seguridad o es porque han sido avisados de mi presencia mediante las cornetas. Una vez localizado e identificado el objetivo creo que deberíamos realizar una acción de fuerza bruta en cuanto lleguen los refuerzos. Me mantengo a la espera de recibir instrucciones de la central.


Cascada de la Toba, 8 de junio, 21:30 PM. Sargento Emérito Quintana
Recibo con inquietud las noticias de que el estado de salud del Ruiseñor ha empeorado notablemente y de que, dada la gravedad de la situación en la capital, no va a ser posible enviar refuerzos. No queda más opción que la de intentar una misión solitaria a la desesperada. He recibido permiso para abrir fuego contra la población si es necesario. Al fin y al cabo, son sujetos que no existen. No podemos tener piedad.
Lugar indefinido, 9 de junio, 10:00 AM. Sargento Emérito Quintana
Informe del Sargento Emérito Quintana. Tengo el remedio, la misión “Curar a un Ruiseñor” ha sido completada. Mando a continuación una descripción de los hechos acontecidos desde la última comunicación.
Esperé pacientemente hasta que tuve clara mi oportunidad. Durante un cambio de turno, aproximadamente a las 06:00 AM el grupo saliente y el entrante no se coordinaron correctamente, dejando un espacio temporal sin vigilancia. En ese momento me acerqué sigilosamente, consiguiendo llegar hasta la cascada. La vi por primera vez. El agua caía de una forma majestuosa, con un estruendo que llenaba toda la noche. A pesar de la oscuridad, podía distinguirse la claridad del líquido, y durante unos segundos me quedé parado ya que tenía algo de hipnótico. El salto de agua chocaba contra las rocas con un ímpetu y una fuerza desmesuradas, y terminaba en un pequeño manantial al que puede descender con dificultad. Llené la botella de cristal que llevaba conmigo, y solo entonces me di cuenta de lo extraño de la situación.

Todo el día habían estado controlando la zona y, de repente, la abandonaban. Era una trampa.
El Cabo Baltoso apareció repentinamente de entre la maleza con una bandera blanca, diciéndome que los sujetos eran pacíficos e inofensivos, y que solo pedían que les dejáramos en paz y no alteráramos su tierra. Receloso, detecté que había vigilantes apostados por todos lados, ocultos en la noche. No podía arriesgarme, no era momento para mensajes de paz, así que hice lo único que podía hacer. Me atrincheré detrás de una roca, lancé un par de granadas y saqué mis dos pistolas con detección autónoma de objetivos. En menos de un minuto había vuelto el silencio. Encontré el cuerpo del Cabo Baltoso a diez metros de la cascada, cubierto por la bandera blanca. Conste en este informe mi recomendación para otorgarle la Medalla al Valor.
Solo se oía el rumor del agua cayendo. El sol comenzaba a salir, iluminando lo que quedaba de cascada y manantial, que además habían adquirido un tono púrpura brillante. Creo que esa agua ya no podrá curar a nadie más.
Ahora me dirijo hacia el sur, de vuelta a la base de operaciones. Si conseguís que el Ruiseñor aguante hasta la noche, estaré allí con el remedio.


Palacio de la Zarzuela, 9 de junio, 22:00 PM
- Realmente tiene mal aspecto – dijo el Sargento Quintana
El rey palidecía en su cama, con un aspecto febril cercano a la muerte.
- Lo hemos intentado todo – dijo la reina -. Pero no ha funcionado, el virus está acabando con él. El remedio de los Aislados es nuestra última esperanza.
- ¿Ya se lo han dado?
- Aún no. Estábamos esperando a que llegará el médico.
En ese momento llamaron a la puerta y entró el Doctor Iribar, responsable de la salud de la familia real.
- Buenas noches. Muchas gracias por su esfuerzo, Sargento Quintana, lamento profundamente la baja del Cabo Baltoso. Lo que ustedes han conseguido ha sido memorable, pasarán a la historia como héroes.
- Muchas gracias Doctor. Pero antes de considerar a nadie como un héroe vamos a darle el agua de la Toba a nuestro rey. Esperemos que funcione.
- Un momento, ¿aún no se la han dado? Creía que sí, al estar esa botella vacía.
Las miradas se dirigieron hacia una pequeña mesa de madera que estaba en el otro lado de la estancia, donde al lado de una planta se encontraba el pequeño recipiente de cristal que el sargento había traído.
- ¿Cómo? Pero esa no puede ser la botella que ha traído usted, Sargento – exclamó preocupada la reina.
- Me temo que sí que lo es mi reina…solo que, efectivamente, no tiene agua.
- ¿Y qué ha pasado con ella, quien la ha vaciado? Voy a llamar al servicio inmediatamente, a ver si saben algo.
Dos minutos después apareció el sirviente principal, compungido ante las preguntas sobre la botella.
- Su alteza…me temo que vertí el contenido de la botella en la planta, creía que el jardinero se había olvidado de regarla. Tenía una pinta horrible, mustia, gris y con las hojas a punto de caerse. Así que eché el agua en la maceta, y los efectos fueron inmediatos.
Desde una esquina del dormitorio real, la planta los miraba erguida, verde, llena de vitalidad, mientras el rey exhalaba en su lecho el último suspiro.

Autor: Daniel Estepa Sanz 

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