Llega el horario de verano con el fin de marzo
España adelantará este último fin de semana de marzo sus relojes una hora, en cumplimiento de la normativa europea que rige los cambios estacionales de horario.
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Así, a las 2:00 de la madrugada del sábado al domingo, el reloj pasará directamente a las 3:00 horas, lo que supondrá, como cada primavera, una reducción de una hora en el descanso nocturno.
El ajuste al horario de verano, que permitirá disfrutar de más luz solar al final del día, será efectivo en todo el país.
Con el cambio de horario, la controversía se alimenta un año más.
A la satisfacción de quienes celebran jornadas vespertinas más luminosas, se suman las voces críticas que denuncian el coste que este cambio impone sobre el organismo humano.
No es el cuerpo humano indiferente a estos cambios artificiales. Estudios recientes han advertido que el adelanto horario interrumpe la sincronización natural entre el entorno y el sistema circadiano, regulado por el hipotálamo.
La melatonina, hormona que se activa con la oscuridad, ve modificada su producción por la exposición prolongada a la luz natural y artificial. Este desfase puede desencadenar alteraciones en el sueño, irritabilidad, fatiga persistente e incluso trastornos inmunitarios.
Aunque en 2019 el Parlamento Europeo propuso que cada Estado miembro optara por mantener de forma permanente el horario de invierno o el de verano, la falta de acuerdo entre países ha pospuesto indefinidamente la supresión del sistema actual.
España, como el resto de la UE, continúa aplicando el cambio horario dos veces al año.
El próximo ajuste será el domingo 26 de octubre de 2025, momento en el que se retrasará una hora el reloj para regresar al horario de invierno.
Por ahora, la legislación vigente extiende esta práctica al menos hasta 2026.
El argumento tradicional ha sido el ahorro energético, al aprovechar mejor la luz solar. Sin embargo, este beneficio es cada vez más cuestionado.
Aunque se reduce levemente el consumo en iluminación, el efecto se diluye ante el posible aumento en el uso de calefacción o aire acondicionado, dependiendo de la latitud y la época del año.
Otro dato para el debate: menos del 40 por ciento de las naciones del mundo continúa aplicando el cambio estacional.
En Europa, la práctica se mantiene coordinada, pero en otras regiones del planeta el panorama es distinto.
Estados Unidos y Canadá adelantan el reloj en marzo y lo retrasan en noviembre, aunque hay excepciones internas, como Hawái o Arizona.
En México, la mayoría del territorio abandonó este sistema en 2022, salvo en zonas fronterizas con EE. UU. por razones comerciales. Cuba y Haití, por su parte, lo mantienen.
En el hemisferio sur, Chile y Brasil aún ajustan sus horarios, aunque en este último solo se aplica en algunas regiones.
En Australia ocurre algo similar: estados como Nueva Gales del Sur lo aplican, mientras que Queensland y el Territorio del Norte permanecen invariables.
Asia y África, por el contrario, han mostrado una clara tendencia a la eliminación del sistema.
China, Japón, Corea del Sur, India y gran parte del sudeste asiático prescinden de estos ajustes.
Islandia, pionera en su supresión hace más de 50 años, se ha mantenido firme en su decisión, a pesar de los debates recientes.