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TRIBUNA / Mercado, behaviorismo y solipsismo

Juana Largo reflexiona en este artículo de opinión sobre las condiciones y contradicciones del mercado capitalista en la que Soria, y buena parte del mundo, está inmerso.

TRIBUNA / Mercado, behaviorismo y solipsismo

¡Tened cuidado!... ¡Nos van a enseñar en Soria lo que es el Mercado o el Hipermercado!

Lo malo no es esto, que nos enseñen o muestren lo que es el Híper mundial en el lugar que tanto cantaron los poetas. Nuestra Constitución del 78 habla, en uno de sus artículos principales de la “economía social de mercado” y ahí se queda la pelota, en el alero del edificio institucional español. Todavía está en el alero mientras los políticos de uno u otro signo en el rotar, no muestren lo que son de verdad: ¡Mercantilistas!

El Mercado depende del Capital o viene a ser lo mismo, como el Dinero, son las tres personas de un dios verdadero. Por eso, el Mercado mundial se ha apretado, y ya no es el tiempo de aquellos inicios parciales propios de la época que estudiaron Marx y Engels; ahora todo es la Aldea Global del Mercado, porque todo se ha mundializado y lo de la Aldea Global, aunque se pudiera decir solo en sentido comunicativo, sin embargo, también se puede decir que los medios de comunicación han contribuido a esta mundialización de lo mercantil.

Hay un mundo entero en el que el Capital domina. Quién se lo iba a decir a los bolcheviques y a los estadistas o secretarios generales de los partidos de izquierda, sobre todo antes, antes, que el problema del capitalismo estaba localizado en determinadas zonas y, con acierto o sin acierto, provocaban cambios de régimen estatal. Los partidos comunistas se adecuaban a las condiciones concretas en las que la gente de esas determinadas zonas, veía como el capitalismo trataba de hacer una política particular para luego ampliarla al mundo. Eso ya se ha conseguido, con las debidas excepciones, claro. Y ni España, el Estado en el cual vivimos, se ha podido sustraer a este fenómeno. Como Soria, como se ha visto desde hace relativamente poco, se ha visto que, en la ley de Comercio Abierto, derecho del liberalismo económico, grandes empresas desplazan a pequeñas y medianas.

La cuestión es que, según dicen los expertos económico-sociales, hay en la actualidad más fáctica, una realidad a la cual parece ser que no nos podemos quitar de encima, y es que, hay que ofrecer o abastecer con productos el mercado y nos referimos al mercadillo de los jueves en la Plaza de Abastos, sino a esa mano invisible que es el mercado por todas partes doquiera mires. Así los “ofertores” buscan lo más original que pueda dársele al consumidor. Y la economía tiene permanentemente ese tira y afloja entre producción y consumo, de lo cual ahora que pensemos, solo se puede salir en los edificios bloqueados de las más bajas temperaturas, donde se dan los estudios científicos, en la Antártida…

También hay otras cosas negativas en esto del sistema de la mercancía, no solo las expuestas de cara al público que no esconden sus condiciones con mujeres esclavas, por ejemplo. Es lo malo que los productores, tengan que llegar a extremos que no son solo cuarenta horas de trabajo a la semana, sino pongamos y acertamos, vender lo más propio de las personas: el alma que hace que esas personas sean personas. Así cada producto aparece en los estantes de los híper

Y pasa que esto, este proceso del capitalismo que ha llegado a nuestros días, esta simple estructura, tiene su contrapartida: La conversión del productor en algo que suena raro, pero luego no es tan raro ni excéntrico, que el Diccionario de la RAE define tan bien: “solipsista”, la transformación del productor en la cucaracha de Kafka que también es apreciada, por su particularidad, en los puestos internacionales de compra-venta. El Capital aprieta para que nos convirtamos en solipsistas, algo así que, en lenguaje dostoyevskiano, sería el ser cuanto más idiota, más original, cuanto más idiotas somos, más personas venden en los recintos privados del Mercado. Aunque aquí no acaba la cuestión, porque el solipsismo es una trampa

En primer lugar, porque el solipsismo, con su sí mismo, su yo autosuficiente y del que no se hace en relación a otras personas, nos hunde las relaciones sociales, y nos llega a hacer ver que nos encontramos en el sistema “spenceriano”: Recuerden a Herbert Spencer, el darwinista social del siglo XIX en England. No se lo pierdan…

Bueno, pues así funciona el capitalismo: una o uno puede crear algún libro, algún poema, alguna casa, algún breve ensayo, algún cuadro, alguna canción, desde una plataforma a pie de calle o de simple autogestión. Pero luego existen en el híper montones de productos que luchan por abrirse camino igual que el tuyo, algo así como la carrera de los espermatozoides con el óvulo.

Muchos de estos productos del Mercado, ya están de antemano protegidos, y muchas veces es el propio Estado el que favorece la iniciativa particular. La preponderancia ya se da con aquellos que nacen con el caparazón del resguardo de una industria con sus empresas. Los esporádicos en ofrecer esos productos tienen que armarse de más valor, incluso, del coste de la mercancía. Teniendo en cuenta, además, de que se da la variedad del Mercado. Entonces lo que puede pasar es que en el híper se atenta contra tu persona, pues el sadismo del mercado tiene solo esa fe, la de la “libre competencia”, que luego el Dinero hace que ni sea libre competencia ni nada, todo reglamentado y estudiado en cuadros estadísticos, pero no como el músico callejero que toca el saxo en una calle y que está a la que salga, salga San Antón o la Purísima Concepción.

Pero hay otro punto en este manifiesto comunista de Soria que no se debe dejar de nombrar, que es el de hacer caso a los “mass media”. Parece que esto sirve como algo normativo éticamente, pues si haces caso a los medios de masas, no estás en crisis contigo y con los demás, ya que realizas una labor altruista y resulta que parece que obras bien o “políticamente correcto”: El Capital en su trono, el Dinero en su sitio, el Mercado con su cetro. No pongas en cuestión estas tres personas porque, si no, eres un inconformista y un rebelde digno de penar.

Sucede que, parece bien obrar –en la amoralidad del Capital, con su behaviorismo o conductismo- así, obrar así, con pleno subjetivismo o solipsismo… El capitalismo nos conduce en relación a las mayores ventas posibles y, con ello, nos desposee de lo nuestro y de lo de cada uno (también de lo “vuestro” en las mismas condiciones que lo “nuestro”).

Con tanto solipsismo, pues, te quedas sola o solo, aparte de los riesgos médicos bajo los que caes y el mundo no te va a pagar la soledad en la que habitas, como diría un poeta.

Y sigues estando en el juego del Mercado, de eso actualmente, como se ha dicho al principio, no se puede escapar en un mundo uniformado con el traje del capitalismo.

En Soria ya sabemos de estas cosas ;no nos van a enseñar nada. Lo malo es que Soria es muy poca población y sin autogestión auténtica. Nos vamos cada uno a lo nuestro.

Pero el capitalismo también se ceba en los lugares más pequeños o nimios… ¡y de qué forma!

Ahora que se celebran los trescientos años del nacimiento de Kant, los medios de masas nos hablan del “Sapere Aude” (“atrévete a saber”) y de la importancia de pensar por uno mismo, frente, que es a lo que tememos todo el mundo, al totalitarismo.

Fdo: Juana Largo

                                

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