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TRIBUNA/ Crónica: de Atocha subiendo a Sol

Ángel Coronado incide en esta tribuna en la España vacíada y en la nueva colonización que suponen los parques eólicos y las huertas solares, en una alegoría con personajes históricos, con el que traza un relato inspirado en una marcha en Madrid y que invita a la reflexión sobre el futuro qué queremos para la provincia.

TRIBUNA/ Crónica: de Atocha subiendo a Sol

TRIBUNA/ Crónica: de Atocha subiendo a Sol 

Se dice de las pirámides, aztecas, que a ser sacrificado, reo, condenado sin culpa, ofrenda cruda, se le hacía subir por las pinas escaleras. Arriba la carnicería. Abierto en canal el corazón afuera. Palpitando que si no no. Al Sol nuestro Señor.

Ayer, diez y seis de octubre, desde Atocha, subiendo a Sol.

La España vaciada, vale, pero vaciada de qué, porque no creo que se haya quedado vacía porque sí, ni mucho menos que yo pudiera o pudiese llenarla de lo que quisiera o quisiese.

¿Por qué no la llenas tú? Y así me sacudo las moscas, porque vale, lo de la España vaciada vale, ¿pero por qué no la llenas?, y el gramático de turno que se me pone a conjugar: ¿por qué no la llena? ¿por qué no la llenamos, la llenáis o la llenan? ¿por qué no la llenan de una vez y nos dejan en paz?

Apenas oída ésta, la tercera persona del plural del presente de indicativo del verbo transitivo “llenar”, cuando aparece Don Cristóbal, Cristóbal Colón con otros cuantos y dice: “En el nombre de no sé quién, tomo posesión de estas tierras para colonizarlas y sacarlas del fondo del pozo en el que yacen olvidadas, y digo más, dejadas de la mano de Dios, el nuestro, el único verdadero. Y en su nombre vengo en hincar mi rodilla para hincar luego este parque completo de aerogeneradores y ofrecérselo crudo…, y Cristóbal quería seguir luego con lo de los huertos solares…

Pensaba yo entonces en eso que ya sabía sin comprenderlo, esto es, que ya sabía sin saber que lo sabía, lo de que la historia se repite, para decirlo en pomposo lo del eterno retorno. En cuanto se produce un vacío, y los vacíos se producen cada dos por tres, aparece un Cristóbal para llenarlos. Y cada dos por tres la historia se repite. Viene a cuento señalar aquí el papelón que acerca de todo esto representan los llamados “grafitis”, porque ya no es el M.O.M.A que se haya fijado en ellos, es que son ellos los primeros que se fijan en cualquier espacio vacío. Corren a llenarlo. Y viene a cuento una especie de proverbio amigo de los espacios vacíos urbanos, de las tapias de toda la vida (en este caso me refiero a tapias y paredes de Soria, las habréis visto y leído), que dice lo de que todo vacío llama o tiene su oasis. Hay otro que no viene a cuento en lo que dice pero me lo traigo yo quieras que no. Además llena como cualquiera el vacío de las tapias. Dice así ”Rompía cada esquina para no tener que doblarlas”. En su género, no hay otro.

Pero volvamos a lo nuestro. ¿Qué hacer? Porque no creo, pobre de mí, no creo que pueda hacer nada de lo que quisiera y porqué no lo haces tú y el gramático que vuelve conjugando y el eterno retorno, porque detrás de Don Cristóbal aparece siempre Bartolomé protestando lo primero, pero claro, cómo no, repitiendo la historia. Don Cristóbal ofreciendo crudas y sin culpa todo su victimario a fuerza de hincar parques eólicos y plantar huertos solares. Colonizando, que si no te colonizo te descalabro. Don Bartolomé abogando en su contra. Qué hace Ud. Don Cristóbal, qué hace Ud. con esas tierras. De qué cosa las llena Ud. Cómo coloniza Ud., Don Cristóbal. Y a eso lo llama Ud. colonizar…

Pienso en Fray Bartolomé de las Casas protestando. Ayer, desde Atocha, subiendo hacia Sol. Pacíficamente, pero protestando. A las cinco en punto de la tarde, desde Atocha, subiendo hacia Sol una muchedumbre de bartolomeses. Y se me antoja otra vez pensar en la historia cabezona. Y cómo ahora se repite el llenado de aquél vacío, cómo ahora se repite lo del almirante Don Cristóbal y el fraile Bartolomé. Ya me veo bajo tierra en la mina del Potosí buscando filones de plata. Don Cristóbal quiere calzar espuelas, pero que sean de plata.

Ayer, desde Atocha, subiendo hacia Sol. Cada uno con su pancarta, vaya por Dios, con su cruz a cuestas, sagrada repetición, negación del tiempo, cabezón, cabezón.  A paso lento, procesión. Y alguna saeta, ¡sí señor!, que desde aquél balcón arranca un aplauso que sabe y suena a saeta. La saeta, siempre precisa, va y se te clava, lo diré aunque rime de nuevo en este son que ya está empezando a cansarme: en el corazón. Cosa curiosa, se nos clavó como la primera vez que una saeta se te clava por ahí. Y es por esto por lo que ya termino, que dicho lo dicho solo falta desollar el rabo. No sé si con altavoz o en silencio, con altavoz interior, o de ambas formas al tiempo y sincronizadas (de todas formas recuerdo a un Bartolomé con altavoz. Y de paso diré también que recuerdo a una mujer, una furia diría mejor, una furia en positivo y de grandísimo mérito, aparecía de vez en cuando con una pancarta en alto. Bellísimo texto. Algo largo para ser leído en exhalación. Decía del Mar Menor, otro vacío, señores. Y desaparecía furiosa, furiosa en positivo, como un pescadito huyendo despavorido del Mar Menor)

Voces sincronizadas, decía. Es lo que tiene, que allí éramos todos bartolomeses hacia Sol. Como una saeta, altísima voz con su eco y todo, se oía:

¡Cristóbal! ¡Que no!

¡Doblando las dos rodillas!

¡Y todos mirando al Sol!

Y los bartolomeses a una con muchas otras redondillas, poéticamente hablando muy deleznables pero efectivas a lo bestia, le repetían a Don Cristóbal que no y que no, recordándole todas ellas que allí todos somos hijos de la Tierra y del Sol, cosa de lo más razonable que solo vino a ponerse algo tensa, en poquísimas ocasiones y de forma apenas perceptible, porque Don Cristóbal solo hacía, el hombre (no digo pobre, solo digo el hombre), solo hacía pequeños gestos muy de vez en cuando y como sin mala intención, como automáticos, de calzarse las espuelas de plata en las botas. Y esto hacía, por cierto, las delicias entre los suyos. Ayer mismo, día de la Hispanidad, un batallón de zapadores con aerogeneradores al hombro, me contaban (anda ya, les decía yo), desfilaban guardando la distancia de respeto, pero no por la pandemia (la prueba, sin mascarilla) sino para no arrearle al de atrás con el aerogenerador y colonizarlo todo (anda ya, les repetía yo). Una expresión de libertad, me contaban.

Silencio. No del que otorga nada.

Fdo. Ángel Coronado

 

 

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