Sábado, 29 Marzo 2025
Buscar
Parcialmente nuboso
3.4 °C
El tiempo HOY

Opinión

La narrativa cariñosa de Pilar Herranz

Juana Largo, al hilo del último libro de Pilar Herranz, resalta el papel que se les da a los escritores en la sociedad actual.

La narrativa cariñosa de Pilar Herranz

“Un escritor nunca se equivoca...” En efecto, lector seguidor, el tema de los escritores también es un tema interesante visto como un objeto de estudio. Sin querer convertir esta columna en una “escritorología” (nada más ajeno a la que suscribe), se puede decir que por qué no harán o realizarán más películas los yanquis sobre escritores. ¡Les dan un toque tan melancólico!... Lo malo es cuando es de veras…

En nuestra sociedad (que ahora está de moda decir mucho “sociedad”, como si fuera un factor final de la historia que resolviera todos los enigmas) a los escritores se les suele poner como ejemplo. ¿Ejemplo de qué? ejemplo de modelo de hombre (varón sobre todo) que ha sabido realizar su vida con un Happy End. Ser escritor es una cosa genial, oye, tío; eso de ser escritor es el no va más de la molada; se puede uno hasta llevar a las tías a la cama. Porque se le suele considerar una persona con valores morales, digamos, y con la autosuficiencia precisa para vivir en comunidad. Se les suelen atribuir las frases más ingeniosas del establecimiento, y se les suele interrogar cuando hay dificultades para la moral social. Incluso les dan  premios y  loores. El súmum.

Parece que ha de ser infalible, autoritario, recto, verdadero y ortodoxo o, cuando menos, que su heterodoxia sea ortodoxia, según manden los cánones establecidos.  

Luego pasa otra, que todos los señores que quieren ser escritores, los imitan a estos modelos. Se fijan en su vida, se fijan en su obra, se fijan en si pagan el autobús cada día. E incluso hasta su vida interna resulta interesante. Y los famosos recurren a dimanaciones de wáter.

Sin embargo, frente a esta imagen de conde Drácula, en la actualidad hay creativos que no pasan por semejante calvario.

La creatividad se ha disparado hasta cotas impensables y por muy diversas vías. Ya no es tanto un ego singular cuanto un ego social.  Somos más partidarios de la teoría de Bertolt Brecht. Somos más partidarios de un cronista de deportes que va al fútbol todos los domingos que de la compostura que nos quieren hacer admitir o transmitir de, pongamos, Thomas Mann.  Desde luego, hasta podría gustarnos más un canto de ciego en romance rural que algunos poemas de T. S. Eliot.  El mito del “escritor” está en decadencia y de él solo se puede exhibir ya lo que  depone. Ni Charles Bukowski sirve para lo más actual. Muchos de los presuntos grandes se quedan cortos ante lo necesario de hoy en día que es un creador real.

Siempre nos repiten el mismo discurso. Ahora es el  tiempo de los “poetas”, hay que romper con lo asfixiante, hay que decirle a jean Paul Sartre –como se le diría a Herr Hegel- que nos cansan ya.

 Ahora bien: cuando en nuestro panorama cultural nos sale no un escritor, sino una escritora… ¡Vaya por dios! ¡Lo que faltaba! Aquí cambian mucho las cosas.

En el corral del establishment se arma un alboroto que puede despertar la gallinería al señor Granjero. Es como si entrara en el recinto el señor Zorro, dado que solo los zorros…, o acaso las Zorras, puedan hacer que se arme tal alboroto…No es lo mismo la figura de un escritor que la de una escritora. Las segundas, aparte de que suelen estar más calladitas y sometidas, son más escurridizas  y tan poca cosa. Los poderes públicos no se intranquilizan ante sus personas. Saben que no van a querer la Revolución ni ningún disturbio. Sabe que han aprendido a no molestar, dado que son mujeres, y las mujeres no suelen ser violentas. Ellas se quejan, como siempre,  y es casi su oficio el de quejarse, las mujeres han estado quejándose siempre, y por eso nunca van a conseguir lo que piden o quieren. Es larga la historia ya de  las mujeres cuando escriben, igual que cuando hablan. Calladitas podrían estar o, si no, darnos un pequeño rollo de urbanidad familiar en los hogares españoles y de otras partes. Como no suelen ser violentas, no hacen falta los corchetes ni los agentes en la puerta del lugar en donde dan la conferencia. Aunque, hay que reconocerlo, tienen necesidades, su situación es injusta, no se pueden salir por los Cerros de Úbeda, ya saben que los hombres no les piden nada más que “dinero y una habitación propia”, como decía la Virginia Woolf. Que el mundo masculino está mal para ellas, ya lo sabemos, pero así ha sido a lo largo de la historia, al menos de la que, en los manuales de Historia, llamamos “civilizada”… Y, sin embargo,  aunque el reconocimiento de las escritoras sea más problemático o difícil, sin embargo, decimos, no quiere decir ello que tenga menos valor, como si estuviéramos  todos y todas a la expectativa de que el género gramatical masculino se alce y se bambolee sobre el barco de navegación en las procelosas aguas del mar más rugiente y bravo, el de la historia. Y es que, nosotras, como ya puede el lector o la lectora intuir que voy incluida en esa dichosa palabra del género femenino, nosotras también podemos no solo resarcirnos de los poderes ancestrales que nos condenan a la inopia y al uso doméstico de la vida, y podemos decir que podemos salir de la adscripción de género y no escribir solo para nosotras. Podemos llegar a figuraciones que sobrepasen el mundo tanto masculino como femenino y no servir solo para campañas supuestamente feministas y poder volar por las alturas de las determinaciones para aportar, o intentar aportar, una visión nueva del mundo. Y todo depende de la capacidad de entendimiento y del, digo, reconocimiento de nuestra labor.

Y ya que estamos en Soria, aprovechamos esta oportunidad de publicación que nos brinda este periódico para resaltar una nota que nos ha  dejado la reciente edición y publicación de Pilar Herranz Adeva con su libro “La Isla  Diamante”, un exquisito librito romántico –lo que hace falta en nuestros círculos sociales-, una obrita llena de cariño y de sensibilidad enorme hacia el movimiento romántico en nuestra historia y en la de Inglaterra, perfectamente escrito,  además como si se tratara como de unas memorias de una etapa de su vida, presentándonos otros confines diferentes a los españoles (como una original entrega de un capítulo televisivo  de ”Sorianos por el mundo”) en los cuales se da la maravilla del amor y las múltiples sensaciones de esa isla que hace llamar “Diamante”, llena de sugerencias y  en perfecta simbiosis de las emociones y sensaciones de la narradora con el movimiento artístico de Inglaterra.

Un libro que deja, al leerlo, un regusto delicado y lleno de la verdad (¿para qué buscarla tanto?) del amor.  Por aquí se empieza y luego no sabemos por dónde acabamos. Pero el obrar femenino es una aventura en las selvas de hombres de negocios y del cálculo de las relaciones humanas y en el mundo tan desnaturalizado que se da en la actualidad…

Fdo.Juana Largo

 

 

 

Comparte esta noticia

Últimas fotogalerías

Sección: fotos

Subsección:

Id propio: 88289

Id del padre: 1

Vista: article

Ancho página: 0

Es página fotos: 0

Clase de página: noticia