Martes, 13 Enero 2026
Buscar
Parcialmente nuboso
4.4 °C
El tiempo HOY

Opinión

El entierro de la sardina

Ángel Coronado recuerda en este artículo de opinión el proyecto frustrado del mayor invernadero de rosas en Europa, que se implantó en el término de Canredondo de la Sierra, y se convirtió, con el paso de los días, en todo un carnaval.

El entierro de la sardina

Canredondo de la Sierra, antiguo municipio independiente y en la actualidad agregado con otros al de Garray, cuenta con el mayor invernadero de Europa y, según se dice, acaso el mayor del mundo.

Construido en principio para el cultivo de rosas de la mejor y más apreciada calidad, solo estuvo en activo apenas cuatro años al cabo de los cuales cerró sin que Canredondo de la Sierra pudiese oír siquiera el golpe de aquel portazo y sin haber oído apenas el de su apertura.

Porque lo cierto es que tampoco, cuando el brutal invernadero le cayó encima al pueblecito, le diesen parte de nada excepto de lo estrictamente necesario para evitar que Jesús (o alguno de sus hijos), Marín (o alguna de las suyas), le dijese al invernadero que se fuese por el mismo camino por el que había venido, que la historia de mi pueblo, dirían, no es la misma que me quiere contar usted.

Parece mentira, pero es verdad. Se desconoce con precisión el año en que Canredondo, allá por la Edad Media, naciese. Muy posiblemente ni exista siquiera semejante fecha. Nadie pondría en fecha ninguna la primera piedra de su primera casa, porque tampoco ni esa piedra ni esa casa existían en Canredondo por entonces (Canredondo no existía). Los primeros documentos que nos hablan de él, datan de la baja edad media, cifrando su población en el siglo XVI en 13 “pecheros”. Y no habiendo tenido nunca más de 47 (190 almas) llegamos con altibajos a los tres o cuatro de ahora para saber durante todo un milenio tan poca cosa que, poner ante Canredondo un invernadero como no hay otro en el mundo, poner tanto ante tan poco, sobrecoge.

El caso es que allá por el año 2014, 15 o 16 un tal presidente ejecutivo de una tal empresa como Aleia Rosas, un tal consejero delegado y un tercero con el cargo de director de operaciones acordaron lo que fuere con quien hubiese de ser para que, en Canredondo de La Sierra (cuatro vecinos desahuciados como tales por motivos estrictamente naturales), cargasen con el invernadero mayor de Europa y acaso del mundo entero.

Naturalmente, ni Canredondo cargó con nada ni a nadie se le pasó por la cabeza que lo hiciese. En su defecto se organizó un carnaval que todavía perdura y espera nombre, nombre que sin dudarlo merece. Porque no siendo posible recurrir para esto a la geografía, como en el caso del carnaval de Río de Janeiro en el Brasil o el de Venecia en Italia (¡detente, Canredondo, detente, adónde vas ante Goliat!), tampoco es posible recurrir a la historia. Señores, la historia de Canredondo es la que es. Y punto.

Tampoco es razonable atribuir a la modestia de nuestro pueblín que, a los cuatro años escasos de nacer, afectase al descomunal invernadero el mismo fenomenal batacazo que sufrieron los aeropuertos de Ciudad Real y de Castellón de la Plana, por más que resulte curioso la cantidad de pelo que le pueden dar cada una de ambas ciudades de por sí a nuestro pueblín de Canredondo de la Sierra, mientras que su invernadero, ¡ay! ¡pobres aeropuertos!, capones con su barbilla les podría dar en todo lo alto de sus desnudas (calvas de aviones) cocorotas.

Lo cierto es que tanto Jose María Martínez de Haro (presidente ejecutivo de Aleia Roses), como Luis Corella (consejero delegado) y Sergio Moreno (director de operaciones) se marcaron un carnaval de cuyas caretas y disfraces damos cuenta textual a través de las siguientes citas: (www: economíadehoy.es/noticia/9333/empresas)

“Aleia Roses es la denominación de una nueva empresa especializada en el cultivo intensivo de rosas de la variedad Rosa Naomi!”

¿Nueva? ¿Especializada? ¿Nueva y ya, de forma instantánea, especializada? Vamos, Jose Mari, que aquí en Canredondo seremos cuatro gatos, pero cada uno de los cuatro tiene uñas en cada una de sus cuatro patas y sabe lo que es un ratón.

“Aleia Roses estima que generará más de 400 puestos de trabajo (180 puestos de trabajo como empleo directo, mas 250 puestos en calidad de empleo indirecto”

¿400 dice usted? ¡Pero si aquí no tenemos más de 29 casas y 21 ya se cayeron! Burrún bum, bun, y bumn. ¡Ya se cayó otra!

“Parte de esta plantilla será preseleccionada desde LUNION para favorecer la inserción laboral de personas con discapacidad.”

Cojonudo.

“Hemos diseñado el más sofisticado invernadero del mundo para el cultivo de la Rosa Naomi¡, donde combinamos la tecnología holandesa más innovadora con el privilegiado clima español.”

Toma del frasco, Carrasco

“La rosa Rosa Naomi está considerada la mejor rosa roja del mundo por cumplir varias cualidades: color rojo perfecto, mayor número de pétalos, superficie lisa y aterciopelada, follaje verde brillante, tallo rígido de entre 60 y 90 centímetros, apertura lenta de la flor, un sutil aroma, buena resistencia y una duración de 10-14 días.”

Nada, absolutamente nada que añadir. Solo toma ya.

Esto es todo, pero solo hasta el año de 2020. Desde entonces a hoy en día, el carnaval continúa, pero ahora sin rosas y todavía sin nombre. Y Canredondo como siempre, tan chulo. De vez en cuando, y sin que nadie pueda escucharlo porque nadie hay en ese vacío, imaginamos que uno de ellos grita ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva el Carnaval de la Rosa canina! ¡Viva Canredondo de la Sierra!

Rosa canina: Espino muy común en toda Europa y extendido actualmente por casi todo el mundo. Rosa es palabra que viene intacta a nuestro idioma procedente del latín. Lo de “canina” parece ser que deriva de sus numerosas y agresivas espinas, punzantes como colmillo de can, palabra igualmente originaria del latín. Sus flores, efímeras y humildes, de cinco pétalos blancos o ligeramente tintados de color rosa, han sido objeto de interesada manipulación a la cual, tan humildes y sumisas flores, se han ofrecido hasta ser trasformadas en objeto de toda una mitología y de la más desenfrenada especulación. Del mito la recoge con el puño la ideología socialista. De la especulación se aprovecha una turba de gente. ¡Viva! ¡Viva el carnaval de la Rosa canina! ¡Viva el carnaval de la Rosa Naomi! ¡Viva el carnaval de la España vacía! ¡Viva el carnaval de la macrogranja de las rosas! ¡Viva el carnaval de Canredondo, de Canredondo de la Sierra! ¡Viva el carnaval de la Rosa canina!

Nada tenemos en contra de nadie que quiera cultivar las rosas más hermosas del mundo, repartiendo con ellas felicidad, sin excepción, para todos. Pero Canredondo, Señoros, no es de vosotros. Con Canredondo, Señoros, no se juega. La excepción es esa, Señoros.

¡Una pregunta, Señor! ¿Le puedo llamar Señoro?

Yo soy de Canredondo, Señor. Soy uno de los cuatro, que la España vacía todavía me tiene a mí. Y le añado que me tiene por algo. No soy Señoro, Señor. Y en Canredondo caben todas las rosas del mundo, pero Señoros, Señor, Señoros no cabe ni uno. ¡Fuera de aquí!

Y con el látigo que dicen perteneció al Arcángel del Señor, les expulsó a latigazos de Canredondo para celebrar en familia y entre los cuatro el Entierro de la Sardina.

Fdo: Ángel Coronado

Últimas fotogalerías

Sección: fotos

Subsección:

Id propio: 95780

Id del padre: 1

Vista: article

Ancho página: 0

Es página fotos: 0

Clase de página: noticia