¡Agua va!
Ángel Coronado incide en este artículo de opinión en la crecida del Duero que ha anegado diferentes puntos de su cuenca en Soria y, en especial, el Parque Empresarial del Medio Ambiente.
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¡Agua va!
No hace tanto tiempo como el que la memoria necesita para olvidarse quieras que no. Otra cosa es no querer acordarse, como nuestro manchego universal, del lugar de la Mancha en el que bla, bla, bla y bla.
Nos referimos a que no hace tanto tiempo en el que abrir la ventana para tirar por ella la caca del orinal al grito de ¡agua va! era el pan nuestro de cada día (por decirlo de alguna manera especial, que ya se verá).
En un lugar de la ribera del Duero de cuyo nombre nos acordamos fenomenalmente bien, hubo una vez un Ayuntamiento al que se le metió entre ceja y ceja promover algo de cuyo nombre no nos acordamos de tantos como tenía, que no cabían en la cabeza, cuando menos en la memoria, que solo es parte de la mollera.
El caso es que el dicho Ayuntamiento, bajo cuya administración municipal estaba ese lugar (y está), esos terrenos, quiso promover en ellos algo que levantó polémicas de muy diversa naturaleza.
Que si un pelotazo urbanístico, que si entre las cejas del Ayuntamiento no podía caber todo eso, que si esto y que si lo otro, el caso es que contra viento y marea, nunca mejor dicho, unos enormes edificios surgieron, como en puerto de tan poco calado pero atracados a él, en esos terrenos, unos enormes edificios viento en popa y a toda vela, pero de proa una tempestad.
¿Una tempestad?
Sí. Y a cuenta de ASDEN.
Gafes. Este no es el lugar, decían los ecologistas en acción. Esto no es el mar. Los veleros a la mar. Pero aquí, se mea una golondrina y “agua va”… Una charca, cuatro ranas y un sapo (a decir verdad, los de ASDEN solo habían consultado la cota en la que, a lo más, cada cuatro, cinco, ocho o lo más diez o doce años, esas ranas y ese sapo se pasean siempre por allí pese a las cigüeñas, que lo saben.
Posibles inundaciones justo en el lugar en el que unos enormes edificios como enormes veleros bla, bla, bla, y bla.
Nosotros calladitos para estar más guapos, y no porque nos gusten los grandes veleros en alta mar, sino porque, la verdad, los veleros nos gustan, pero es que unas cejas tan separadas entre sí como las cejas del Ayuntamiento de Garray nunca nos han gustado. Tampoco nos gustan las cejas continuas, pero tenerlas encima de las orejas, eso no. Hace feo, pero es que además se confunden las cejas con las patillas, lo que no es de recibo. Definitivamente no. Eso rebasa ya una frontera sensible: la que utilizamos para separar lo bonito de lo feo.
Esta mañana leíamos en el Mirón acerca del cabreo del Ayuntamiento de Garray con el Duero por haberse desbordado justo en el punto en que unos enormes edificios tal y tal. Parece mentira, este río nuestro, que hasta el poeta más nuestro canta y con su canto nos encanta, se nos desbordó. Y lloraba. Cabreado y encima lloraba. Dos fuentes de lágrimas desbordando sus ojos como Dios manda, sí, en su sitio, a un lado y otro de la nariz.
Pero con todo y con eso, el Ayuntamiento de Garray ha debido darse cuenta de que el Duero ni se entera. Como un elemento de la naturaleza ni se entera ni quiere enterarse y además le importan un pimiento los veleros y toda clase de barcos, y lo mismo se calma que se agita y le da todo igual. Ha debido darse cuenta porque ahora la tomó en contra de la Confederación, la del Duero, la Confederación Hidrográfica del Duero, a la cual también, como al Ayuntamiento, el río ignora.
Nosotros calladitos como siempre, porque la verdad, la CHD, como cualquier otra confederación hidrográfica de cualquier otro río, no está para decirles a los veleros ni a los barcos ni a tipo ninguno de embarcación como catamaranes o cruceros o pateras o de pesca o yates de recreo y esparcimiento nada de nada, y menos para decirles dónde deben o tienen que atracar. Ni tampoco, señores de Ayuntamiento de la muy noble y leal población de Garray, tampoco para decirles: ¡Agua va!
Nos referimos a que no hace tanto tiempo en el que abrir la ventana para tirar por ella la caca del orinal al grito de ¡agua va! era el pan nuestro de cada día (por decirlo de alguna manera especial).
Y decimos “especial” porque nadie abre hoy ninguna ventana para tirar a la calle nada de nada, gracias a Dios. Y menos para tirar porquería. Y menos aún para que atraque barco ninguno en ninguna clase de puerto.
Para decirlo de una vez, en Garray podrán aterrizar aeronaves, pero barcos no. Y bien que lo saben las cigüeñas a picotear las cuatro ranas y el sapo. Y el Ayuntamiento de Garray, ¡bien que lo sabe! ¡Y bien que sabemos que lo sabe bien. Pero no, bien calladito, y así más guapo…, pero esas cejas, tan separadas… Y se les metió entre ceja y ceja lo de atracar allí…, vamos, vamos.
¡No gafes, pero gafotas sí!
Gafotas sí, pero esas fotos, esos enormes veleros amarrados a salvo de las tempestades, ese puerto de mentirijilla no es cosa de niños, no, aunque a ellos guste también. Para nosotros, tan de secano, Gracias, Garray, para nosotros son un consuelo.
Fdo: Ángel Coronado