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TRIBUNA/ Un alumno del Machado en Mauthausen

Con motivo de la celebración ayer 27 de enero del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, desde el instituto Machado de Soria se ha recuperado la incompleta peripecia vital de Emilio Serrano Jiménez, alumno del centro educativo y que pasó por los campos de concentración de Mauthausen, Dachau y Buchenwald.

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La creciente digitalización de archivos  alemanes e internacionales ha permitido en los últimos tiempos seguir la pista a miles de deportados en los campos de concentración nazis, evitando así, a modo de mínima compensación moral de las víctimas, su completa y total desaparición de la historia, uno de objetivos del sistema de eliminación del Tercer Reich que trataba de evaporar a sus víctimas en un universo de “nacht und nebel”, de “noche y niebla”, según la terminología aplicada en el decreto de 1941 sobre persecución de las infracciones cometidas contra las fuerzas de ocupación nazi.

Este hecho cobra una especial relevancia en lo referente a los 9.161 españoles deportados a campos de concentración y exterminio nazis, de los que fallecieron aproximadamente 5.185, 4.427 de ellos en el campo de Mauthausen-Gusen en Austria, en una fría planicie rodeada de canteras no lejos de Salzburgo. Las fichas y archivos del International Tracing Service (ITS) permitieron a la Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad fijar en 22 la nómina de sorianos deportados que pasaron por los diferentes campos.

A la hora de intentar facilitar a los alumnos la siempre difícil comprensión de tan cruel periodo de la historia contemporánea no tardó en surgir una lógica pregunta entre los profesores del Departamento de Historia del IES Antonio Machado: ¿No habría en esa lista algún estudiante del propio instituto?

La excelente sistematización del archivo histórico del centro que ha llevado a cabo el profesor José María Incausa Moros no tardó en dar la respuesta. En el casi bicentenario centro había estudiado uno, el agredeño Emilio Julián Serrano Jiménez entre 1919 y 1926. Inevitable sentir una intensa emoción cuando la jefe del departamento, la profesora Eva Lavilla Rey, desanudó las cintas de seda que cerraban el legajo que conservaba el expediente académico completo. Allí permanecía una parte importante de la vida de este soriano, conservada, intacta e ignorante del cruel destino que el joven retratado en aquellos documentos ya centenarios sufriría unos años después en un mundo desgarrado por la guerra, el odio y los totalitarismos.

Por las investigaciones de Sergio Campos Cacho sabemos que Emilio Serrano Jiménez nació en Ágreda el 13 de septiembre de 1909, llegó al campo de concentración de Mathausen el 27 de enero de 1941 y recibió el número de prisionero 6.180. El 8 de noviembre de 1942 fue trasladado al campo de Dachau, cerca de Múnich, donde recibió el número 39.390 y, después, culminado su periplo por el horror nazi, fue trasladado al campo de Buchenwald, en los alrededores de Weimar, a donde llegó el 14 de diciembre de 1944 y recibió el número 38.921. En aquel frío diciembre los aliados ya cercaban Alemania y el hundimiento del Tercer Reich era cuestión de poco tiempo, pero ello no rebajó la crueldad ni la mortalidad de los campos. A tenor del avance aliado el campo sería desalojado y muchos de sus ocupantes obligados a desplazarse a pie en pleno invierno sin apenas ropa ni calzado, una marcha hacia ninguna parte, salvo hacia la muerte. Acaso fuese este el triste destino de Emilio Serrano, pues desconocemos si pudo llegar con vida a la liberación de Buchenwald, el 11 abril de 1945 por parte del tercer ejército estadounidense al mando del general Patton.

Su ficha de Dachau nos proporciona una dirección de residencia, la calle Córdoba, 15 de Málaga y un familiar de contacto, su madre Emilia Jiménez, domiciliada en Zaragoza, en la Plaza de Lanuza, 15. Nada sabemos de su ejercicio profesional, su vida personal, ni su actividad durante la Guerra Civil, a cuyo comienzo quizás residía en la dirección de Málaga. Según Campos Cacho en el “Diario Oficial del Ministerio de Defensa” (n.º 129, 1938) aparece un Emilio Serrano Giménez, ascendido de cabo a sargento en el Cuerpo de Tren del Séptimo Batallón de Etapas, una unidad auxiliar de camiones de transporte.

Fuere este o no nuestro estudiante del instituto de Soria, al combatir en el ejército republicano, con el desplome del frente de Cataluña en enero de 1939, seguiría la misma ruta que tantos otros exiliados, cruzando, al igual que el insigne profesor Antonio Machado de su instituto, la frontera francesa entre el frío y las penalidades para terminar internado en alguno de los campos que las autoridades galas mal improvisaron en las playas de Argelès, Saint-Cyprien, Barcarès y Agde y que llegaron a acoger 80.000, 100.000, 20.000 y 25.000 refugiados respectivamente. De allí, tras meses de hastío y penurias, se alistaría, junto a otros 60.000 compatriotas, en alguna de las Compañías de Trabajadores Españoles, unidades castrenses de 250 efectivos dirigidas por oficiales del ejército francés. Tras la fulminante caída y ocupación de Francia, fue detenido en el norte, en la zona de los Vosgos, lo que hace presumible su pertenencia a alguna de las compañías destinadas a la construcción y refuerzo de las fortificaciones de la Línea Maginot. Tras su arresto, pasó primero por el Frontstalag (campo de prisioneros de guerra) 140 de Belfort y, posteriormente, fue internado en el Stalag XI-B Fallingbostel, antes de llegar a Mauthausen, ya como apátrida.

Sin duda, su resistencia física y mental debió de ser extraordinaria para soportar semejante periplo inhumano. Circunstancias imposibles de imaginar cuando su profesor de Gimnasia en el entonces Instituto General y Técnico de Soria, el doctor en medicina Lázaro Garcés Ramos, miembro de la Comisión Mixta de Reclutamiento, médico de la Sociedad de Obreros y de Cruz Roja, y presidente del Colegio de Médicos de Soria describía en el informe de final de curso correspondiente a junio de 1920 la “constitución física” de su alumno, entonces de 11 años de edad, como “regular”, su “desarrollo del esqueleto” como “normal” y su “desarrollo muscular” como “algo atrasado”.

Emilio Julián Serrano había iniciado sus estudios en el instituto de Soria poco antes. El 28 de abril de 1920 solicitaba a don Ildefonso Maés Sevillano, Catedrático de Agricultura y Técnica Agrícola desde marzo de 1909 y director del centro desde marzo de 1911 hasta su jubilación al finalizar el curso 1936- 1937, ser admitido en los exámenes de ingreso para el grado de Bachiller, exámenes que verificó, y aprobó, el 1 de junio de ese mismo año ante un tribunal de tres miembros, en el que actuó como secretario un profesor de Lengua y Literatura y poeta incorporado al instituto el 1 abril de ese mismo año, Gerardo Diego Cendoya. 

Aquel curso de 1919-1920 cursó Emilio Serrano en el régimen de enseñanza no oficial, al igual que el resto de sus estudios, lo que dice mucho de su constancia y tesón, las materias de Lengua Castellana, Geografía General y de Europa, Nociones y Ejercicios de Aritmética y Geometría, Lengua Latina, Aritmética y Gimnasia. Durante los cursos siguientes iría cumpliendo todo el plan de estudios previsto para optar al grado de Bachiller cursando entre otras materias, Lengua Francesa, Preceptiva Literaria, Dibujo, Fisiología e Higiene, Psicología y Lógica, Ética y Rudimentos de Derecho y Agricultura y Técnica Agrícola e Industrial. 

Finalmente, en 1925-1926, concluyó sus estudios con las materias de Química e Historia Natural. Así, por encargo suyo, su ya citado profesor, el doctor Lázaro Garcés, solicitaba en su nombre la expedición del título de Bachiller el 27 de septiembre de 1926. El propio Emilio Serrano manifestaba en una instancia al director Maés, fechada el 11 de diciembre de 1926, que residía en Zaragoza donde había continuado sus estudios, de Derecho según la documentación alemana, y solicitaba que le enviasen su flamante título a Ágreda. Así lo hizo don Ildefonso el 21 de diciembre de 1926, remitiéndolo al Ayuntamiento de Ágreda, donde fue recogido por el interesado el 23 de diciembre.

Su familia había mantenido una ya larga relación con la localidad agredeña. Su padre, Manuel Serrano Zalabardo, natural de Yanguas, ejerció en la villa como veterinario y allí falleció el 11 de noviembre de 1911 a los 78 años. Sus servicios profesionales fueron especialmente relevantes en la epidemia de viruela ovina de 1887. Gracias a Javier Palacios Moya sabemos que en Ágreda se casó en segundas nupcias, a los 74 años, el 4 de septiembre de 1906, con Ignacia Jiménez Martínez de 22 años, que había sido sirvienta suya al menos desde 1902 y que había nacido el 31 de julio de 1884 en el cercano pueblo de Fuentes de Ágreda. Fijaron su residencia en la calle Trevejado, ahora calle Víctor Núñez, que es la que consta en el expediente académico de Emilio. El matrimonio tuvo dos hijos, Emilio José, del que fue padrino el también veterinario Ángel Gómez, que falleció muy niño el 5 de febrero de 1908, y del que acaso heredó el nombre nuestro protagonista.

La madre, Ignacia Jiménez, se casó de nuevo el 7 de abril de 1913 con Cipriano Martínez Gómez, nacido en Reznos, maestro de primera enseñanza en Ágreda y que llegó a ser teniente de alcalde y luego alcalde desde 1925 hasta que lo sustituyó Joaquín Cereceda en abril de 1930. El nuevo matrimonio tuvo cinco hijos, todos nacidos en Ágreda: Juan Jesús José, el 12 de julio de 1914, Pilar, de la que no consta fecha, Juan José, el 5 de marzo de 1918, Ricardo, el 11 de abril de 1921 y José, el 15 de febrero de 1925.   

Muchos son aún los interrogantes sobre Emilio Serrano y la información que todavía debe aflorar para completar lo poco que sabemos sobre su vida y destino final. Entre tanto, y a la espera de poder ponerle siquiera rostro en alguna antigua fotografía, sus sueños y trabajos de la última infancia y la adolescencia permanecen atesorados en su instituto, recordándonos cómo el devenir de la historia puede transformar en desgracia cualquier felicidad. Una historia que es imprescindible recordar y conocer para que no vuelva a repetirse.

Fdo: Javier Martínez Romera. Profesor de Geografía e Historia en el IES Antonio Machado

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