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Tierra de poetas

Los premios Leonor y Gerardo Diego para autores noveles recogen el testigo de la tradición poética de la provincia

Bécquer, Machado y Diego son tres apellidos de han cantado como nadie a Soria hasta convertirla en tierra de poetas. Los premios Leonor y Gerardo Diego alimentan también este sello distintivo para la provincia, inspiradora de algunos de los mejores versos de la poesía española.

Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado y Gerardo Diego, en poco más de medio siglo -entre el XIX y el XX-, elevaron a Soria a la máxima expresión poética, hasta convertirse sus versos en los mejores embajadores de la provincia. Hoy, muchos años después, Soria es reconocida como tierra de poetas, un reconocimiento “justo” para el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Soria, Jesús Bárez. 
El testigo de esta tradición poética ha sido recogido en la década de los ochenta por la Diputación provincial de Soria, quien puso en marcha los premios Leonor y Gerardo Diego para autores noveles que, en sus más de tres décadas de historia, han recibido más de 11.500 poemarios y se han ganado un reconocido prestigio en el ámbito poético español. El último ganador del premio Leonor, Pablo Jiménez, reconoce que conoce a Soria por la lectura de los versos de Machado. “Nadie ha hablado de Soria como él”, subraya.

Un mérito no menor
Fermín Herrero, el primer poeta soriano que ha conseguido ganar el premio Leonor -en 1994, con “Anagnórisis”-, reconoce que la trayectoria del premio tiene mérito y no menor. “Los libros se editan muy bien y han sido muy plurales en su adjudicación”, resalta. Su punto débil, en su opinión, es el escaso eco que encuentran en los medios de difusión pese a su solera así como la escasa repercusión y distribución de los ejemplares de las obras ganadoras. Aunque objetivamente para Herrero no ha sido el premio más importante que le han concedido, sí que ha sido fundamental, “porque si no creo que hubiera seguido escribiendo”.

Auténtica antología
El coordinador del jurado de los premios, el crítico literario Santos Sanz Villanueva,  destacó, en la antológica poética realizada con motivo del 25 aniversario del premio Leonor, la independencia política y de líneas estéticas, que ha cimentado el prestigio del mismo.
 “A la larga, estas plurales actitudes le conceden un valor añadido, el de convertirse en una auténtica antología del estado de la poesía española del postfranquismo. Y a la vez recoge también voces representativas de las sucesivas generaciones que han convivido en este tiempo”, sentencia.

 

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variedad absoluta de tendencias poéticas

LA TRAYECTORIA DE LOS PREMIOS Leonor y Gerardo Diego reflejan  una variedad de tendencias absoluta, frente a la uniformidad de otros premios del panorama poético español. Para Santos Sanz Villanueva, coordinador del jurado, es su “gran rasgo distintivo”. Entre las obras galardonadas ciertamente hay registros muy variados, desde la más exigente poesía desnuda y esencial, hasta el poemario comunicativo, pasando por la poética de la experiencia, el surrealismo o los versos realistas.

EN LA NÓMINA DE GANADORES del premio Leonor se encuentra la dicción arraiga de Antonio Hernández, Carlos Murciano o Joaquín Márquez; el expresionismo barroco, de índole bucólica, en palabras de Fermín Herrero en la antología escrita con motivo del 25 aniversario del premio, de Rafael Soto, o la poesía ligera, pasional, un punto canalla, de Emilio Durán, y el acorde romántico y tranquilo de María Sanz; el clasicismo revisado de Ángela Reyes, y la fusión de los complementarios poéticos en el texto de Chantal Maillard y Jesús Aguado.

O TAMBIÉN, en esta trayectoria poética del premio Leonor, se cuenta con la originalidad de la andadura rítmica y semántica en los versos de Olvido García Valdés, Miguel Suárez o Javier García Cellino; la ironía desenfadada de Luis Miguel Rabanal; el vanguardismo jubiloso de José María Parreño; el ecleticismo de Juan Ramón Barar, Joaquín Ríos, César Martín Ortiz o Elena Feliú; el tono abstracto de José Vidal, la poesía de la resistencia, neosocial y comprometida, de Isabel Pérez Montalbán, Miguel López Crespi o Manuel Moya.

FERMÍN HERRERO considera que es temario opinar sobre el estado de la poesía actual española. En su opinión, todos los poetas, de serlo, son póstumos, y a menudo pasan desapercibidos en su tiempo, como sucedió con Bécquer. “Como en todas las épocas habrá un puñado de poetas de verdad y miles de versificadores”, resalta.

EL FENÓMENO DE INTERNET y de las redes sociales está tal vez enturbiando, a su juicio,  aún más el panorama poético. Los jóvenes se juntas virtualmente en pandillas poéticas cerradas y apocadas, “al modo de las peñas sanjuaneras”. Herrero teme que la globalización conduzca al cerrilismo, “eso sí, muy moderno y preparado”, ironiza.

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