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Los castros de la Idoubeda

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Castilfrío de la Sierra enseña en un Centro de Interpretación la Historia de los Castros y los Pelendones

De Numancia no sólo vive el patrimonio arqueológico soriano. El centro de interpretación “Castros y Pelendones” suma un nuevo recurso cultural y turístico. Tierras Altas saca a la luz la hasta hoy desconocida cultura castreña.

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Castrilfrío de la Sierra, que conserva uno de los mejores conjuntos urbanos de la tradicional arquitectura merinera, ofrece desde hace unos días a los visitantes la posibilidad de conocer mejor la historia de la cultura castreña.  El Plan de Dinamización Turística de Tierras Altas ha permitido contar con un centro de interpretación para difundir los secretos de una cultura desconocida para el gran público y, de paso, servir de foco de atracción turística, dada su singularidad, a una de las comarcas más despobladas de la provincia. “Tenemos la suerte de ser una de las zonas donde la cultura castrense se desarrolló y en la que existen los mejores restos”, resalta Conchi Martínez, gerente del citado plan.
Los castros se han convertido en un hilo conductor más para recorrer Tierras Altas, como ya lo son las icnitas o el románico. Las visitas se pueden concretar en la Oficina de Turismo de San Pedro Manrique o directamente al alcalde de Castrilfrío de la Sierra, Crescencio García, un hombre que transmite todo voluntad y que confía en que el recurso sirva para atraer visitantes al pueblo.
Castilfrío de la Sierra, donde viven apenas una veintena de personas en invierno, tiene el centro de interpretación de los castros pero también en su término municipal a uno de los más significativos y mejor conservados. A lo largo y ancho de Tierras Altas, existe todo un muestrario de esta cultura que se remonta al umbral del siglo VI a.C. y pervivió hasta la mitad del IV a.C., momento en el que la mitad de ellos fueron abandonados y los restantes fueron impregnados ya de una cultura celtibérica plenamente desarrollada.
De los castros ubicados en la zona septentrional de la provincia se conocen una treintena, según ha dejado documentado el arqueólogo Mario Diaz. Generaron una red de poblados forticados claramente intercomunicados, que dominaban los cursos de los ríos principales y de las vías naturales de comunicación así como la exclusividad del acceso a unos recursos naturales para satisfacer sus necesidades (comercio, metales y ganadería, principalmente).
De todo ello se puede conocer más en el centro de interpretación, que ha supuesto una inversión de 68.072 euros. El centro tiene su protagonista estelar en una gran maqueta, de dos por dos metros, que reproduce el denominado Castilejo de Castilfrío, con su muralla precedida de foso y banda de piedras hincadas. En el interior del recinto amurallado, se reproducen viviendas y algún cerrado para el ganado. Réplicas de materiales arqueológicos, paneles y carteles que dan cuenta de los secretos de la cultura castrense y de los pelendones -los pueblos que protagonizaron este trozo de la historia- y una banda sónora original acompañan al visitante en su recorrido por el centro de interpretación.  Los castros de la Idoubeda, el sistema ibérico que describió Estrabón, han abierto una nueva página en el conocimiento del pasado más remoto de lo que hoy son las tierras de Soria.

 

vida cotidiana

Agricultura de subsistencia

LA AGRICULTURA de subsistencia en estas zonas de montaña era rudimentaria y poco eficiente. Las pequeñas parcelas que se dedicaban al cultivo requerían un desbroce previo de maleza con hachas de bronce. La irregular cosecha se segaba con hoces. 

 

relaciones
Trueque de productos
LOS PELENDONES no vivían aislados. Tenían contacto con las aldeas vecinas y nuevos colonos. Intercambiaban productos mediante trueque, una forma incipiente de comercio. Había un frecuente traslado de jóvenes de un poblado a otro para garantizar la renovación genética.

defensa
Piedra para murallas y casas
LOS CASTROS pudieron albergar una población que oscilaba entre algunos cientos de personas a algunas decenas. Se caracterizaban por presentar importantes estructuras defensivas. El material de construcción de las viviendas era la piedra, en zonas de montaña.

red
Restos de castros en la sierra
en el norte serrano de las provincias de Soria y Burgos existen una red de castros que fueron morada de los pelendones. Se conservan restos de sus elementos defensivos, entre otros lugares, en San Leonardo, El Royo, Langosto, Gallinero, Castilfrío de la Sierra, Taniñe y El Espino.

construcción
Dos muros de grandes piedras
la muralla tenía dos muros de grandes piedras colocadas en seco con su cara más lisa hacia el exterior. El interior se rellenaba con piedra menuda y tierra. Los pelendones fracturaban las rocas con mazas de piedra, cuñas y cambios térmicos bruscos, con hogueras y agua fría.

RITUALES
Sin evidencias de necrópolis
NO SE CONOCE  el ritual funerario castreño porque no hay evidencias de necrópolis hasta la fecha. Quizá los pelendones incineraban a sus difuntos, tal como hacian los íberos y muchos pueblos celtas peninsulares, a diferencia de los celtas galos que enterraban a sus muertos.

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