Las mujeres y los bares de Soria
Juana Largo incide en este artículo de opinión en que los bares siguen siendo, a pesar de los cambios en los últimos tiempos, un espacio dominado por los hombres, por mor de las costumbres y tradiciones.
La competencia del órgano es ¿irrenunciable? o no

Las mujeres y los bares de Soria
Hace unos no muchos años, aparte del cambio de la peseta al euro, algo que ha ocasionado miles de perjuicios y de sobresaltos sobre todo por hacer que todo nos cueste más, que al supermercado le debamos honrar –como en el comercio en general y todo lo relativo al cambio de moneda, ya también las administraciones, los sueldos, en definitiva todo lo que se medía con pesetas-, que el esqueleto del sistema en España, se mantuviera, aún, soportando las estructuras económicas de la UE, e incluso dándose multitud de injusticias en lo que debiera ser igualitario, es decir la transformación financiera en transformación económica, pero no vertical, sino horizontal, pues todo ello, lo que ha pasado con tal revolución, también se ha tenido en cuenta para que se dé una UE de ricos y otra de pobres.
Luego vino lo del asunto del tema de cambios en los bares, prohibiendo el Gobierno que se fumara en el interior, ahora también exterior, de los bares
Una de las cosas que se decían por parte del personal era que así los bares, esos recintos donde antaño se daban las conversaciones de amigos para tratar de resolver los problemas del mundo entero, estarían más abiertos a la diversidad de público consumidor, pero teniendo en cuenta el que, antes, en los bares, se fumaba mucho e incluso ello, las nuevas ordenanzas, vetaba no solo a los fumadores, sino a todo aquel que fuera a un bar y se quisiera hacer suyo, todo el bar, de él.
Y no dejaba de ser curioso que las gentes se preguntaran por los usuales parroquianos de antaño, los hombres, y dijeran o calibraran que ahora podrían entrar en los bares, las señoras, a las que les sentaba mal esa dosis de tabaco y machismo que en tales instalaciones se daba. Ahora han podido entrar las mujeres, más mujeres, queremos decir. Aunque a lo que vamos es que otra vez la burra va al trigo.
Libertad sí hay, claro, y es frecuente que los grupos de mujeres, no fumadoras, entren a los bares a sus tareas de reuniones y alternes y festejos. Pero lo que no ha ocurrido realmente es que ahora las mujeres puedan decir, como los varones antes, que el bar es nuestro, porque las costumbres de los bares dan tradición y prevalencia a los hombres y ahora siguen entrando hombres, este es el problema, que, aunque no se fume, los señores ocupan gran espacio en los bares y en su imperiosidad, con lo cual las mujeres no podemos sentirnos holgadas, no ya porque los hombres se suelan concentrar en ellos, ni porque nosotras nos detengamos y no entremos en un sitio ancestral de los varones.
La burra se ha vuelto al trigo y ahora, ahora mismo, entran más caballeros que señoras, con lo cual aquella rotura de la tradición no se ha cumplido del todas, con lo cual es que, o parece ser formalmente, que las mujeres no sean muy frecuentadoras de los lugares de esparcimiento señalados en estas líneas.
Los hombres siguen entrando en los bares como si hubieran sido suyos desde tiempos inmemoriales y las chicas que entran suelen ser más tímidas y las están haciendo taimadas en un progreso que no es progreso pues el varón sigue ocupando –al menos es lo que yo veo- los lugares principales de ellos y los lugares de privilegio bien para tomar una caña o un café o, simplemente, para conversar los amigos y conocidos sobre los temas de la actualidad mundial, también de la local.
Lo que es penoso es que las mujeres todavía tengamos que tratar de pasar como desapercibidas para estar en un bar, y que los hombres sigan usurpando los lugares de libertad y de esparcimiento haciendo que ellas no puedan entrar o se vean con dificultades para estar en tales sitios.
A muchas mujeres les da vergüenza seguir esa posible norma instalada por Ellas, para entrar en tales abastecimientos y que, el ir al bar, es una cosa de hombres en la cual se puede dirimir el ritmo del mundo con conversaciones atroces sobre la realidad, la que se dé, la de la localidad o la de la provincia o de la región o el país en relación con el mundo. ¡Y las mujeres, hala, que se busquen otros sitios!... Pues qué va a hacer una mujer sencilla que entra a un bar y en el cual ve el grupito de hombres en conversación y dándose cuenta de que ese sitio no es para ella.
Por lo general las chicas van a estos lugares en forma de grupo y entablan el habla de sus propias cosas, pero no se da mucho eso de que una mujer, en un bar, esté mucho tiempo como hacen Ellos, porque no pega en las costumbres ancestrales eso de que Ellas tengan el bar comprado. Son los varones.
Y por supuesto, estas actitudes llamarían la atención de los antropólogos, porque ellos mandan y ellas obedecen, es decir que el mundo era machista, luego un paréntesis de feminismo, y ahora parece que se vuelve al predominio macho.
Con esto lo único que se gana es que los think tanks no arreglen el mundo en un plis plas y que las mujeres, dada la supremacía masculina, tampoco es que arreglen el mundo, pues parece estar hecho para que ellos se presenten en situación de solucionar todo. ¡Lo que son las cosas!
De todos modos, esto de que intervengan las leyes, no quiere decir ello que se fueran a cumplir. Lo que predomina en España es la costumbre y la tradición, no las leyes. Y lo que arrastra al personal es la tradición teniendo en cuenta que el futuro no suele ser halagüeño, aparte de que no se deja pensar, los pensares de cada persona cuando existe tanta Mercadotecnia y todo eso en relación. Hoy por hoy casi todo se rige por la tradición, con el “Miedo a volar” y todo eso. La educación general de los centros de educación no logra convencer a los educandos en una sociedad que debiera ser más nueva y más abierta y más tolerante.
Fdo: Juana Largo