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TRIBUNA / J:A González Sainz sale al rescate

Reyes Juberías, presidenta de Soria Edita, resalta el valor del último libro del escritor José Ángel González Sainz, que reflexiona en cuatro capítulos sobre algunos de los males que acechan a la sociedad en la que vivimos.

TRIBUNA / J:A González Sainz sale al rescate

A Pilar de la Viña 

Los dioses condenaron a Sísifo durante toda la eternidad a arrastrar una pesada piedra hasta la cima de una montaña desde donde volvía a caer por su propio peso. El mito ha sido interpretado en muchas ocasiones como el justo castigo a un ser astuto y artero que, llevado por su ambición, había desafiado el orden establecido.

Mucho más interesante para mí es la interpretación establecida en el ensayo de Albert Camus sobre el personaje mítico. Para el autor francés, cuando Sísifo toma conciencia de su desdicha, alcanza la aceptación que le permite liberarse de su tragedia y hacer catarsis del sufrimiento. A partir de ese momento, la condena que cumple Sísifo se convierte en la búsqueda de sentido a su esfuerzo inútil e incesante en un universo indiferente y carente de significado.

A lo largo de la historia, han sido muchas las corrientes filosóficas y religiosas que han influido y condicionado la cosmovisión y el sentido de la humanidad. Actualmente, los frutos de la Ilustración y la cultura humanista que atesoraba Europa parecen haber desembocado en un mundo yermo de razón y abonado de sensiblería, que prioriza el subjetivismo y el relativismo, y que vacía de significado el lenguaje a base de retórica cínica. Con estos mimbres, consensuar principios universales y aplicarlos es pura quimera. Para el Posmodernismo que nos asola, la realidad, la razón y la historia no existen como tal: todo es una construcción conceptual que depende de la perspectiva. La negación de (la búsqueda de) la verdad ha dejado vía libre al sesgo ideológico y al dogma. Como consecuencia de todo lo anterior y de otros factores relevantes, nuestra cultura milenaria ha ido quedando sepultada bajo la tiranía de la apariencia, la mediocridad y el narcisismo identitario, donde los mitos fundacionales de Occidente se han cambiado por personajes de TikTok que dicen “generar contenido” desde su menesterosa vacuidad.

La confluencia de todas estas circunstancias distópicas produce desasosiego, impotencia y algo de melancolía. Algunos recurrimos al consuelo y al vigor estimulante que ofrece la buena literatura: aquella que propicia la rebeldía y la crítica frente a lo establecido, hace cuestionarnos las creencias personales y hasta genera una insatisfacción íntima contra la vida tal como es. Ahí es donde recala de lleno la obra de J. Á. González Sainz, que nos urge siempre a huir a lo real, atendiendo con sosiego cada cosa que oímos y decimos para poder entender y entendernos, denunciando el lenguaje tramposo y los paraísos creados con engaño. El autor nos invita a iluminar la realidad con una percepción trascendente que expanda nuestra conciencia acerca de quiénes somos y de nuestro propósito vital, no solo como individuos, sino como colectivo. Su escritura se afana en cultivar la meditación filosófica y la reflexión ética, y en emprender la búsqueda de un nuevo modo de mirar y vivir, contrario a la banalización, la intolerancia y el ensimismamiento, con una prosa virtuosa que acompasa con mimo cuanto cuenta.

Sus libros me sugieren que habrá que plantar cara a todo y a todos los que desprecian lo elevado, lo honesto y lo esforzado; buscar el sentido y el gozo de lo grande, pero también de lo pequeño y cotidiano; en definitiva, combatir el nihilismo imperante. Sus novelas, relatos y ensayos me recuerdan que la condición humana es tan limitante como perfectible y que, en ese trecho entre los extremos, nuestras decisiones, por simples que sean, determinarán nuestro destino junto a otros dos componentes esenciales: el azar y nuestro propio carácter. Me gusta pensar que, así como Sísifo fija su reto en llegar a la cumbre una vez más, también nosotros podemos considerar aisladamente cada desafío y enfrentarlo sin sucumbir.

En la interminable lucha que cada uno libramos contra la debilidad, el fracaso, la hostilidad y cualquier forma de desamor, la obra literaria de González Sainz sale a nuestro encuentro y nos rescata para darnos la réplica alentadora que nos mantiene erguidos en las sucesivas contiendas y nos dota de la dignidad que nos redime y acompaña en las derrotas. En su compañía, caminar montaña arriba deja de ser una tragedia solitaria sin sentido.

Fdo: Reyes Juberías, presidenta de Soria Edita

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