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Opinión

Las amistades de mujeres

Juana Largo incide en este artículo de opinión en las amistades entre mujeres, en una sociedad que se riege cada día más por un materialismo obsceno.

Las amistades de mujeres

Ahora se puede decir: ahora que un concepto o un sentimiento se va devaluando, como ocurría antiguamente, con el “amor”, ahora se puede decir que, frente a tal palabra con su significado, se presentan otras como son el interés, la rentabilidad, la indiferencia, el desprecio, el rechazo, el racismo, todas las fobias que ocupan como paradigma nuestro tiempo, el seguir en la carrera neo-darwinista como son las nuevas palabras de esta denominada postmodernidad.

Ahora no se hace todo por amor, a no ser un amor muy fuerte y arraigado que nos mueva a cubrir montañas; ahora lo que se hace, por ejemplo, entre los grupos de personas, entre los conocidos y entre las parejas, es todo lo contrario a lo que se entendía antes por amor. Esto no quiere decir que todo lo de antaño fuera válido, no. Pero algunos conceptos y sentimientos solo se mantienen en las rendijas o en los intersticios de los edificios humanos.

Ahora no se “ama”, ni “se es amado” más que en ámbitos muy secretos.

Ahora predomina el factor dinero, o la vanagloria o el querer (¡sobre todo en nuestra España actual!) manejar a los demás para nuestros particulares fines; ahora predomina la ganancia crematística, el asesinato, el hurto, el sinfín de sin-valores que nos llevan a la soledad y a la falta de sicología particular entre las personas.

En realidad ahora no nos consideramos todos personas, sino algunos solamente mulos de carga para que nos lleven los sacos de oro, los porteadores esclavos, ahora no hay entendimiento más que en la administración comercial, ni siquiera se sostiene el mito de las relaciones afectivas, todo, todo, no por indiferencia sobre todo, sino por odio; ahora predomina el placer o el sexo, ahora predomina el pecado aunque se vean muchas procesiones, y ni se tiene concepción clara de Cristo, ni en esta Semana Santa ni en la anterior ni en la siguiente: todo se mide por intereses materiales del materialismo más obsceno y asqueroso, ahora que cada uno de nosotros, aunque algunos se declaren, cara a la galería, “demófilos”, ahora predomina el egoísmo más visceral… 

Por eso que queremos traer aquí a colación un aspecto del amor como pueda ser el amor entre las mujeres, o, mejor: “la amistad entre las mujeres”.

Y es que queremos dejar ahora de lado la amistad entre hombres, la supuesta solidaridad de los seres humanos, las parejas de casados heterosexuales y las que solo se privan por el egotismo más barato.

El emblema de nuestro tiempo es el de las guerras inmisericordes y cobardes que algunos nos están haciendo. Pero de amistad poco habla la gente, no de esa amistad de los cuatro amigos que se ponen hasta el culo de beber cervezas en una fiesta, todo eso ha pasado a la historia y, por tanto, siendo un placer-valor excluyente para los demás, en ella se queda, porque en estos tiempos existe el miedo y casi todo el mundo trata de no dar la espalda, por lo que haya detrás…

Antaño las mujeres vivían y se casaban y se debían al matrimonio, esa institución aviesa que reinventaron los nacional-católicos y que esgrimían como un baluarte de su defensa nacional (?). Por eso que las mujeres no tenían mucho pase ni para llevar el matrimonio ni para hacer reuniones feministas, cuando hasta eso de hacer una amistad más cercana o íntima con una mujer estaba prohibido y andaban los convencionales por ahí con sus mujeres del brazo para circular bien en sociedad.

Las amistades de las mujeres son un bien que nos deja parte de la historia. Cuando una ve que está con más mujeres y que se da una relación especial entre nosotras o entre ellas, una puede decir que van bien las cosas, que el mundo anda mejor y que no se debe cada mujer a nuestro marido. 

Cuando, en el mapa de un mundo indiferente u odiante de lo humano, vemos que, por ejemplo, un grupo de mujeres o de chicas, hacen cohesión, entonces vemos que no tiene por qué existir un grupo de hombres que nos domine. Así es como se conquista la libertad (y que no tenemos por qué tener miedo y echar abajo los presupuestos de libertad que nos pudiera presupuestar una Carta Magna democrática) y así es cuando se dan pasos adelante en el progreso del cual estamos todos pendientes. 

Y el ver a unas mujeres por la calle, en los grupos de trabajo o de ocio en que nos encontremos, nos dicen que vamos para adelante y que, si no se da otro tipo de relación con las personas, tenemos por lo menos nuestro equipo para irnos por ejemplo de picos pardos, que es un decir. Aunque lo que queremos decir es que, si un grupo de mujeres se forma, podemos aspirar a formar grupos positivos de personas que se sostengan por su autonomía y su comunicación, no de “Tea Party” por ejemplo, sino de intensa vida en ese grupo que podría hacer cambiar el mundo de esa localidad donde las mujeres amigas, se desarrollan y viven sus sueños.

Bueno, todo esto puede ser una impresión, mas cuando vemos por ahí, en la calle, un grupo de mujeres contentas y con la confianza que dan, podemos ver que el mundo puede ser de otra manera al que nos presentan las sociedades que quieren instituciones desorientadas, es decir, que hay algo más acá que derrocha vida y no precisamente vida burguesa de tener que ponerle cada día una vela al santo que nos toque ponérsela. A los hombres les suele fastidiar el ver un grupo humano de mujeres que vamos a nuestro aire. Por algo será… Incluso las reuniones de “brujas” que se daban en el mundo civilizado hace unos pocos siglos, hablaban de que se podía pasar a un mundo de otra forma. No hablamos ahora de que su temática de defensa de sus proposiciones fuese válida, aunque vemos que se podía dar por ejemplo la fuerte solidaridad y el espíritu de hermanamiento. Mejor que la pánfila ilustración burguesa, cualquier cosa…

Fdo: Juana Largo

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