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TRIBUNA / Quiero ser como Pedro

Antonio Fernández de Luis, con buenas dosís de humor, retrata en este artículo al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, toda una personalidad capaz de hacer lo contrario de lo que prometió hace dos días.

TRIBUNA / Quiero ser como Pedro

He visto portada del libro sobre Pedro Sánchez, en que aparece guapo, sonriente, bien maquillado y trajeado y enseguida he pensado: “Yo de mayor quiero ser como Pedro Sánchez”. Además tiene sentido del humor porque el libro se titula  Tierra firme, cuando él solo la pisa al bajarse del Falcon.

Sus adversarios le derrotaron el 28M y, siguiendo el proverbio árabe, se sentaron a la puerta de su casa para ver pasar el cadáver de su enemigo; pero el muerto estaba bien vivo y más tarde fue nombrado presidente del Gobierno. Los que siempre vamos con los ganadores tenemos que acordarnos de otro proverbio árabe: “Apresurate a besar la mano que no has sido capaz de cortar”.

Yo, como la madre del Lazarillo de Tormes, que se juntó a los buenos para ser uno de ellos, quiero ser de los buenos. Tengo pruebas de que no estuve en esas manifestaciones contra la amnistía, con 4 millones de asistentes según los organizadores y cuatro gatos según las delegaciones del Gobierno, que son las que saben de eso; estuve en casa viendo TVE1 y leyendo la tesis doctoral del doctor Sánchez.

Un espíritu evangélico. Pedro Sánchez afirmó en tiempos que era ateo, pero se comporta como un buen cristiano. Hace de la necesidad virtud, pone la otra mejilla cuando los separatistas le abofetean y, según manda el Evangelio, perdona “no una sino hasta setenta veces siete” a los que le ofenden. Como el padre del hijo pródigo, envía gozoso sus emisarios a Bélgica, para que reciban a Puigdemont.

Aplica especialmente aquello de que “la piedra que rechazaron los arquitectos es ahora la piedra angular” (Mateo, 21). Los arquitectos fueron los electores baleares, que rechazaron a Armengol, que ahora es la tercera autoridad del Estado; fueron los que rechazaron al alcalde de Valladolid, que ahora es ministro y portavoz del PSOE en el Congreso. A Gabilondo, tras su fracaso en Madrid, lo hizo Defensor del Pueblo; a Fernández Vara lo ha hecho vicepresidente del Senado y Zapatero, fracasado en 2011, es ahora su hombre de confianza.

A Bolaños le ha dado tres carteras, para que controle los tres poderes básicos del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Es una buen fórmula que ya Franco incluyó en su ley de 1967: “Unidad de poder y coordinación de funciones”. Solo falta encargarle también de las relaciones con la prensa, para tener más controlado a ese cuarto poder, que a veces se desmanda.

Al margen de este reparto de gabelas solo queda de momento su amigo del alma Daniel Viondi, el concejal que dio tres cachetes al alcalde de Madrid. Se le podría buscar una buena embajada, en la Argentina o en Holanda, para que abofetee, por fachas, a los presidentes recién nombrados de esos países.

El Muro. Contra esa derecha fascista y retrógrada, que nos quiere retrasar 30 años, hasta la época de Felipe González, ya no valen ni rayas rojas ni cordones sanitarios. Sánchez que, como admirador de Largo Caballero, es republicano y demócrata, va a construir un muro, como el de la República Democrática Alemana. No será un muro de hormigón sino virtual; pero tendrá troneras, desde las que Oscar Puente disparará contra la oposición, y aspilleras, para que la ministra Alegría lance sus flechitas o dé pellizcos de monja a los que se acerquen demasiado.

Txapote. Los enemigos de Pedro Sánchez, insensatos, dijeron: “que te vote Txapote”. Y sus deseos se han hecho realidad: ahora es presidente gracias a los votos de los amigos de Txapote en el Congreso. Sería bonito corresponder a ese detalle cambiando el nombre al Pabellón multiusos Buesa Arena, de Vitoria, por el de Txapote Arena, Dienteputo Arena u otro que guste más a los nuevos socios del presidente.

Pérez-Reverte, aunque ha mostrado su admiración por Pedro Sánchez, lo ha calificado de inmoral, maquiavélico y cínico, capaz de vender a su madre. Yo, dejando al margen esas cuestiones éticas, que son peccata minuta, de mayor quiero ser como Pedro.

Bibliografía. Erasmo, Elogio de la locura, Jorge Luis Borges, Historia universal de la infamia; Schopenhauer, Arte de tener siempre razón; Pedro Sánchez, Manual de supervivencia.

Fdo: Antonio Fernández de Luis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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