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TRIBUNA / Cerro, Cerro, Cerro y Cerro

Ángel Coronado replica en este artículo de opinión a la petición del alcalde de la ciudad para que todos los ciudadanos, y en especial las asociaciones que rechazan el expediente urbanístico del Cerro de los Moros, se pongan detrás del equipo socialista de Gobierno en la protección de este paisaje cultural. 

TRIBUNA / Cerro, Cerro, Cerro y Cerro

TRIBUNA / Cerro, Cerro, Cerro y Cerro

No estamos tranquilos con usted, alcalde. Defendemos el Cerro de los Moros y lo vamos a seguir haciendo, pero para estar tranquilos no nos vamos a poner detrás de usted. Nos vamos a poner delante para preguntarle a la cara, pero no para que usted nos responda: “que sí, claro, que sí, que sí, claro, claro”, sino para decirle que no tenemos muy claro eso del pecado original. Tenemos claro que usted nos quiere manchar con ese pecado, y tenemos claro también que no nos vamos a poner detrás de usted. Primero nos mancha usted y luego nos dice que le sigamos de camino al quitamanchas tintorero.

Ya estamos delante de usted, pero usted no está. O está purificándose para venir purificado ya, o ya se purificó. No lo sabemos. No sabemos quién es usted, alcalde. Solo sabemos que alcaldes en Soria no hay más que uno y ese uno es usted pero no sabemos quién es usted. Parece mentira pero es verdad. Tampoco somos ni estamos huérfanos. Tenemos alcalde, pero sin saber quién es. Sabemos, Pepe, que no eres alcalde, ni yo, ni tú, Juan, ni Carlos ni Andrés, Santiago, Paco. Sabemos también que no sabemos si alcalde, así a secas, alcalde a secas, tiene mancha original o no, que acaso ya se bautizó. Sabemos también que alcalde, alcalde a secas, tiene poder, poder a secas, que no entramos en lo que no sabemos y por eso decimos que tiene poder, poder a secas, que tiene la pura brutalidad del poder. A secas, el poder, es pura brutalidad. No estamos tranquilos con usted, alcalde, pero delante o detrás de usted lo vamos a estar. Aunque se dé usted la vuelta para tenernos detrás, siempre estaremos ante y delante de usted.

Ante la sola y pura brutalidad del poder, ante usted, fuere usted quien fuere, estamos, están, cogidas todas de la mano, una muchedumbre brutal de puras razones, una muchedumbre brutal de puras certezas, de pura honestidad y franqueza y verdad. Y sobre todo está la pura brutalidad de todas esas cosas juntas, la pura brutalidad de una muchedumbre que aún silenciosa, es una muchedumbre brutal, una cosa común que, siendo una, una por una lo son todas. Ni Pepe ni Paco lo saben, ni todos los demás, uno por uno y con ellos, tampoco lo saben, pero todos juntos, ¡qué brutalidad, qué brutalidad! Nadie lo sabe pero ahí está eso a lo que se llama común, sentido común, cosa común, esa cosa que no tiene delante ni detrás ni vuelta de hoja pero que ahí está. 

¿La pura brutalidad de lo común?

No. La pura brutalidad de lo común no. Que lo común no es cemento del que une piedra suelta. Solo es aquello que, siempre a la cara, siempre adelante, la pura brutalidad del poder encuentra ineluctablemente. Y esto es así.

¡Oh paradoja! Quien lo sabe mejor es ese don nadie, esto es así. No hago más que preguntarle, nos deshacemos a preguntas, pero don nadie no contesta, porque si contestase ya no sería don nadie. No nos oye, toda la brutal muchedumbre de lo común, uno a uno, siempre uno por uno, se lo pregunta, pero a nadie oye don nadie. Que no tenemos claro eso del pecado original. Eso del pecado original es lo único que dice don nadie, y no se lo dice a nadie porque nadie sabe lo que no sabe a no ser don nadie y  porque todos sabemos lo que sabemos excepto don nadie. Es por eso que lo tenemos enfrente, ¡oh paradoja! Menudo pibe ese don nadie. Solito sabe lo que no sabe nadie

¿Y qué de la pura brutalidad del pecado original?

Sí, esa sí que es una pura brutalidad. En su forma original se llamaba herencia envenenada, otra purísima brutalidad que viene a ser igual a su progenitora. Y en el reloj de la audiencia ya no suenan campanadas. Solo suena esa frase inexplicable. Nadie la entiende

Todo el que venga a defender el Cerro de los Moros, que se ponga detrás de nosotros

¿Detrás? Pero Don nadie: ¿dijo usted detrás? ¿Por qué detrás? Ande, díganos porqué detrás y no delante. Nadie lo entiende. Una formidable muchedumbre común que apenas se sabe formidable porque solo don nadie la ve. Y va y le dice que se ponga por detrás.

Fdo: Ángel Coronado

 

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