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"Candados del amor", en pasarela sobre el Duero en Soria

Casi quince años lleva la pasarela peatonal sobre el río Duero, que comunica el paseo de San Prudencio, con la ermita de San Saturio, sirviendo para cumplir la tradición de colocar candados para que los enamorados expresen su amor eterno.

La famosa tradición implantada en 2006 en el puente romano Milvio de que las parejas cuelguen candados con sus nombres en el poste de la luz del mismo como señal de amor y luego arrojar la llave al Tíber sobre sus hombros llegó a Soria en el otoño de 2009 y lo hizo al río Duero en la pasarela que conecta San Saturio con el paseo de San Prudencio.

Al principio, fueron pocos los candados que lucían en las barandillas de la pasarela, pero poco a poco fueron proliferando hasta alcanzar las dos centenas en la actualidad, después de casi quince años de esta particular tradición.

La costumbre llegó a España de la mano de los alumnos de Erasmus italianos, en cuyo país las parejas tuvieron que poner fin a esta costumbre en abril de 2007, ya que ese día a causa del peso cayó el poste con candados representativos de miles de amores.

En España se puso de moda en las grandes ciudades fluviales. Así, en Sevilla, en el río Guadalquivir, estuvieron poniendo candados en el  puente de Trianaa, hasta que el Ayuntamiento los retiró y puso multas. En Zaragoza, en el río Ebro, el elegido fue el puente de Santiago. En Murcia, en el río Segura, fue en el puente viejo o puente de los peligros.

A partir de 2016 fueron siendo retirados poco a poco, alegando las autoridades problemas de salubilidad por la corrosión de los candados.

Son conocidos como los “candados del amor”, y para que la pareja selle definitivamente su amor y que este dure para siempre hay que tirar la llave al río para que el candado ya nunca se pueda abrir.

Venecia, París, Dublín, Verona..., han sido muchas más ciudades europeas que se han rendido a esta moda –tan amada como odiada– de jurarse amor colgando un candado en un puente y arrojando la llave al río.

Aman la costumbre (aunque ni siquiera todos) los enamorados, los turistas, los curiosos. Y la detestan los responsables del patrimonio de las ciudades en cuestión, que ven los inocentes instrumentos metálicos como una auténtica amenaza al patrimonio arquitectónico.

La pasarela peatonal del río Duero, en Soria, se construyó en 1993 y su antecedente remoto fueron las pasaderas construidas en 1943 que evitaban el paso por el puente de hierro, entonces frecuentado por trenes.

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