De mascotas y mastuerzos. Para mirar al cielo
Leonor del Río incide en este artículo de opinión en uno de los problemas que más de un vecino de Soria cita cuando pasea por la ciudad: la suciedad que dejan los perros en el suelo, en el rincón menos inesperado, por la falta de educación de sus dueños. Insta al Ayuntamiento a tomar medidas.
Una huelga de majaderos

De mascotas y mastuerzos. Para mirar al cielo
El pasado 18 de abril El Mirón tuvo la deferencia de publicar un pequeño artículo mío en el que preguntaba irónicamente al Ayuntamiento si, a la vista de la generalizada decoración que se da en Soria con los orines de los perros en fachadas y aceras, también mis nietos estarían autorizados, o tolerados de facto, a mear en las aceras de la ciudad.
Hubo amigas que me criticaron por, decían, lo improcedente de tan ordinario léxico. Yo, encomendada a Nuestra Señora de las Aguas, les invitaba a darse un paseo, por ejemplo, por la acera de la avenida de los Duques de Soria en el tramo paralelo al precioso Rincón de Bécquer. ¡Eso sí que es ordinario e improcedente! A mí lo que me resulta violento, vergonzante, es el acceso a la Alameda/Perrera de Cervantes por esa acera. Por no hablar de las zonas verdes del parque, habitualmente sembradas de cacaperros. Algunas y algunos estamos hartos de llevarnos a casa, desde el Alto de la Dehesa, parte de las mismas en las zapatillas. ¿Qué penosa imagen se llevarán los visitantes de mi ciudad?
Quiero decir a esas amigas que he presenciado cómo un pequeño, de unos dos añitos, acompañado de sus abuelos, orinaba olímpicamente contra la fachada de un edificio de viviendas en la capital.
¿Qué decirle si estará acostumbrado a ver a los perritos hacer eso mismo en todas las aceras? Quizás los abuelos tienen también una mascota y nada les extrañó de su pequeño. En fin…
Virgen santa, ¿a qué espera el nuevo alcalde para aprobar unas ordenanzas que obliguen a portar una sencilla botellita de agua a quien pasee con una mascota? Y, por qué no, a exigir el uso de braguero con pañal a todas las mascotas que utilicen los espacios públicos. ¿No los usan personas mayores con problemas de retención? ¿O es que mean colonia los perritos y perritas en sus dulces vidas de mascotas? Ya sé que el problema no es de esos pobres animalitos, que el problema son esos pocos maleducados dueños, auténticos mastuerzos, que desprecian al resto de humanos. Ordenanza y palo-multa al infractor, no hay otro camino para educar a esa gente incívica.
Y claro, de nada servirían unas ordenanzas tan humanizadoras (al gusto del Ayuntamiento) si no se acompañan de la necesaria vigilancia. Exigencia, además del uso de la obligatoria correa, de portar botellita de agua, bolsas para zurullitos y zurullazos y pañales perrunos obligatorios. De ese modo no sería necesario pillar al infractor “in fraganti”; bastaría con exigir a los dueños la exhibición de esos tres elementos: botella, bolsas y braguero con pañales. Y por aquello de la ejemplaridad, publicar en la prensa las sanciones impuestas.
Con tan sencillas medidas, y tal como soplan los vientos, es seguro que Soria sería un ejemplo para muchas otras ciudades. Por todos los cielos, ¡el torrezno y el braguero señales inequívocas de la contribución soriana al progreso de la Humanidad! En España tenemos unos 7,5 millones de perros registrados y del orden de 4,5 millones de niños menores de 10 años (6.4 millones menores de 14), lo que nos asegura, Madre del Amor Hermoso, un futuro cargadito de problemas perrunos.
A este paso terminaremos todos los sorianos por caminar mirando al suelo en vez de gozar de nuestro maravilloso cielo, con ese azul que sorprende y cautiva a propios y extraños. ¿Que por qué?
En primer lugar para no regresar a casa con los restos de un zurullo perruno en el zapato, y, en segundo y más dañino si cabe, para evitar, dado el penoso estado de las aceras, torceduras de tobillos o caídas con, a veces, graves consecuencias.
Otro día hablaremos de las aceras. Se están convirtiendo en peligrosos circuitos de deportes de riesgo. Raro es el día que no me entero de una nueva caída de algún o alguna conocida. En no pocos casos con rotura de pierna o cadera. Sí, somos muchas las personas mayores en la ciudad, sí. Pero precisamente por eso, almas de cántaro, las aceras tendrían que estar, como decía mi marido, en perfectas condiciones de revista. Las que ya tienen años por viejas; las nuevas por su desastrosa calidad. Pero no se salva ni una. ¿Habrán oído hablar en el Ayuntamiento del verbo conservar, o del equivalente mantener? Realmente hay que armarse de valor para salir a dar un paseo mirando al frente, la fachada de algún que otro edificio singular, o ese cielo puro que reclama nuestra mirada.
En resumen, ordenanzas, limpieza y mantenimiento de aceras, y vigilancia para “educar, vía multas,” a esos mastuerzos, ahora incontrolados, con mascotas perrunas que no se merecen. Y que así podamos disfrutar de la bendición de este cielo azul tan soriano.
Fdo: Leonor del Río