Vendedores de peines para calvos

Por Juana Largo
Escritora
Juana Largo reflexiona en este artículo de opinión sobre la capacidad que tienen algunas personas para conseguir el éxito y hacerse ricos con su capacidad para engañar con la palabra a sus semejantes, desde el vendedor de crecepelo hasta el político.
El futuro es un mar de deterioros, un oleaje incesante de catástrofes

Vendedores de peines para calvos
El mayor milagro es esta venta, no que te crezca el pelo.
En nuestros tiempos, alguna vez, todos nos hemos preguntado por el éxito.
De niña yo tenía un libro comprado por un familiar titulado algo así como “Hágase rico criando conejos”
Por supuesto, no conseguí el éxito de esta manera; de todos modos me dio que pensar cuando veía en la tele los programas de magos que hacían salir conejos de la chistera: ¡aquellos sí que eran ricos, si tenían tanta facilidad para conseguir conejos! Esto me maravillaba. Podía ser maga y lo que pasó era que no aprendí las virtudes de usos de los magos, y me quedé estancada en el principio de la profesión (una profesión que, luego, nuevamente por la televisión, vi en su mayor excelencia con Juan Tamariz), pero, por supuesto, en lo que sí me fijé fue en el cariz del éxito, que se podría traducir por el dinero como éxito, pero para muchas personas. Y vi que, con respecto a ese libro, el gran éxito se encontraba en los señores editores, que vi que, por cierto, eran catalanes, cuando funcionaba una gran capacidad de trabajos de los catalanes en la industria editorial. ¡Un acierto editorial aquel libro!
En nuestro camino como españoles, uno de los caracteres de muchos de nosotros, aparte de que fuera mal o bien el régimen, se podía decir que vivíamos en una especie de “american way of life” que nos hacía soñar con algo mejor a todo aquello en lo que andábamos inmiscuidos. Y nos podíamos preguntar, con nuestras dudas por entonces que ¿cuál era la mejor manera de forrarse? Una pregunta que, en la actualidad nos ha servido todavía para tener ilusión. Nos seguimos preguntando por tal asunto. Y alguna que otra persona puede decir: “Los pobres trabajan para tener éxito.” ¿Y los demás? Claro, tenemos que seguir adelante todos con la rutina del engranaje de “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin.
En el engranaje de esta modernidad que ahora va bastante vacilante por el camino. Y otra pregunta: “Si uno quiere el éxito acelerado, puede inventarse no solo monedas falsas, sino algo más acelerado todavía y que no transgreda la ley, ¿no puede entonces inventarse algo, como aquellos magos excelsos sabios que nos daban ejemplos? Si no tienes tiempo, ni una porción adecuada básica como un poco de caudal para estudiar para mago, puedes mirar por otro lado.
El oficio de vendedor está bien, pero el oficio de vendedor de crecepelo es uno de los más habituales y muy querido en esto de las ventas. En ferias, en sitios recreativos, en diversas partes de venta populares, puede tomar plaza muy bien un vendedor de crecepelo. Pero el colmo de los colmos es otra variación en esto del tema de la naturaleza humana.
El colmo sería, para tener éxito total, el vender peines para los que no tienen pelo o están calvos. Para eso hay que saber, el vendedor tiene que saber, más que los de Lepe. Aparte de hacer ver al público atento o expectante, las ventajas del peine, se puede hasta demostrar “in situ” cómo se puede peinar un calvo. Nos dirían que esto es un delito, pero esto no lo prohíben los religiosos. En muchos sitios populares lo hemos podido ver.
Este es el método. Ahora bien, hace falta ser un ángel de la retórica de las palabras y del estudio del marketing con sus debidos sondeos o exploraciones de lugares susceptibles de venta y del ilusionismo el acertar para tal empleo. Es, si tienes éxito, mayor mérito que ser rico sacando de la chistera un conejo tras otro. Y esto no es que pase en lugares de la España de camisa blanca y canto de emigrante o hasta hondo, no, esto es ahora mismo, algo que se da en muchas partes y no solo en España, todos lo sabemos.
Por ejemplo, muchos políticos actuales, no solo en Hispania, lo consiguen cada día, cada día que hay unas elecciones consiguen tener éxito con su política. Y es que debe ser que el público de la feria les vota, diga lo que diga el político, aunque llame a los espectadores “idiotas”, aunque se lo diga a la cara. ¡Vaya portentos los políticos con esta suerte de que les voten porque sus fans y sus aproximados toman nota de lo que les dicen esos líderes!... ¡Un chollo! ¡Así cualquiera es gobernador de un país!... Y nos decimos que el asunto no es tan sencillo porque hay que valer para eso.
Un político cualquiera no sirve para eso. Es mejor uno de estos de los que han seguido el “american way of life” y que están avezados en las lides de compra-venta y diversiones varias, junto a grandes montañas rusas, juegos de dados alrededor y unos buenos tiovivos cerca, sin olvidar las modestas casetas de tiro y los grandes altavoces y musicales en derredor y de las alturas, de donde viene lo sublime…, de las clases populares. Porque si se entrenan bien, pueden llegar a ser bastante eminentes. Más de lo que se creen ustedes, queridas lectoras y queridos lectores. Aunque, en Soria todavía estamos todas y todos esperando un milagro de San Saturio para con el trabajo que hayamos tomado. San Saturio, que es nuestro patrón, tiene que estar harto de hacer milagros y favores en secreto, y lo que pasa es que no se nos traslada ese negocio a todos, constreñidos a un trabajo en el que vamos a parcelar hasta el orinal para venderlo… Ya lo decía –y no sé si nos hemos dado cuenta- la canción: “La vida es una tómbola…”
Temas relacionados