Una miradita al campo

Por Mario González
Abogado Maútiko Abogados
Mario González incide en este artículo de opinión en las causas de los problemas que arrastra el sector primario en España y, por extensión en Soria, algunos de ellos debidos a una Europa que prefiere vender otros productos. La solución, resalta, también pasa por los consumidores.
Vendedores de peines para calvos

Una miradita al campo
Una nueva tractorada amenaza con complicarle la vida a los ciudadanos. Tratan de poner el foco sobre el sector primario. Denuncian su paulatina ruina porque los costes se comen la productividad. Advierten que, si dejaran de producir, los alimentos se pondrían por las nubes y que ello supondría, además, una amenaza estratégica al depender de países extranjeros. No es exactamente así. Vamos a echarle una miradita al campo.
España, por su clima y orografía, permite una gran variedad de producciones agropecuarias y pesqueras. De hecho, somos una potencia agroalimentaria, tanto en producción como en transformación. Sin embargo, el cereal, la vid y el olivo, lo están pasando mal. Tanto, que prueban cultivos alternativos y mecanizados como las almendras o los pistachos. No obstante, la climatología y el agua imposibilitan un cambio en muchos territorios. El cereal está en los 230€/Tm con un coste de 700€/Ha, exigiendo rendimientos por encima de los 3.000 kg/Ha para ser rentables. El virgen extra está en los 3€/kg, pero cuesta entre 3 y 5€, dependiendo de si es regadío o secano. En La Rioja, la tinta del país ronda los 0,75€/kg, mientras el coste de producción se va al euro. Esto es lo que denuncian.
Se olvidan de los cambios en el sector alimentario. Con el siglo XX llegaron las conservas en lata. Después, en los 60, los congelados y, en los 90, las verduras limpias, cortadas y envasadas. En el XXI, estrenamos la quinta gama, esos precocinados listos para consumir, y la sexta, a base de liofilizados, ya está en la rampa de salida. Estos cambios avanzan a costa de los alimentos frescos y han provocado que el dinero cambie de manos: en los 60, el 70% de la cesta de la compra acababa en los bolsillos de los agricultores y ahora no les llega ni el 20%. Además, la globalización consiguió abaratar mucho la comida –la cesta de la compra pasó del 50%, a menos del 20% del gasto familiar– haciendo que este sector perdiera su carácter estratégico.
El factor determinante –no te engañes– es el factor político. La UE es incapaz de organizar Europa para proveer a los europeos de alimentos frescos, saludables y baratos. Sus incomprensibles normativas y la maldita PAC han reventado el mercado. Bruselas considera que el sector primario es otro sector financiero. Derivan producciones fuera y juegan a cambiar productos manufacturados por materias primas, y a los aranceles. Creen que así ganan más. Penalizan la producción interna y estimulan la industrial para vender productos más caros, gravados con mayores impuestos. El productor, como eslabón más débil, se come toda esa mierda. La UE es un sindiós.
La cuenta del sector primario no sale porque está trufada de desequilibrios: una distribución concentrada frente a una producción atomizada; una oferta concentrada frente a una demanda atomizada y una regulación laxa para las importaciones y muy estricta para la producción interna. Han roto la libertad y la equidad del mercado y han alterado los precios. La excesiva regulación reduce la información, confunde a los productores –a los que luego compran con subvenciones–y conduce al ciudadano a consumir productos procesados, más caros e insalubres. La industria se pone de grana y oro y el productor y el ciudadano se comen un mojón.
La causa última, de nuevo, la encontrarás en la PPSOE. Es incapaz de organizar a las Comunidades Autónomas para racionalizar las producciones necesarias a precios competitivos. ¿La alimentación es estratégica y debe ser protegida? Por supuesto que no. Ir contra el mercado es ir contra la lógica y siempre acaba mal. La protección es precisamente la que ha machacado al sector primario. Las preguntas que debes hacerte son dos: ¿son nuestros agricultores, ganaderos y pescadores incapaces de competir?, y ¿debemos evitar las importaciones de algunos países? La respuesta a la primera es que nuestros agricultores, ganaderos y pescadores son muy capaces de competir. Sin embargo, necesitan un marco regulatorio que les permita actuar con libertad, seguridad y en igualdad de condiciones. La respuesta a la segunda es que la amenaza estratégica solo existe con Marruecos y, por lo tanto, quedaría anulada si importáramos solo de países amigos o asociados. A Marruecos que le den. Así de sencillo.
¿Puede el ciudadano hacer algo al respecto? Por supuesto que sí. Durante todo el año tienes tú voto de compra: no compres productos de Marruecos y apuesta por productos producidos en España. Sigue el mercado de frescos. Asimismo, el próximo 29-N, puedes votar por partidos que defiendan la desregulación, los impuestos bajos y la libertad de mercado. Al resto, particularmente a la PPSOE, mándales a sacar piedra al campo.
Mario González Casado. Abogado. Maútiko Abogados.
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