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Agujeros

Juana Largo incide en este artículo de opinión en como marca al ser humano el lugar donde vive y, como la mayoría del mundo no lo elige. 

Agujeros

Hoy en día, aunque sea solo sirviéndose de los medios de comunicación, no solo locales, sino sobre todo internacionales, se puede dar cuenta una persona de algo en lo que, antes, igual no había reparado. La velocidad de la vida, su instantaneidad y su vértigo parece que nos ponen orejeras para no ver más que el camino recto por el que vamos y no podemos salir.

Por eso que hay que ver muchas cosas en el mundo, no solo objetos como algo sin vida, sino objetos, y sujetos que toman cuerpo en los diferentes entramados donde se den, para bien o para mal, relaciones y conflictos humanos y aun con la naturaleza.

La mayoría del mundo vive no donde quiere, sino donde puede, esto asunto de la elección de suelo para vivir solo les suele ocurrir a los plenipotenciarios y ricos que, por ejemplo, ocupan costas y lugares en los que vivir una vida más placentera que en sus países de origen.

Es por esto que el asunto de la geografía humana, es algo a tener en consideración cuando se dan los asentamientos humanos y se dan sus caracteres y sus dificultades. Y es que no todo el mundo es rico ni tiene posibilidades de vivir cada medio año donde la gusta. Se verá impelida mucha gente a su hábitat y se podrá incluso preguntar, aunque hable consigo misma, por qué le ha tocado a esa persona ese sitio, ese lugar y no otro y empezamos entonces una especie de series en reencarnación que nos hablen de que, sufrimos eso, la metempsicosis de las personas que, por el destino de las divinidades, pueden verse impelidas a vivir en un lugar en el que, en su nueva reencarnación ha caído debido a su conducta anterior antes de estar en este último destino. Y puede hasta pensar que se merece este último destino, que, si vive en la zona oriental del planeta puede tener males por los mares o si vive en Usa, en la zona este, puede igualmente tener una geografía catastrófica en cuanto a climatología. Son ejemplos.

Pero muchas personas saben y no hace falta que se lo comunique nadie que puede vivir en un “agujero”, del cual por mucho esfuerzo que haga, acaso, o pasa casi siempre, no puede salir. En un agujero (en Siria, en USA, en, pongamos, Madrid, etc…) en casi todos los lugares, existe el agujero en el que viven los pobres.

La gente no es libre porque lo digan algunos manifiestos humanitarios, hace falta mucho más, y de lo primero es atender a donde vive una persona. Si en Río de Janeiro o en la costa del Sol. Por tanto, que, mientras las minorías de ricos, pueden ir saliendo de los agujeros planteados que tengan o que tenga la mayor parte de la población, y pueden salir de inmediato de esos agujeros en que los que fueron compatriotas, están hundidos. Las diásporas también pueden ser de multimillonarios.

El mundo son cadenas, no libertad. Esta es la primera vista que deberían los astronautas hacer llegar a la Tierra para que nos fijáramos en este tema de las desigualdades físicas humanas. Los astronautas no nos van a conseguir esas imágenes, pues el tema es cuestión no solo de desigualdades físicas o climáticas, sino también sociales y económicas y culturales. En casi cualquier parte del globo, las gentes que lo habitan pueden encontrar el agujero de su vida que los limita y condiciona hasta tal punto que tienen que hacer su vida indisoluble de semejante tropiezo, el tropiezo es su vida y a ello se amoldan o se tratan de amoldar.

Uno de mis compañeros de circunstancias me suele decir de vez en cuando que todos tenemos nuestro destino. La libertad para no tenerlo, para él no existe. Y cabe pensar un momento en esto, ahora que las convulsiones persisten y parecen acrecentarse. ¿El humán sale “destinado” o es libre para hacer su vida? El humán está “destinado” y la excepción son los que pueden tomar las riendas de su vida. Siempre hay excepciones, pero las excepciones confirman y hacen de acero la regla de medir cuestiones favorables o no favorables. Por eso el destino es un agujero. Y nos preguntamos sobre las ideas que suscita este problema. E incluso por las posibles soluciones.

Una forma de luchar contra este hecho de la historia, y que tanto dolor produce, es con la conformación de sociedades democráticas –pero no solo en economía, como se suele pedir, sino asimismo en educación y en cultura en su sentido amplio, y que se den los avances generacionales.

El medio para salir de la pobreza o del agujero pasa por conseguir una estructura de educación y programada para que se dé una evolución cultural. Así, un pueblo que, con un destino del que no podía salir, puede ahora salir de ese destino en gran número y en comunidad.

Aquí sería o se daría el hablar de avance histórico. Esto no lo comprende todo el mundo porque cada uno vive con gran apego o a su pequeña parcela social y no sabe salir de esa moral relativa. En este sentido somos bastante idiotas. Pero hasta esto tiene remedio: una fe grande, en una causa suprema universal puede sacarnos de la idiocia y hacernos ver los problemas suscitados por el agujero de la pobreza de forma general y, por lo tanto, adecuada para que todos arrimemos el hombro. Las soluciones parciales, en el mundo actual, son casi ridículas, nadie puede ahora vivir aislado de nadie.

Hoy en día, aunque desde hace mucho tiempo en la historia de la humanidad, aquellos que han pasado o han logrado salir del agujero se vuelven reacios a que los que vayan atrás puedan salir de ese hondo en el camino, ese barranco en el paisaje que les es imposible subir o salir, y se despacha el asunto de muy mala folla, se hace de malas formas, pidiendo un estado burgués que ponga “orden” en las necesidades de las gentes que se adapten a ese mapa, yendo en contra de todas las demás, que se ven dificultadas para vivir su vida aun en comunidad. Véase el caso USA. Se puede creer o no se puede creer en la lucha de clases, pero lo cierto es que existe, como la Santa Compaña.

Con arreglo a estos planteamientos, así, si un pueblo tuvo un destino del que no podía salir, puede ahora salvarse de ese hoyo, de ese destino en el que tenía prefigurado todo, y en gran número y en comunidad.

Esto se llamaría un “avance histórico”. Algo que sería parecido al “Tractatus” de Wittgenstein, que nos habla al final de él que ahora, después de haber subido a los planteamientos lógicos elevados, podemos tirar la escalera con la que hemos subido, pero en este caso se trataría de salir del pozo del sufrimiento por la desigualdad humana y acaso sea más duro someternos a pruebas de filósofos que a las elementales que da la vida, que son de más “arrieros somos y arrieros nos veremos…”

Y no es que queramos inventar una nueva filosofía, esto sería hasta obsceno en nuestro mundo actual, aunque tenga tantos servidores al parecer muchos de ellos librepensadores. No es de eso de lo que tenemos que tratar, sino de la “destrucción”, tanto de las ciudades sumergidas en escombros como de la necesidad de rescatar la vida de la inmundicia que ahora han dejado las guerras. Podemos, si queremos hacer comprensible el título de una ponencia en una mesa de un congreso internacional sobre los DD. HH, hablar de la “Filosofía de los escombros”

Ahora mismo, con la que está cayendo, con las barbaridades que pasan, con el desprecio no solo a la filantropía sino sobre todo al “hombre” o “humán” en elemental, igual es necesario una forma de ver las cosas con un aspecto filosófico para que no nos suicidemos todos. La filosofía de los escombros será aquella que tiene el carácter de querer rescatar al ser humano de esa destrucción en la que se ve inmerso con todo tipo de materiales de derribo. Las empresas de derribo han hecho negocio hasta hace poco tiempo y me parece que lo siguen haciendo todavía. Podemos hablar de Ucrania.

Pero también podemos hablar de Gaza: Si un pueblo ha sido masacrado (y creo que lo siguen masacrando ahora que supuestamente se da un alto el fuego), queda el escombro, y lo dado es que hay que sacar a la gente de él, porque se pueden encontrar todavía rasgos humanos, signos humanos, indicios, recuerdos, restos y señales de resurgimiento de los escombros de la gente. Esto pasa sobre todo en los espacios de guerra, pero se puede amplificar a un terreno de la Tierra mayor. Si el planeta, tal como están las cosas, que no me puedo permitir tomar en broma, se devastara y se destruyera como con un jinete del Apocalipsis de San Juan, habría que buscar, luego, los que quedaran como herederos de ese mundo deshecho y lleno de escombros, la identidad de las personas, lo que restara de ellas, para luego poder seguir el camino de la nueva reconstrucción.

Fdo: Juana Largo

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