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Un frente por la democracia

Ricardo Mínguez incide en este artículo de opinión sobre la actual situación preelectoral que vive España. Insiste en el pueril espectáculo de los pequeños partidos de izquierdas que nadie puede entender a qué aspiran con sus divisiones y adelanto de candidaturas frente a la amenaza real que anuncian las encuestas de un posible triunfo del frente que ya forman el PP con Vox y la inestimable ayuda de los altos Tribunales de Justicia. 

Un frente por la democracia

A estas alturas de la partida, ¿hay alguien que piense todavía que una coalición electoral de los partidos a la izquierda del PSOE podría frenar el avance, por no hablar de la victoria, del Frente Populista que han formado, PP, VOX y el TRIBUNAL SUPREMO?

Si quienes nos consideramos demócratas progresistas no somos conscientes de la perentoria necesidad de dejar a un lado los intereses partidistas y el dogma de que sólo los programas de cada partido pueden conducir al país a la justicia universal, si no somos capaces de superar esa ceguera ideológica, estamos perdidos. Esas posturas dogmáticas de estar en posesión de la verdad recuerdan a veces, en pleno siglo XXI,  a las distintas iglesias, todas ellas únicas conocedoras del verdadero Dios, da igual que prediquen el amor al prójimo o su violenta aniquilación.

La situación que vive el país es de emergencia política y social. Política, porque ¿qué otra cosa que un primer paso de golpe de estado híbrido es, si no, la última actuación del Tribunal Supremo de paralizar la aplicación de una Ley vigente desde hace años a miles de españoles? (Porque ¿cómo calificar la decisión de  retirarles un derecho fundamental, el derecho al voto electoral, indisociable de la misma condición de la nacionalidad española?). Emergencia social porque frente a la buena marcha de la macroeconomía, gran parte de la población sufre graves dificultades para llegar a fin de mes, la desigualdad a que hemos llegado en todos los órdenes es intolerable y se extiende como una marea la división visceral de buena parte de los españoles en dos facciones enfrentadas incapaces de intentar entenderse.

Y, tristemente, la Historia se repite. Cada día que pasa podemos encontrar nuevas semejanzas entre la situación del país en 1936 y la actualidad. En 1936 los partidos republicanos y de izquierdas formaron una coalición electoral con un programa consensuado gracias a la renuncia de las izquierdas a exigir la incorporación de sus propuestas más radicales, y las derechas más reaccionarias (un auténtico Frente Nacional) acudieron a las urnas en febrero con una alternativa B, bien preparada, de golpe de estado puro (con la mayor parte de la cúpula militar) en caso de perder las elecciones, como así sucedió.

Un frente por la democracia

Ahora las encuestas anuncian un probable triunfo de las derechas en disciplinada formación de Frente Populista en las próximas elecciones generales; pero  por si la distraída población española decidiera no seguir la senda anterior, el Frente Populista ya prepara el terreno para el inmediato desalojo de la Moncloa, con la excusa del ya anunciado “fraude electoral”, y la consiguiente autoadjudicación del triunfo (alternativa B). Todo está a la vista. ¿Se repite la Historia? La única diferencia sería la nueva estrategia de golpe de estado híbrido (sin acción militar), que, si fuera preciso, alargaría sus brazos una vez perdidas las elecciones. Por fortuna, no pueden contar con la ayuda del Ejército, cuya cúpula parece haber asumido las reglas de la democracia.

A nivel mundial, después de la desastrosa experiencia del comunismo ruso y sometido el mundo al llamado neoliberalismo, regido por los sacrosantos principios del egoísmo humano como motor de todo progreso y del mercado como único dios que todo lo conoce y resuelve, está claro que con sólo los programas clásicos de los partidos de izquierdas no se logrará el contrapeso necesario para enfrentarnos a la nueva barbarie que crece en todo el mundo occidental.

Un frente por la democracia

Naturalmente que es falso de toda falsedad que los problemas que nutren a la extrema derecha nazcan de la ineficacia de las democracias liberales y de la corrupción de los políticos; el problema básico es que el capitalismo salvaje que rige la economía de nuestras sociedades, con el dinero y su acumulación como único valor reconocible, ha impregnado de criminal egoísmo todos sus niveles, gobiernos, grandes empresas y ciudadanos insolidarios. Con honrosas excepciones, desde luego, en tan difíciles circunstancias generales. La única defensa es precisamente una democracia fuerte que pueda poner límites a ese monstruo de la codicia humana que todo lo va embadurnando sin resistencia. 

Entonces, volviendo a pisar la realidad  de nuestro sufrido país, la pregunta crucial es ¿qué estrategia de los partidos políticos más o menos progresistas puede frenar en las próximas elecciones –locales, autonómicas y generales- a esa descarada coalición reaccionaria que intenta resucitar los fascismos que tanta desgracia provocaron y volverían a provocar si alcanzaran el poder? Muchos creemos que sólo hay una posible respuesta: una coalición electoral del PSOE con todos los partidos a su izquierda y posiblemente algunos conservadores ajenos a ese Frente Populista (¿por qué no el PNV, modelo de sensatez y buenos políticos conservadores?), comprometidos con la defensa de la democracia, el imperio de la Ley, la igualdad de todos los españoles ante ésta y el diálogo frente a la fuerza bruta que nos amenaza; principios que hasta ahora gozaban de una aceptación universal y que tanto costó reconquistar en este país. Sólo con una coalición de esta índole podrá lograrse la necesaria mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados.

Con un programa de gobierno que, frente a la emergencia nacional que supone el continuo aumento de la desigualdad en todos los órdenes de la vida, comprometa acciones fuerza para resolver los problemas que azotan a las clases más desfavorecidas y que una mayoría absoluta en el Congreso haría viables. Medidas asumibles por las directrices socialistas/socialdemócratas, que los puros partidos a su izquierda asumirían coyunturalmente como única posibilidad de lograr el triunfo electoral. Vivienda (con la imprescindible democrática intervención del mercado), inversión pública en educación y sanidad únicamente en establecimientos públicos, controlada intervención en el coste de la vida (con estrictos controles de precios en el mercado de productos básicos de alimentación, transporte y energía), reforma radical del poder judicial y de su control por el Congreso, legislación que limite la legalización de partidos políticos con programas contrarios a los anteriores principios que regulan nuestra convivencia, y reforzamiento de la legislación y los medios que incrementen el trato humanitario a la población inmigrante y, a la vez, el más estricto control de nuestras fronteras.

Y es obvio que ese deseable Frente por la Democracia sólo será viable si lo encabeza y convoca el PSOE y los demás partidos asumen el estado de emergencia nacional, y, coyunturalmente, ese programa electoral de mínimos que permitirían evitar el amenazador triunfo del Frente Populista con una mayoría progresista en el Parlamento y un gobierno con presidencia y clara mayoría de ministros socialistas.

Es la única respuesta creíble a la anterior pregunta. Cualquier otra opción aseguraría, con elevada probabilidad, un próximo gobierno de la extrema derecha. Así de fácil; nos enfrentamos a un monstruo que, una vez en el poder, acabaría con nuestras libertades básicas y lo que aún quede del estado democrático y del quimérico bienestar para todos.

Fdo: Ricardo Mínguez Izaguirre

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