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Luces y sombras

Ángel Coronado, al hilo de un artículo sobre la Inteligencia Artificial, incide en las luces y sombras que tiene cualquier situación, en función de si eres amo o esclavo, y siempre condicionados por el tiempo y el espacio.


Luces y sombras

Ni existe amo sin esclavo ni al revés, esclavo sin amo. Pese a ello, nos machacan la cabeza, diciendo que sí, que si el amo y el esclavo tal y cual. Nos machacan la cabeza con la cual, ya bien machacada y hecha papilla, y sin saber si somos amos, esclavos o tontos, nos ponemos a decir, pensando con esa papilla que tenemos por cabeza, que no, que ni existe amo sin esclavo ni al revés, el esclavo sin amo no puede ser y además es imposible. Luces y sombras.

A cuenta de lo cual, y la costumbre de releer lo que su pena merece, hemos vuelto a leer la metamorfosis de Kafka comprobando algo que ya, de alguna forma, estaba en la cabeza.

Lo que ahora advertimos releyendo esa historia, ese cuento, no es nada que pudiese desmerecer al mismo en algo, eso nunca, sino algo como nuevo en ella: de un lado la naturalidad del habla entre humanos e insectos.

Del otro, la implícita intención de no identificar específicamente al mismo a cambio de la minuciosa descripción de sus inquietas y numerosas patitas, su cabezota, su duro y grandísimo abdomen, pese a que mira tú lo que a nosotros, no siendo entomólogos, como tampoco lo era Kafka que sepamos, pudiesen interesar esos prolijos detalles, válganos Dios, aparte su irresistible atractivo kafkiano.

Ahora, y aquí, en este tiempo y espacio, nos interesa citar, Alicia (que no solo estás tú en ese país de las maravillas), y a cuenta de tan maravilloso y humanísimo cuento, esas patitas inquietas, ese insecto escondido para la ciencia, tan certero sin diana, tan infeliz, tan vidente, tan ciego. Luces y sombras

Hemos vuelto a leer a Kafka y hemos vuelto a reparar en eso, y a eso nos vamos a referir, a ese “tempo” musical, “allegro” y “ lento”, a ese ritmo, al compás narrativo del relato que Kafka nos cuenta, dado el no poder comentarlo directamente con él, y, suponiendo también, en el caso de haberlo podido hacer, que Kafka no nos hubiese mandado directamente a la mierda, que bien lo hubiese podido hacer. Luces y sombras

Lo sentimos, señor Kafka, pero no es a usted al que nos referimos, ni a usted ni a su maravillosísima y triste “Metamorfosis”, y es por eso por lo que no pensamos obedecerle yéndonos directamente a la mierda, y de irnos, no lo quiera Dios, lo haríamos con su maravillosísima “Metamorfosis” bajo el brazo, o mejor, leyéndola ininterrumpidamente una y otra vez hasta el final de los espacios y de los tiempos. Es a ellos, a los espacios y a los tiempos a los que, de acuerdo con usted, según nos parece que usted lo está con esa idea, decimos que a la mierda con ellos.

Pero no nos obedecen, señor Kafka, no nos obedecen (cosa que Kafka nunca hubiese podido saber porque ya, para el tiempo en el que leímos ese cuento asombroso, había desaparecido de la tierra, o más precisamente, era ya tierra en lugar de Kafka, como aquél extrañísimo insecto en lugar de Samsa, Gregorio Samsa, muerto sin adiós, tan vidente, tan ciego. Y en su defecto, hemos vuelto a Kant, o mejor dicho, hemos vuelto al altar en el que la filosofía le tiene, una hornacina, a Kant, el filósofo que desde hace tiempo había puesto en la hornacina de lo intocable, de lo casi sagrado, de lo trascendente y “a priori”, tanto al espacio como a su inseparable pareja, el tiempo. Lo sentimos, Don Manuel. Usted tranquilo. Hemos apartado del camino tanto a uno como a otro.

Y libres al fin de tropezar con ese par de cosas, podemos decir que esa otra pareja, amo y esclavo, no es que haya desaparecido como Gregorio Samsa (el insecto), pero ya no se deja ver como antes.

Ambos, los dos, espacio y tiempo, bien cogidos de la mano, se han metido tanto en el amo como en el esclavo, de modo que ustedes me dirán del resultado tal como lo quieran o lo puedan ver, que nosotros por nuestra parte lo haremos también a nuestra manera y acto seguido. Y para ello nada mejor que un ejemplo de los que no hace falta mucho tiempo rebuscando por ahí, porque a la vista de cualquiera está.

Nos referimos a un artículo que opinamos interesante, aparecido en este medio el día 16/10/2026. Se titula “La Inteligencia Artificial en la sombra” y lo firma Francisco Carballo.

Interesante, esto es, que interesa, aunque a cada cual pueda interesarle, claro está, de una forma diferente, incluso contraria y hasta enemiga u opuesta cada una de cualquier otra. Por ejemplo, al amo (tómese por “amo” lo que a cada uno mejor le parezca, quizá “empresario”), le parecerá interesante de una forma diferente que al esclavo (tómese por “esclavo” lo correspondiente a su caso, quizá “empleado”), encontrando cada uno interesantemente bueno lo que al otro se presente al revés, interesantemente malo. Luces y sombras.

Dicho esto, no nos gustaría entrar a mayores, a mayores detalles del tipo que ustedes preguntarán, fuesen o no fuesen estos del mismo tipo que a nosotros disgustan. Por nuestra parte, y sin entrar, decimos que a mayores, nos quedaremos en eso, sin entrar como Kafka lo supo hacer, en explicaciones tan prolijas y detalladas como esas acerca de aquél insecto de mierda tan tierno, extraño, y humano, con el que hablaba mirando de reojo a sus revoltosas patitas, mirando mientras hablaba tranquilamente con …… ¿con quién?, Kafka, ¿con quién hablabas…? Y ese disgusto, esa inquietud se alza frente a nosotros y nos dice que preguntemos…… ¿con quién?, Kafka, Gregorio, ¿con quién hablabas……? Mientras, Kafka, de una forma obsesivamente prolija, ocupaba páginas enteras describiendo las patitas y las antenas de aquél tierno, repugnante insecto, haciéndonos expresar por ello disgusto y pena. Y no queriendo apenarles a ustedes del mismo modo que Kafka nos apenó a nosotros, repetimos eso de no entrar a mayores.

Pregúntense. Por nuestra parte nos preguntamos lo siguiente, o mejor, nos decimos lo que sigue: no es que te canses de ser amo de la misma forma que te cansas, siendo amo, de otras cosas, nos decimos cuando, amos, nos cansamos de otras cosas diferentes a las de ser amo. Y no es que te canses de ser esclavo de la misma forma que te cansas, siendo esclavo, de otras cosas diferentes a las de serlo. No es que seas siempre amo de todas las formas que se puedan dar y que de hecho se dan y acaso se te puedan dar, como tampoco es que seas siempre esclavo de todas las formas de esclavitud posibles y que de hecho se dan y también acaso se te puedan dar. Nos preguntamos o nos decimos eso

Y por último, no siendo nadie (ni nunca) amo o esclavo siempre sino siéndolo tan solo según  tiempo y lugar, advertimos no habernos librado, al final, ni de la cosa “espacio” (no nadie) ni de la cosa “tiempo” (no nunca), y consecuentemente diremos, siendo esclavos, eso del “puto amo”, y siendo amos, eso del ”puto esclavo”, Sr. Kant, dicho sea por cuenta nuestra, Don Manuel, y con todos los respetos que a su memoria se deben. Luces y sombras.

Y vamos a ir terminando ya. En efecto La Inteligencia Artificial permanece en la sombra. Desconoce inteligentemente la diferencia, fuera de la persona en cuestión, entre amo y esclavo, tan torpemente entendida según la entendemos o venimos entendiendo nosotros, los humanos, hasta hoy. Así entendemos nosotros lo de estar (la Inteligencia Artificial) en esa sombra (que “sombras”, Francisco Carballo, hay más de una). Convendría, quizá, el irnos acostumbrando tanto a los conceptos del “siervo inteligente” y del “amo artificial” como a los del “amo inteligente” y al “siervo artificial”, Francisco Carballo, que cada uno arrastra como puede a su espalda su monumental mochila de luces y de sombras .

Fdo: Ángel Coronado

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