Eclipses
Ángel Coronado incide en este artículo de opinión en la oportunidad de las preguntas, algunas de ellas ciertamente redundantes, al hilo de Vinuesa y el eclipse solar.
En los momentos de dificuiltad; el ánimo se desgaja o se familiariza

Eclipses
Hay preguntas que carecen de sentido. La pregunta, cualquier pregunta, ha de tener un entorno determinado, un espacio por el que poder deambular y un tiempo en el que poder formularse con sentido.
Preguntar, por ejemplo, si te gustan los caramelos, es tan propio y tan pleno de sentido como imposible más. Mientras los caramelos existan y allí donde los hubiere, esa pregunta será siempre pertinente, pero no preguntes a nadie si le gusta tener dos ojos en la cara, o si le gusta que dos más dos sean cuatro, porque además de no dejarle contestar con sentido, cosa cierta, puede pensar que le llamas imbécil y contestarte igual, o darte un par de hostias bien dadas, las que acaso mereces.
¿Te gustan el azul del agua del mar?
Esa es otra pregunta bien hecha. Porque no siempre el agua del mar es azul, o basta con que nunca o casi nunca sea de un azul como el de hoy, que no es tan no sé qué como el de ayer o más del que pienso será mañana. Y si te hacen esa pregunta, contesta sin reparo, que nadie te quita el derecho de contestar con sentido y hasta te da la oportunidad de ponerte a cantar, o a contar cosas de tu pueblo a las orillas del mar.
¿Te gustan los eclipses?
Esa es otra pregunta bien hecha porque no siempre la luz del sol o de la luna es igual, o basta con que puestos en fila con respecto a ti, que no es igual que cuando no, deje de ser no sé qué más que ayer o más de lo que pienso será mañana. Y si te hacen esa pregunta, contesta sin reparo, que nadie te quita el derecho a contestar con sentido, y hasta te dan la oportunidad de ponerte a cantar, o a contar cosas de tu pueblo, que como el agua del pueblo de uno, no hay otra.
¿Te gusta Vinuesa?
Otra pregunta bien hecha, porque no siempre un pueblito es perla de los pinares y a Vinuesa se la conoce por eso. Vinuesa es la perla de los pinares, de siempre. Lo tonto sería preguntar si te gusta la perla de los pinares, porque perla de los pinares solo hay una y esa es Vinuesa. Porque no siempre Vinuesa es igual. Ese “oriente” (“oriente” creo que se llama el brillo especial que despiden las perlas, pero no las de Mallorca Majórica sino las de verdad), ese “oriente”, decía, esa cosa que tiene Vinuesa, porque Vinuesa tiene “oriente”, ese “oriente “ de Vinuesa no siempre es igual, o basta con que nunca o casi nunca tenga ese “oriente” que tiene hoy, que no es tan no sé qué como el de ayer o más de lo que pienso será mañana. Y si te hacen esa pregunta, contesta sin reparo, que nadie te quita el derecho de contestar con sentido y hasta te dan la oportunidad de ponerte a cantar, o a contar cosas de tu pueblo a las orillas del pinar.
Me gusta Vinuesa. Soy de Vinuesa, y aprovecho esa oportunidad, va y dice un señor de Vinuesa, la perla de los pinares, a las orillas del mar, el de los pinos, que no del pantano, que del pantano, no quiero ni hablar.
Como es natural, a todo el mundo se le incrustó en la cabeza y al mismo tiempo una palabra: Motorbeach.
En efecto, esa era la palabra. Y al punto otra, otra palabra empezó a revolotear y a multiplicarse de tal manera que justamente coincidió con el número de cabezas que, congregadas de alguna manera en aquél evento, se posó primero en cada una de ellas para después introducirse nadie sabe cómo dentro de la masa encefálica correspondiente, aunque todos hubiesen estado de acuerdo sobre cómo: pues a través del canal auditivo que comienza en las orejas. Nosotros estábamos allí, por lo que podemos decir todo esto con pleno conocimiento de causa. Con extrañeza pudimos comprobar el acumulamiento de personas en los quioscos de la prensa, en las televisiones instaladas por todas partes escupiendo noticias, hasta en las tertulias de los cafés tan de capa caída al día de hoy y tan estupendamente funcionando las otras de cuyo nombre ni nos queremos acordar, pero da igual porque la palabra “eclipse” había eclipsado al resto de las palabras y era precisamente la que, a través del canal auditivo que comienza en la orejas se nos había introducido hasta el fondo, ya digo, de nuestra masa encefálica.
Cojo El Mirón y les dejo a ustedes. El Ayuntamiento de Vinuesa es víctima de varios eclipses. Le afecta el eclipse de la palabra “Motorbeach”, y el de la palabra “eclipse”, lo cual, concretamente acerca de la última, nos preocupa enormemente. Porque igual que dos negaciones alumbran una afirmación, un eclipse sobre otro deja desnuda la retina bajo la lumbre del sol. Nos tranquiliza el reparto de gafas antieclipse que practica nuestra Diputación, pero nos preocupa enormemente la retina desnuda del Ayuntamiento de Vinuesa. Urge conectar ambas instituciones u organizar un evento neutral en Cidones, por ejemplo. ¡Ayuntamiento! ¡Diputación! ¡¡A Cidones!! ¡¡¡Y antes del eclipse, por favor!!! ¡¡¡¡No se olviden de “Iberia Eclipse Festival 2026: "Las vidas pueden transformarse en menos de dos minutos...”, por favor!!!!
Fdo: Ángel Coronado