Cuando los crímenes se mezclan con la vida

Por Juana Largo
Escritora
Juana Largo reflexiona en este artículo de opinión sobre los avances que trae la tecnología a la sociedad actual y cuestiona que se abandone el crecimiento interior del ser humano.
Democracia y Lentejas

Cuando los crímenes se mezclan con la vida
El progreso de la humanidad, en nuestros días, nos damos cuenta de que ha llegado a consumar una serie de periodos en los cuales predomina ese supuesto progreso en clave de tecnología y de supuestas virtudes o des-virtudes de esa tecnología, y es que se partía, antaño, de una posición en la cual satisfacer las demandas del capitalismo, desde la Máquina de Vapor hasta la IA en la actualidad, que tenían un origen de pensamiento “bueno” de adelanto social e industrial.
Lo que sucede es que, si el origen era un tanto inocente, en la actualidad, al sustituir el supuesto esfuerzo o la ergonomía y todo lo que conlleva esto, por máquinas y todo lo concerniente, sucede que, como no podemos controlar los efectos adversos de esta medicina, nos puede salir el tiro por la culata, lo cual quiere decir, que, aunque supuestamente, se “adelante” en algo, ello lleva implícito un atraso, en el caso de la tecnología es así.
Cuando solo se atiende al desarrollo de esa tecnología o ese maquinismo, y solo se atiende a eso, como si ya, de antemano, fuéramos todos buenos por naturaleza y la fuerza o el poder se la pudiéramos tomar prestada a la naturaleza, a lo que nos atenemos es que, fuera de esa relación de naturaleza, es decir, en el “exterior”, sí es cierto que creamos un cambio o modificación que, en teoría, decimos, nos va a ayudar, aun cuando el invento sea algo propio de capitalistas que pretenden hacer que sus haberes se puedan incrementar, en la ley del mínimo esfuerzo para ganar más dinero o capital, dejando de lado los aspectos no exteriores de la cuestión.
Es decir, se “avanza”, sí, por fuera, y esto es lo que queremos decir ahora, por “fuera”, pero la naturaleza no es solo exterior, sino que también reside en nuestro interior.
Hemos llegado a este caso o esta situación: Si suponemos que, al residir la naturaleza en nuestro interior, si solo lo remarcamos así, “ab ovo” damos por buena la respuesta industrialista para el remedio de los males del hombre, dejando de lado lo “interior” y como si ya no hiciera falta, no hiciera falta tocarlo, es decir: no hiciera falta crecer en el orden interno, por el contrario del externo, dejándole paso al último para llevarlo a las sociedades…
Esto es el racionalismo del cálculo e industrial e instrumental. Algo que, al aplicarlo, crea circunstancias y detalles de vida que pueden manejar a todos aquellos hombres y mujeres que son tratados por ese instrumentalismo, o por esa razón “exterior”, mientras el interior se deja de lado y no es respetado por los adalides de las sociedades industriales y aun creando, como se puede decir, la enfermedad moral de nuestro tiempo, o sea, que nuestro interior, sin cultivo alguno, sin trato de espiritualidad o de la propia inmanencia del hombre para poder progresar de esa forma, moralmente, nuestro interior así se malea y se adapta a las cuestiones exteriores o calculadoras como si el interior y el respeto espiritual del humán, dejaran de tratarse y no tuvieran convalidación en el exterior construido por el maquinismo y sus derivados, que llegan a formar la Sociedad Industrial teniendo que adaptarse todo el mundo a ella, desde comprar televisores para casa o uso doméstico hasta llegar a la verdadera amenaza a nuestra vida como es la IA.
La revolución de los exteriores llega a influir en los interiores, de forma no solo de centros y de posibilidades de empleo o de trabajo (lo que crea, en protesta, la respuesta del marxismo frente a planteamientos de explotación).
Y la revolución de interiores, que es en el humán, el mayor bien moral (el ser cada día más personas, buenos y sensatos y sensibles y humanos desde dentro y en nuestro interior, el cual solamente así podría vivir con un Dios bueno que le santificase), la revolución de interiores, para superarnos en la vida que nos da el Espíritu, no se atiende en la sociedad materialista e instrumental de la vida, cuando es la que por ley más satisface a las personas humanas, para evitar algo que no se trata explícitamente en la sociedad industrial y que hasta lo crea ella, como es el crimen.
Si no pecamos desde el interior, no pecamos desde el exterior; ahora bien, si pecamos desde el exterior, la ley del crimen se reproduce de manera vertiginosa y no concede valor a las cuestiones más propias, por íntimas y sublimadoras, del ser humano. Sustituir el exterior por el interior, lleva al delito no solo penal, sino, asimismo, mortal en el momento en que mata al Espíritu, que es donde se encuentra no solo el albedrío sino la posibilidad de que los humanos seamos “buenos” con los demás seres humanos. Si existe una ley moral válida es la del cuidado del Ser que está en el hombre y que nos salva del pecado, esto es, algo siempre exterior y disoluto.
Es difícil o imposible hacer leyes buenas o internas y de libertad y de entendimiento, las que solo se basan en situarse o montarse en el tobogán de lo Externo y que caiga lo que caiga, que aquellas que saben que existe algo así como la conciencia y la libertad con sus valores no solamente religiosos, sino básicos para la vida virtuosa o propia de esos significados: humildad, decencia, no solo “apariencia”, sino todos los modos y modelos que nos pueden llevar, si es preciso, a la Mística y a la Salvación del Alma, la gran realidad que tanto se niega en nuestro tiempo. Es más propia el alma que el exterior o cuerpo, ¿no?...
Nos llega a parecer el asunto algo así como el paganismo definido en rechazo por la Iglesia, que lucha contra ese exterior y salva lo interior. “Y lo de dentro, sin existencia” (dije en un poema mío a propósito de estos tiempos en LA ORILLA DEL PÁJARO BLANCO (1997).
Una cree que, pongamos, de San Juan de la Cruz no se puede prescindir a no ser que estemos en una Dictadura Biologista, como hay tantas y tantas ahora. No te digo ya, si eso se mezcla con los predicadores “free lances” o la política que se hace ahora, a base de a ver quién lo tiene más grande…, al tupé, nos referimos.