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Opinión

¡Carlitos! ¡Carlitos!

Ángel Coronado incide en este artículo de opinión en la inocentada publicada el pasado 28 de diciembre en este medio sobre el penúltimo proyecto estrella del Ayuntamiento de Soria, centrado en el impulso a la vivienda social, una materia que debería ser prioritaria para todos los partidos y, en especial, a los que se postulan como defensores de los más desfavorecidos.

¡Carlitos! ¡Carlitos!

La inocentada deja de serlo cuando la mano que la urde no lo es. Así, cuando el culpable lo intenta, la supuesta inocentada, como una especie de bumerán, se vuelve contra él y le acompaña con la misma pertinaz inevitable con que la estrella de los Reyes Magos acompaña por el desierto a sus majestades, o como el tridente al rojo vivo entre las llamas del infierno se hace uno entre los cuernos de Lucifer. Como las huellas del dinosaurio sobre la capa de limo fósil para que hoy las veamos, tanto las grandotas de un manso herbívoro mastodonte de 100 toneladas de peso como las de un carnívoro depredador del género rex con apenas 10 que, a su lado, parecen las de un perrillo faldero que le sigue.

Los geólogos, paleontólogos, astrofísicos y toda una pléyade de científicos en general se ponen a la tarea de buscar causas para los efectos y hacer de éstos aquéllos para en ese nuevo nivel, buscar nuevos efectos para sus correspondientes causas y ascender por la escala de la ciencia que, como la de Jacob, sube hacia los picos del conocimiento humano aunque nunca más allá de la montaña más alta, hasta el cielo, sino hasta la cima del Everest, aunque al paso que vamos el Everest se nos vaya quedando pequeño. Eso es la ciencia. Nada menos, pero tampoco nada más, porque aparte de lo cual, ocurren cosas inexplicables sobre las cuales la ciencia, faltaría más, se lanza, pese a lo cual, repetimos, siguen ocurriendo cosas inexplicables acerca de las cuales nos gusta, ¡qué le vamos a hacer!, esa extraña inexplicabilidad. ¿Qué hacer?

Parpadear

Eso. Parpadear. A nosotros no nos gusta la ciencia ficción. Nos gusta la ciencia a secas, y nos gusta saber que las huellas grandotas del mastodonte de las cien toneladas no son la huellas pequeñitas de su bebé, como acaso nos contaría cualquier cuentista, que a poco trecho quedaría de la ciencia ficción. La realidad es otra. El mastodonte, a cuestas con sus cien toneladas de peso, corre como puede, despavorido, medio loco, perseguido por un ratón. Ante lo cual parpadeamos. Tonto mastodonte.

No

Terrorífico ratón

Tampoco. A parpadear se ha dicho. Todavía seguimos parpadeando ante la inocentada…

¡Un momento, un momento, por favor! De inocentada ni un pelo, se trata de una conmovedora confesión del Ayuntamiento de nuestra ciudad, o mejor, se trata de la inocentada de quien no es inocente (que lo sepa o no lo sepa es otra cuestión) y que, repetimos de nuevo: ocurriendo que la inocentada deja de serlo cuando la mano que la urde no lo es, la supuesta inocentada, como una especie de bumerán, se vuelve contra él y le acompaña con la misma pertinaz inevitable con que la estrella de los Reyes Magos acompaña por el desierto a sus majestades, o como el tridente al rojo vivo entre las llamas del infierno se hace uno entre los cuernos de Lucifer. Y así, la supuesta inocentada se nos muestra conmovedora confesión, esto es, el rostro del terrorífico Tiranosaurio rex o del siniestro ratón fuera ya de sus respectivas cuevas, lejos de todo mastodonte tontorrón, y gracias a eso, a su impropia inocentada, mutan en involuntaria confesión, ocurrente inocentada bajo el microscopio imparcial de la ciencia.

A Carlitos, al menos en éstas sus palabras publicadas en El Mirón el día 28 de Diciembre del recientemente pasado año 2.025, bajo el nombre de “Ultimo proyecto estrella ….” se nos muestra tan locuaz con todo aquello que siempre calló que, parpadeando sin descanso y sacando fuerzas de flaqueza, vamos a citar textualmente el párrafo primero de tales palabras:

“En concreto el foco se ha puesto en la vivienda social, desarrollando un proyecto para el que se va a poner a disposición  la superficie que ocupa el pino de luces frente a la dehesa, ampliando el radio de su planta en cinco metros más, lo que permitirá la construcción de un edificio pinacular bien integrado en la estética del parque, como elemento de transición de dicho espacio verde con la parada- intercambiador de autobuses y con la plaza multiusos en que se enclavará el nuevo y moderno edificio.”

Carlitos socialístico confeso, se arrodilla ante su propio Pepito Grillo que le acusa de no poner el foco en lo social sino en lo que no lo es. Pero Pepito, como una especie de ratón persiguiendo al mastodonte, le afea eso de poner el foco de los intereses particulares de los especuladores inmobiliarios en lugar de poner ese foco en los intereses de nuestra querida ciudad. Y el ratón ruge como una fiera y el pobre mastodonte sigue confesando Padre, Padre, y además he intentado ampliar… (el mastodonte flaquea con lo del edificio pinacular, pobre), cosa que Pepito, en el fondo un ratoncito, un grillo no más, comprende, pero, en pie sobre sus patitas traseras, y en jarras las delanteras, se planta frente al mastodonte y le grita: ¡Detente! ‘Detente!

El mastodonte, hecho ya un trapo, no distingue la realidad de la inocentada. Gimiendo sigue confesando lloroso y entrecortadamente. Se derrumba. Pepito Grillo escapa de milagro de morir aplastado por esa mole doliente, esa mole socialística y disforme. ¡Carlitos!, ¡Carlitos!

Fdo: Ángel Coronado

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