Sólo el 4 por ciento de edificios en Castilla y León es plenamente accesible
Aunque salir de casa parezca un acto cotidiano, para los más de 113.500 de castellano leoneses con movilidad reducida resulta todo un desafío, condicionado por escalones, puertas imposibles o ascensores poco adaptados o inexistentes.
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Únicamente el 4 por ciento de los cerca de 891.000 de edificios residenciales -unos 35.600- ofrecen un recorrido completamente accesible desde la calle a la puerta de vivienda para una persona en sillas de ruedas, mientras que el 96 por ciento presenta, al menos, una barrera.
Así lo revela la primera edición del Barómetro de la Accesibilidad de la Fundación Mutua de Propietarios, un informe de carácter anual que, partiendo de estudios históricos y actuales realizados por la entidad, nace con la vocación de convertirse en un barómetro de referencia para medir la evolución de la accesibilidad en los edificios de viviendas y su impacto en la calidad de vida de las personas con movilidad reducida.
“Una vida libre e independiente empieza en lo más cotidiano: poder entrar y salir de casa sin ayuda. Cuando el entorno no está preparado, esa autonomía se diluye y acaba por convertir a millones de personas en prisioneras de su propio hogar”, ha señalado Cristina Pallàs, directora de la Fundación Mutua de Propietarios.
Presentado con motivo del Día Europeo de la Vida Independiente, que reivindica el derecho de las personas con discapacidad a vivir de forma autónoma para participar plenamente en la sociedad, el primer Barómetro de la Accesibilidad analiza el recorrido desde la calle a la vivienda para mostrar que las barreras arquitectónicas se inician incluso antes de entrar.
Un 66 por ciento no son accesibles desde la calle al portal y, en el 48 por ciento de los casos, el motivo es un simple escalón. Además, en las ocasiones en que existe una rampa, es frecuente que no cumpla su función, ya un 40 % carece de barandilla.
Una vez situados en el portal de acceso al edificio, el 69 por ciento de las fincas no son accesibles: aunque las puertas de entrada son generalmente anchas (89 %), en casi la mitad de los casos (47 %) no se sostienen solas o se cierran lentamente, y un tercio presenta dificultades de apertura por su peso (30 %).
Además, solo un 42 % de los porteros automáticos están a la altura de una persona en silla de ruedas y, una vez dentro, rutinas como recoger el correo se convierten también en un problema, ya que tres de cada cinco buzones son inalcanzables.
Pero la carrera de obstáculos para llegar a la vivienda continúa.
Si el edificio dispone de ascensor -inexistente en el 11 % de las fincas castellano leonesas-, acceder no está garantizado: el 43 por ciento cuenta con un desnivel que no se salva adecuadamente.
Y, en su interior, las dificultades continúan: puertas pesadas (87 %), botones demasiado altos (85 %), tiempos de cierre insuficientes (83 %) o falta de espacio (78 %) son solamente algunas de las eventualidades que hay que salvar. Por ello, el informe señala que el 64 % de los ascensores no cumple los criterios de accesibilidad física para su uso en silla de ruedas.
Y finalmente, en el caso de optar por las escaleras, tampoco se posicionan como una alternativa viable para las personas con movilidad reducida, ya que tres de cada cinco no disponen de barandillas a ambos lados.
Una brecha en la percepción
¿Somos conscientes de la falta de accesibilidad de nuestro edificio?
El primer Barómetro de la Accesibilidad de la Fundación Mutua de Propietarios identifica una brecha en la percepción de la accesibilidad en el edificio.
Los castellano leoneses que no tienen problemas de movilidad la puntúan con un 7,2, pero si se califica desde la perspectiva de quienes sí los tienen, la valoración desciende hasta el 6,1.
A la falta de concienciación para mejorar las condiciones de accesibilidad de un edificio, el informe detecta la escasez de recursos de las comunidades de propietarios.
El 74 por ciento de los edificios no han acometido mejoras en los dos últimos años y el 53 por ciento no prevé hacerlo en el corto plazo.
El coste económico y la falta de iniciativa vecinal figuran como los principales frenos ya que adaptar el edificio para vivir en silla de ruedas se percibe como inviable: el 84% lo considera económicamente difícil.
“En un contexto de envejecimiento poblacional, con mayor esperanza de vida, garantizar entornos accesibles no debería entenderse como un gasto, sino como una inversión imprescindible para garantizar la calidad de vida en nuestro futuro más próximo”, ha concluido Pallàs.