Colectividad organizada

Por Juana Largo
Escritora
Juana Largo reflexiona en este artículo de opinión sobre los avances en la sociedad, que llevan de la mano cuando el colectivo se organiza.
Gobierno fallido y traidor a Ceuta
Colectividad organizada
Da gusto hablar cuando hablamos no de simple colectividad, cuando la vemos fuera de los carriles que las clases trabajadoras han transitado durante tanto tiempo, concretamente desde la II Guerra Mundial, tras la cual se reorganizó el poder, no completamente democrático, sino basado en el poder Usa.
Cuando nos pensábamos, en los sesenta y en los setenta, cuando podía ir a la universidad mucha gente de España, cuando se daba un cierto ascenso en el ascensor social, que había un camino por seguir, porque había posibilidades y el Gran Dictador, al parecer, lo había promocionado o propiciado. Ese aspecto del ascensor social pareció corroborarse en los años siguientes, y muchas españolas y muchos españoles fuimos felices pensando en que la Transición había servido para algo, hasta para dar dignidad no solo, por ejemplo, al divorcio, sino hasta el colectivo trans, años después de haber adoptado una nada menos que Constitución…
El socialismo oficial había tomado y retomado una línea histórica que nos hablaba de que el mundo, a pesar de sus males, podía conducirse por el favoritismo de la necesidad al pueblo que trabajaba y que, si podía, podía salir de esa clase de los trabajadores dando un futuro a la gente. Pero mientras, en los oscuros gabinetes de los lobbies ultras, donde siempre se había pensado lo mismo, se tomaba nota del ascenso de las clases sociales y estos lobbies no iban a consentir que se desbancara a las clases que habían sido predominantes o, mejor dicho: dirigentes, a lo largo de la historia y de la nueva historia que comenzó en la modernidad como cuando se tomó la determinación de, tras la Revolución de 1789, la Restauración en Francia tomó de nuevo las riendas del caballo de la historia, incrementándose la represión ya que sabían, estos sátrapas que el peligro de las clases que pedían paz o libertad de expresión, se les podían desmandar, de tal modo que los restauracionistas ya pusieron bien piedras en el camino, bien puestas para que no se diera otra Revolución al modo francés.
Hace pocos años, en los mediados de los ochenta, en Francia empezó Monseñor o, perdón: Monsieur Le Pen con la revisión de la historia y se quiso dar, aunque ya llegaría más tarde (en eso siguen todavía, cuando el régimen democrático está colapsado), la oportunidad para que la historia se adecuara a la manera burguesa aun teniendo que tomar la vía democrática de los votos.
Solo faltaba conseguir que el pueblo se arrepintiera de sus adelantos considerándolos como una equivocación teniendo en cuenta que los partidos nazis estaban colaborando en otros países, pero no para la reinstauración ninguna de la democracia sino para la eliminación de la democracia.
El clasismo todavía no había muerto, sea desde el bando ultra o lo fuera desde el bando popular, cada uno de ellos con diferente interpretación. Al final, nos tuvimos que dar cuenta de que el sistema fallaba porque los principales agentes de la izquierda se mostraban corruptos y malos como los de las derechas, lo cual hizo desconfiar al público espectador y decirse que, si la política era un engaño, para eso que gobernaran los de siempre, los reaccionarios, al fin y al cabo, eran los que tenían el dinero.
Solo con hacerse amigos de los que tenían el dinero se podía prosperar, rota la solidaridad entre las clases trabajadoras (en esto colaboró mucho el incremento portentoso de la tecnología y los inventos se consideraban por los trabajadores, inventos que el humán había conseguido a lo largo de la historia y, de igual manera que se podía trata un cáncer, para bien del paciente, se podía considerar bueno el invento de un televisor o de una red social de internet.
Todos olvidaban que la tecnología era ideología y que la derecha estaba tras esta ideología, manipulando al pueblo y llevándolo a las mayores desigualdades tal como está sucediendo ahora.
En fin, que la ideología de la derecha tomó cariz de una supuesta liberación, mientras se dejaba al ser humano abandonado al nivel de esa tecnología (que nunca “ciencia”) y se olvidaban cuestiones como la universalidad de la solidaridad de la clase obrera o de la clase trabajadora y las gentes se entregaban, como veían a los burgueses, al despilfarro de sus propios intereses que llegaban otra vez en consistir en la satisfacción del amo.
El mundo nuevamente se sentía esclavo, claro que porque una empresa, de la cual comer pan, solo la podía hacer un capitalista, o porque era más cómodo moralmente estar abajo para cumplir órdenes, aunque perjudicaran a las izquierdas y encima les pagaban (como se está viendo, cada vez menos) hasta para ir a la guerra. ¡Todo era una trampa histórica en la cual los prepotentes capitalistas del mundo tentaban como el demonio al egoísmo más recalcitrante!... Las ciencias sociales nos venían a decir ahora que todo se susbsumía del lado de la ciencia y que era ley científica la desigualdad o la explotación…
Estamos ya llegando al colmo, no solo por la cuestión de las Crisis sucesivas que estamos padeciendo, también, o concomitante con la inversión nietzscheana de valores que era antes un juego de carnaval pero que la derecha y la gente se tomaban como un juego solo porque les permitían tomar las bodegas de la burguesía, entonteciendo al pueblo y llevándolo no a lo bueno y lo progresista sino a lo depravado, a que el pueblo instalara los valores de la guerra y de las explotaciones de la gente. Como si no pasara nada. Y ahora vemos que pasa, vaya que sí pasa, el ascensor social ahora es “descensor social” y nos damos cuenta de que las colectividades siguen siendo un privilegio o un derecho de pernada para los de arriba.
Por eso que da gusto cuando se habla de colectividades con el fin de formar una sociedad de verdadero adelanto, no una colectividad de lo que diría Umberto Eco como sociedad “kitsch” o del mal gusto.
Porque somos conscientes de que cuando hablamos de una colectividad “organizada” es cuando damos pasos de gigante en la Historia. Como lo demuestra, en el reciente informa PISA, que cuando la educación pública tiene las condiciones adecuadas, puede superar a la privada.