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TRIBUNA / Todos a la calle

Mario González incide en este artículo de opinión en las consecuencias conocidas y desconocidas de la Ley de Libertad Sexual, que está rebajando las penas de los agresores sexuales y suponiendo revisiones a la baja de sus condenas.

TRIBUNA / Todos a la calle

TRIBUNA / Todos a la calle

 El CGPJ ya advirtió –lo hizo por unanimidad- que el texto de la Ley de Libertad Sexual (LO 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual), más conocida como “Ley Montero” o “Ley del sólo sí es sí”, presentaba dos grandes problemas que gravitaban sobre el consentimiento y sobre la desaparición por absorción del Delito de Abusos Sexuales en el Delito de Agresión Sexual. Ahora, poco después de su entrada en vigor (07.10.22), se ven las consecuencias y es que su aplicación está forzando la revisión a la baja de decenas de condenas a agresores sexuales en virtud de la aplicación de la ley más favorable (2.2 CP). Nada hicieron entonces para corregirlo y ahora echan pestes sobre los jueces que la están aplicando cuando su obligación es precisamente esa: aplicar la ley.

Lo más cierto, amén del guirigay jurídico y político, es que la aplicación de esta Ley de Libertad Sexual supone una clara rebaja en las penas (sobre todo de las mínimas) para este tipo de delitos sexuales. Antes de esta reforma, el Código Penal contemplaba de 5 a 10 años para las agresiones sexuales con agravantes y de 12 a 15 para la violación con penetración y agravantes. Ahora, con esta nueva ley del ‘porque sí, porque yo lo digo, porque yo lo valgo’, patrocinada por la iletrada ministra Montero, esas horquillas pasan, respectivamente, de 2 a 8 para el primer supuesto y de 7 a 15 para el segundo.

Para las agresiones sexuales normales también se rebajó la pena mínima de 5 a 4 y para la violación con penetración normal de 6 a 4. Los números no engañan.

Por eso, su aplicación ha traído las primeras revisiones a la baja que han saltado a los medios con casos de rebajas de 6 a 4 años de cárcel o de 8 años y 9 meses a 6 años y 8 meses, suponiendo, en algunos de ellos, que el condenado ora no entre en prisión ora salga de la misma.

La otra cara de la moneda –mucho menos comentada en los medios- es que estas reformas supuestamente feministas de nuestro Código Penal están suponiendo un agravamiento del problema, con un incremento de casi el 30 por ciento en el número de procedimientos incoados por delitos contra la libertad sexual según la memoria del MF de la CCAA de Madrid.

Ante esto, si en el 93 Berlanga titulara “Todos a la Cárcel” la divertida película con la que criticaba la rampante corrupción del felipismo –que ha llegado corregida y aumentada hasta nuestros días gracias a la ‘PPSOE’-, de rodarla ahora seguramente titularía “Todos a la Calle” para glosar la perversión política de nuestro Estado de Derecho que está suponiendo, además de dinero a espuertas como siempre, la excarcelación de un sinfín de delincuentes tocados por la varita de las políticas supuestamente progresistas del gobierno Sánchez, empezando (i) por la excarcelación de los etarras, que se cerrará prácticamente estas navidades, para ganar el apoyo de ETA-BILDU y también del PNV; (ii) la de los golpistas catalanes, que parece que también tendrán regalo de reyes, para atraer al universo ‘indepe’ y (iii) la de violadores y pederastas, para complacer a UP, que habrá visto un nicho demoscópico en este segmento de la población.

¿La responsabilidad es de esos políticos por apartarse del interés general y de la lógica, aprobando unas normas en beneficio únicamente de sus socios y, por lo tanto, en beneficio propio?

Sólo en parte.

La responsabilidad final recae, a mi juicio, en el votante, en la persona que cuando se le llama a votar -porque a eso se ha reducido nuestra democracia- se olvida de todo lo que está pasando, se olvida de que el partido correspondiente ha pasado de su programa electoral sustituyéndolo por un ‘programa de poder’, se olvida no ya de una sino de tres, cuatro o más traiciones sufridas a manos del mismo y todo ello para volver a aferrarse a la que cree su ‘bandera’, repitiendo su voto, otorgándole de nuevo la confianza al que nunca cumplió ni con sus promesas, ni con su ideología, ni con nada de nada. Algo que nunca sucedería en la ‘vida real’, sucede una y otra vez en la ‘vida política’.

¿Cómo es posible? Porque los partidos agitan en la cara de los ciudadanos esas viejas banderas políticas para que no puedas ver más allá, para que no puedas ver ni creer que otra manera de hacer política es posible. Por eso este articulito no llama a salir a la calle, sino que llama a salir a votar y a hacerlo por cualquier partido que no sea la ‘PPSOE’, porque con la ‘PPSOE’ nunca cambiará nada. De ustedes depende.

Fdo: Mario González (Mautiko Abogados)

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