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TRIBUNA / Mejor déjelo, alcalde, déjelo

Leonor del Río denuncia en este artículo de opinión la inacción del Ayuntamiento de Soria en dos temas de relieve social, cuya mejor resolución afectaría negativamente a intereses económicos privados: el embudo del alto del paseo del Espolón y el Cerro de los Moros.

TRIBUNA / Mejor déjelo, alcalde, déjelo

TRIBUNA / Mejor déjelo, alcalde, déjelo

A veces leemos en la prensa, perdón, en los medios, que la prensa poco dice, a veces leemos noticias o artículos aparentemente inconex@s pero que, una vez digerid@s por la memoria se ordenan en una misma dirección gracias a la coherencia de su fondo común. Y es el caso del ya vetusto embudo peatonal del paseo del Espolón, emblemática obra de arquitectura chapucera que l@s sorian@s no nos merecemos.

Después de repetidas y justificadísimas protestas vecinales desde su construcción, reclamando una solución razonable para ese malparido pasillo, el alcalde, de forma resumida con brillo por Ángel Coronado, ha sentenciado: que se jodan los vecinos. Y lo ha explicado de forma surrealista: “muchas otras calles de la ciudad sí que son realmente poco transitables y accesibles” (El Mirón. 27 de agosto). ¡Aleluya! ¡Aleluya! Hace falta cuajo para descartar un grave problema del principal paseo de la ciudad señalando las deficiencias de “otras calles”; seguramente se refiera a calles locales abandonadas a su suerte sin ningún mantenimiento por el mismo Ayuntamiento que preside. Si no es capaz de ver la diferencia entre ese paseo utilizado por una gran mayoría de sorian@s y turistas (no solamente l@s vecin@s de Mosquera de Barnuevo, que si pudiera se levantaría en armas contra tal despropósito) y las indecentes aceras de muchas de nuestras calles, es que el cargo le desborda.

Y añade como argumento definitivo que el pasillo-embudo “cumple la normativa”. Según las mediciones hechas por l@s vecino@s y algún arquitecto eso no es cierto, pero es que, aunque la cumpliera (la normativa fijará mínimos aplicables a calles mínimas, no al paseo principal), eso no le exime de reparar la acumulación de chapuzas allí cometidas, amén de la fealdad del acceso al aparcamiento: el proyecto con ancho insuficiente para el tránsito real de peatones, la mala resolución del paso de cebra para viandantes y luego su eliminación (ya se sabe, muerto el perro…), el lomo de burro o del burro que lo concibió y el canal navegable en que se convierte el embudo con las tormentas…Si el alcalde no lo ve así, es que el cargo le desborda.

Últimamente venimos leyendo también escritos críticos con la actitud oscurantista del alcalde ante la presión especulativa de unos propietarios de terrenos en el Cerro de los Moros. Que si indemnizaciones sí, que si indemnizaciones no; que si miles de viviendas, que si sólo unas poquitas; que si la ley dice tal, que si lo que vale es lo que digo yo. Y la respuesta callada del alcalde parece que es la misma: que se jodan l@s sorian@s y cuantos protestones no quieren esas viviendas. Sin explicaciones, como ahora es norma, sin transparencia. ¿No le asesorará en este embrollo el mismo arquitecto culpable del embudo? Y le digo al alcalde lo mismo: si no es capaz de actuar para salvar esos terrenos de la especulación inmobiliaria, es que el cargo le desborda.

En ambos casos subyace un mismo monstruo: el negocio privado dirigiendo la acción del Ayuntamiento. Un aparcamiento subterráneo y un suelo con expectativas. En los dos un mismo origen: la autorización de un mal proyecto y de unas obras para proteger el negocio (aparentemente dejados en manos del arquitecto de la empresa concesionaria)  y la aprobación de un plan de ordenación urbana perjudicial para la ciudad. Y la misma respuesta: no se hace nada ni parece que se vaya a hacer para corregirlo o para evitarlo. Si es así, alcalde, es que el cargo le desborda.

El alcalde, está (o estaba) haciendo una buena labor consiguiendo financiación y subvenciones para obras que estaban pendientes, pero está demostrando falta de criterio y autoridad racional para dirigir el urbanismo de la ciudad controlando los naturales impulsos insolidarios de algunos empresarios. A todos nos ha afectado la maldita pandemia con la suspensión de las Fiestas de San Juan; puede que a él, tan amante de ellas, más que a otros. Quizás haya agotado su tiempo y su vocación de servicio público se haya enfriado al calor del sillón que ocupa. Si así fuera, querido alcalde, reaccione con brío y actúe resolviendo nuestros problemas; y, si no es capaz, pues eso, francamente, mejor déjelo, alcalde, déjelo.

Fdo: Leonor del Río                                       

                           

 

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