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TRIBUNA / Nos iremos a Valdanzo

Ángel Coronado reflexiona en este artículo de opinión sobre el fenómeno de la despoblación y Valdanzo y plantea que pasaría si el vaciamiento de los pueblos se diese en Madrid.

TRIBUNA / Nos iremos a Valdanzo

TRIBUNA / Nos iremos a Valdanzo

No me sea gafe. No me cuente usted los habitantes de Valdanzo cuando todos se han ido menos los casi nueve que dice. O diga nueve. Las cosas claras. Cristo lo enseñó. Nueve. Después de haberse marchado doscientos cuarenta, me parece que quedaban diez, pero le dije nueve porque acababa de marcharse uno.

No sea gafe y diga que unos nueve. Cuente usted como Cristo enseñó. y no me diga lo que me dice. Se podría usted equivocar contando los dedos de sus dos manos si tuviese ciento dos en cada una, pero gafe o no, se lo juro, nunca me equivoco cuando me cuento los dedos.  

No me sea gafe. Y ya se lo digo, tampoco cante usted si no toca. Porque la media botella es la misma para uno que para otro. Gafe, gafe, ¿no es gafe lo del atasco en el grito?, el grito del que te pillo que te mato y no te saltes el semáforo que te doy. Y si canta, sea cuando toque. Cuando no te guste una palabra, no la digas. “Optimista” no me gusta. Me gusta lo bueno, pero esa palabra no. Cuando tengo que usarla la entrecomillo, pero prefiero dejarla en paz. Cuando entrecomillas, las comillas se te pegan como la brea. O me cojo El Mirón y vuelvo a lo de Valdanzo (El Mirón, “Valdanzo, todo un vínculo”. 31 de julio de 2022)

Me planto y trato de poner la mente a cero. Me cuesta, porque acabo de leer en este medio lo de Valdanzo, y veo la media botella de vino tan llena, que si me para la pareja y soplo, me quitan más puntos de los que tengo, que tengo todos, pero me quitan más, ¿Gafe?

Vuelvo a Valdanzo. Recomiendo Valdanzo para ver la manija del talante como loca. Valdanzo se da que no veas, hasta que ves la manija, que de loca, se va quedando clavada en punto cero, que te quedas tan así como si le hablas (a un pez) del agua. O del aire, al pájaro, y vale también para uno mismo, para ti, lector, para cualquiera, para todos, que no hay pez ni pájaro pesimista ni que cante cuando no toca, caso de que le digas al pez: oye, parece algo escasa (el agua). Pena da ver al pobre pájaro sin agua, digo sin aire. Al pez dile de lombrices y de anzuelos, para que aprenda, pero del agua y de momento, cero. Y al pescador de peces, pero de Valdanzo y de momento, cero. Dile, eso sí, del reguetón y Valdanzo. Pero en agosto.

Sea un viejecito en Valdanzo en agosto. A todo “reguetón” furioso de guitarras, voces, tambores y trompetas. No le dejan. No pega ojo, que con cuatro cabezaditas le sobran tres, y de la cuarta media. Viejecita igual. Vámonos a Valdanzo. Y a Langa de paso, y de paso Valdanzuelo. Y de ahí a la cosa vaciada y reguetona de fiestas, a todas las viejecitas y viejecitos insomnes y atormentados, solo me consuela pensar en que pocos, revueltos entre jaleo y jaleo, pobres, pobres, solo dormirán cuando la mona duerma pero sin mona, que ahora sí, cabezadita y media, si no dos, largas, largas, de las de pijama y orinal. O tres. En Valdanzo, y en verano a los viejecitos, como a los peces el agua…, ¡oiga!, en agosto Valdanzuelo no hay viejos, ya te digo, la mente a cero.

¿Y en el invierno qué?

En febrero ni reguetón ni nada, y al curro, y al paro, y al gafe y al metro y a las ocho la sirena y a por el niño. La guardería y así hasta final de mes que no llegue, que no llegue, y al jefe qué le digo que me dice que otra y no más y si te acuerdas de Valdanzo que te olvides porque mañana la sirena y el atasco y esta vida es un asco. Y del invierno qué quiere usted. Parece que del invierno es para usted como eso del agua para el pez, que ni se entera. Y en el invierno qué y en el invierno qué. No me diga otra vez lo del invierno qué.

¿Y en el invierno, digo en Valdanzo, qué?

No me sea gafe que se lo vuelvo a decirr, al curro, váyase usted al curro, váyase a tomar por el curro, a tomar el metro por el curro, autobús, al curro coche, al curro atasco, al curro, curro, más que tonto, curro, más que curro, más que metro, más curro que metro, que te metro medio curro que te vas a enterar, pedazo de atasco, ¿no lo ves?, y el autobús que no llega, qué hago con el niño, guardería, guardería, cacho guardería, ¿es que no lo ves?, ¿no ves al niño, ciego, idiota, no ves que solo quiere jugar? Cacho guardería, que eres un cacho guardería, ¿no ves que al niño se le van los pies? Llévalo a Valdanzo, imbécil, reguetón, más que reguetón. (Y a ese viento, llévatelo a ese viento y no seas gafe (veo que se lo piensa), y a ese viento veo que se lo piensa y al agua patos y pies para qué os quiero.

En la Consejería de la despoblación de no sé qué Comunidad de las Autónomas, el consejero de la Despoblación se rasca la cabeza. En el Ministerio de la Despoblación, el ministro se rasca la cabeza, en el reino de irás y no volverás el Rey se la rasca y en el Imperio de la Despoblación, el emperador de la Despoblación de todas las despoblaciones se la rasca también. Todos a la fresca, todos se rascan la cabeza y a la fresca. Y en Valdanzo hay un viejecito que se rasca la cabeza porque no sabe ¿A la fresca?, ¿a la fresca de un viento?, ¿cómo?, ¿como peces a la fresca de un agua, agua, agua, tan contentos? No saben. No contestan.

Y en Valdanzo hay un viejecito que se rasca la cabeza porque no sabe, no sabe que Dios se ha enfadado y quiere poner, se lo está pensando, piensa en el mismo Madrid pero la Puerta del Sol se le queda pequeña, duda entre la Casa de Campo de por ahí, quiere poner en cualquier Campus (al campo en Madrid lo llaman Campus), Dios mío, quiere poner algo en nuestra patria pero también en muchas otras patrias, que hay muchas, como la nuestra ninguna pero hay muchas, en sus propios Madriles, que cada patria tiene su Madrid aunque lo llamen de otra manera pero es igual, quiere poner algo de más de eso, mucho más del que ya tiene Madrid para que un anticiclón inverso a la borrasca de ahora vacíe de una vez a todos los llenos de eso para que todo lo vacío se llene de nuevo. Y el pobre viejecito se rasca la cabeza porque ya se ve solito, solito él, en ese nuevo vacío, en la punta de un rascacielos vacío, lleno de vértigo, lleno de mierda, lleno de miedo, despelujado, con la cabeza rascada, uñas largas, vacío.

Fdo: Ángel Coronado

 

 

 

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