Portada

Bayubas de Abajo celebra centenario de Irene Frías, natural de Valdenebro

La iglesia parroquial y el Ayuntamiento de Bayubas de Abajo han acogido esta mañana los actos de celebración del centenario de su vecina Irene Frías Molina.

Bayubas de Abajo celebra centenario de Irene Frías, natural de Valdenebro

Tras la eucaristía, que se ha celebrado en la parroquia de la localidad, ha tenido lugar un pequeño homenaje en el ayuntamiento de Bayubas de Abajo, donde el vicepresidente y diputado de zona, Enrique Rubio, le ha hecho entrega de la placa conmemorativa y del acta que contiene su partida de nacimiento.

Por su parte el ayuntamiento de la localidad, en la persona de su alcalde, Juan José Oliva, le ha hecho entrega de una placa y un ramo de flores, y también ha asistido el alcalde de Valdenebro, José Antonio Cercadillo, que además de felicitarle en nombre de toda la corporación le ha hecho entrega de un ramo de flores. En ambos actos ha estado arropada por sus familiares y también por amigos y vecinos que han querido participar de un acto entrañable.

Irene Frías Molina nació el 19 de septiembre de 1926 en Valdenebro, en el seno de una familia formada por cinco hermanos.

Fue la mayor de ellos, con dos hermanas y tres hermanos, circunstancia que hizo que desde muy joven conociera el sentido de la responsabilidad, el cuidado de los demás y la importancia de la familia.

Su nacimiento tuvo lugar en una época en la que la vida transcurría principalmente alrededor de la familia, el trabajo y las costumbres del pueblo, en un entorno rural, dedicado fundamentalmente a la agricultura y la ganadería.

Irene acudió a la escuela de Valdenebro hasta aproximadamente los 14 años. A esa edad, tuvo que dejar los estudios, no porque le faltaran ganas de aprender, sino porque las necesidades de la familia exigían que comenzara a trabajar y contribuyera económicamente en casa.

Bayubas de Abajo celebra centenario de Irene Frías, natural de Valdenebro

Como hermana mayor de cinco hermanos, Irene asumió desde muy joven responsabilidades que hoy pueden resultar difíciles de imaginar.

En aquellos años, especialmente en las familias del medio rural, los hijos contribuían al sostenimiento de la casa desde edades tempranas.

Después de dejar la escuela, su vida quedó ligada al trabajo.

Recogía resina y pizarros para encender, que posteriormente llevaba a vender a El Burgo de Osma.

Bayubas de Abajo celebra centenario de Irene Frías, natural de Valdenebro

Para realizar aquel recorrido, tres veces a la semana, caminaba 10 km aproximadamente dos horas diarias acompañada de su borriquilla, cargando con los productos que había recogido.

Su juventud, por tanto, estuvo marcada por una combinación de responsabilidad, sacrificio y trabajo. Apenas terminada su etapa escolar, tuvo que enfrentarse a las obligaciones de la vida adulta y ayudar a sacar adelante a su familia.

Y quizá uno de los aspectos más importantes de su historia sea precisamente ese: Irene no tuvo una infancia fácil, pero aprendió desde muy pequeña a trabajar, a cuidar de los suyos y a seguir adelante ante las dificultades.

Siendo todavía joven, Irene decidió salir de Valdenebro y marcharse a Madrid para trabajar. Como tantas jóvenes de aquella época procedentes de pueblos pequeños, buscó una oportunidad que le permitiera ganarse la vida y, al mismo tiempo, ayudar a su familia.

En un primer momento trabajó en una pensión de estudiantes y posteriormente comenzó a trabajar al servicio de una familia. Era un cambio enorme respecto a la vida que había conocido en Valdenebro: dejar atrás su casa, su familia y su entorno para enfrentarse a la vida en una gran ciudad.

Sin embargo, aquella experiencia no duró demasiado. Irene enfermó y su estado de salud le obligó a regresar a su pueblo, donde continuaría su vida junto a los suyos.

A pesar de que aquella etapa terminó antes de lo que esperaba, también forma parte de la historia de una mujer que desde muy joven intentó salir adelante, buscó oportunidades y no tuvo miedo de afrontar nuevos caminos.

Así, entre el trabajo en el campo, las tareas domésticas, los largos viajes a El Burgo de Osma y aquella breve experiencia en Madrid, fueron pasando los primeros años de la vida adulta.

Irene continuó su vida hasta que llegó uno de los momentos más importantes de su historia.

El 19 de septiembre de 1951, el mismo día en que cumplía 25 años, contrajo matrimonio con Ceferino Abanades, natural de Ablanque, provincia de Guadalajara y residente en Bayubas de Abajo, pertenecía a una familia numerosa de doce hermanos, varios de ellos resineros, su madre regentaba la panadería de Bayubas de Abajo.

La boda se celebró en Bayubas de Abajo, localidad que desde entonces se convertiría en el hogar de Irene y donde desarrollará prácticamente toda su vida.

Bayubas de Abajo pasó a ser mucho más que el lugar de su boda: fue el pueblo donde construyó su hogar, donde vivió los años de su madurez y donde permaneció hasta nuestros días.

Así, aquella joven nacida en Valdenebro en 1926, que había tenido que dejar la escuela a los 14 años para trabajar, que había recorrido a pie los caminos hasta El Burgo de Osma con su borriquilla y que incluso había intentado buscar una oportunidad en Madrid, encontró finalmente en Bayubas de Abajo el lugar donde echar raíces.

Es una coincidencia especialmente bonita para recordar en su centenario: 100 años de vida y 75 años desde el comienzo de su vida matrimonial.

Después de casarse con Ceferino, Irene comenzó una nueva etapa de su vida en Bayubas de Abajo. Allí formaron su hogar y llegaron sus dos hijas: Alicia y Ángela. Con el paso de los años, la familia continuó creciendo. Irene tiene seis nietos, nueve bisnietos.

Hoy a sus 100 años, Irene puede mirar atrás y contemplar una familia formada por dos hijas, seis nietos y nueve bisnietos, cuatro generaciones unidas por una misma historia.

Después de muchos años compartiendo su vida, su hogar y la crianza de sus hijas, Irene sufrió la pérdida de su marido Ceferino, hace 32 años aproximadamente.

A partir de entonces, Irene tuvo que continuar su camino, pero siguió adelante, manteniéndose cerca de sus hijas y de la familia que habían construido juntos.

Con los años, sus dos hijas, seis nietos y nueve bisnietos se convertirían en una parte fundamental de su vida y en su gran legado familiar. Actualmente son sus hijas las que se encargan de sus cuidados.

Pasan el invierno en Soria y, durante la época estival, en Bayubas. Irene goza de buena salud y de una excelente memoria.

Hoy, después de más de tres décadas de viudez, Irene sigue siendo el pilar y la memoria viva de varias generaciones de su familia. A sus 100 años, conserva en sus recuerdos buena parte de la historia de una época que ya casi nadie puede contar como ella: la vida rural de años difíciles de su juventud, el trabajo desde niña, su matrimonio…

A pesar de que durante buena parte de su vida, dispuso de muy poco tiempo libre, Irene siempre encontró momentos para dedicarse a aquello que le gustaba.

Una de sus grandes aficiones ha sido hacer punto, fue para ella no solo una forma de entretenerse, sino también una manera de hacer cosas con sus propias manos, algo que ha estado presente durante toda su vida.

Otra de sus grandes pasiones ha sido la jardinería. Cuidar las plantas, verlas crecer y mantener su jardín bonito le ha permitido disfrutar del contacto con la naturaleza, algo muy ligado también a sus raíces en el mundo rural.

Son dos aficiones que reflejan muy bien algunos rasgos de su personalidad: paciencia, constancia, cuidado y dedicación. Las mismas cualidades que tuvo que poner en práctica para sacar adelante a su familia estuvieron también presentes en esas pequeñas cosas que disfrutaba realizando.

Y así llegamos hasta Irene, que con sus 100 años, no solo representa un siglo de historia, sino también una vida construida con esfuerzo, amor por la familia y pequeñas cosas que le han dado felicidad.

Sección: provincia

Subsección: berlanga

Id propio: 102292

Id del padre: 86

Vista: article

Ancho página: 0

Es página fotos: 0

Clase de página: detalle