Colorín colorado
Ángel Coronado incide en este artículo de opinión en la finalización de la "humanización" de las travesías de SorIa, un proyecto impulsado por el Mitma, con fondos europeos, y que se ha dado por terminada.
Viejas mediciones injustas; sobre riqueza y bienestar

Colorín colorado
“Socialística” y “Mitmamente,” en efecto, se da por terminada la “Humanización” de travesías de Soria. Esto es un hecho “Evidentísticamente” evidente. Igualmente, y en el simple ejercicio de practicar un derecho que nos asiste, nadie, ni el Mitma “Mitmamente” ni cualquier otra instancia que lo pretendiere, tiene o tendría autoridad ninguna para imponer a las autoridades pertinentes de cualquier ciudad, no ya el derecho de sus ciudadanos, que también, como seres humanos que son (que somos, que también los ciudadanos de Soria somos humanos) tenemos de practicar esos derechos humanos de humanización, nadie, repetimos, tiene o tendría el derecho de imponer a las autoridades de cualquier ciudad ni a sus vecinos desde el primero hasta el último, la configuración de sus glorietas, de sus pasos de peatones, de sus carriles bici/patinete, la altura de sus bordillos, la frecuencia de sus semáforos, la configuración de sus pendientes, pasos elevados, rotondas, los colorines de sus fuentes (aunque sí los de sus semáforos, siempre, siempre, siempre rojo, ámbar y verde (que no nos venga Carlitos a decir, por muy alcalde que sea, que en Soria los semáforos han de ser morados, grises y blancos, eso no), ni que “Mitmamente” venga el Mitma o el Santísimo Cristo de las Angustias a decirnos que en Soria, las travesías de la ciudad han de ser algo que se parece a las autovías sin serlo, a las calles sin serlo tampoco y parara qué seguir con la matraca de siempre, que no sigo sino tan solo para recordar lo de los embudos, y otra cosa, por favor, Carlitos, por favor, no sigas poniendo esculturas gigantescas de cangrejos de río en la curva de ballesta de nuestro río, y con el pastón de dinero nuestro que te vendría con ello gratis y a las manos, gástalo, por ejemplo, Carlitos, es una idea, en un par de manos de pintura para evitar que la estructura del puente de hierro del antiguo ferrocarril en su cruce por la curva de ballesta de nuestro río se venga abajo y de paso nos pudiese aplastar alguna escultura, no decimos ya de cangrejo sino de trucha, Carlitos, o de rana, con perdón.
No queremos, de ninguna manera, blanquear posibles errores del Mitma, que también el Mitma, ¡qué duda cabe!, los puede cometer y cometa. Por cierto, Mitma, aprovecharemos la ocasión para comentar ahora y aquí la ocasión que tienes para evitar uno. Dile a Carlitos lo que ahora estamos intentando decir nosotros, no sea que se te carguen a las costillas cuentas ajenas, que bastantes cuentas tendrás para que ahora eso, que cada mochuelo a su olivo, todo ello sea dicho bajo el supuesto de que, a estas horas, Carlitos esté donde suponemos que debe, cosa que solo es, según decimos, supuesta. En su olivo.
¿En la plaza del Olivo?
Buena pregunta, oiga. Porque no tenemos claro lo del olivo en Soria. Sabemos que el olivo no gusta de climas tan fríos como el nuestro. Sabemos también que sus cuatro aceitunas no dan para ni para cuatro gotas de aceite. El olivo es de origen mediterráneo y parece ser, según nos dice la Wiki, que se domestica para el consumo humano de sus aceitunas en la región oriental de dicho mar y desde hace ocho o diez mil años. Repetimos, no acertamos a saber qué hace un olivo en Soria. Porque no solo es el nombre de la plaza. Es que en la plaza hay un olivo, oiga. Dicen que los olivos pueden vivir más de mil años. No creemos que Soria naciese en torno a ese olivo. Siempre que pasamos por esa plaza nos fijamos en el olivo, pero nunca hemos visto ningún mochuelo en él.
¿Alguna pregunta más?
Silencio absoluto. En El Mirón un artículo cuyo título reza esto: “El MITMA da por terminada la “humanización” de travesías de Soria”. Y como el silencio absoluto se hace, además, insoportable, repetimos: muchas cosas han cambiado desde que el imperio, el romano, se vino abajo. Pero algunas cosas perduran. Algo averiado, eso sí, pero el idioma castellano es hijo directo del latín y eso no hay quien lo niegue, se parece a su padre. Y entre otras muchísimas cosas hay otra que también, algo averiada, pero con todo y con eso, todavía sigue tan vivita y coleando. La institución municipal romana, la ciudadanía, era (y es todavía) algo muy especial en lo que nadie duda. Se trata de su soberanía. Como el capitán de un barco en alta mar, la soberanía de una ciudad (grande o pequeña da igual), encarnada en su soberano, es decir, en su alcalde, es la del capitán de un barco, tanto en el imperio romano como ahora.
¡Cierto, cierto,! dice uno que acaba de marear en un crucero. Cuando el barco se vino a pique, hasta un general y un ministro se metieron como ratas en el bote salvavidas que, a golpe de látigo, les arreaba el capitán, que, por cierto, se fue a pique con su barco, mandón él,
Vuelvemos a coger el periódico. “El MITMA da por terminada la “humanización” de travesías de Soria”
Todo el mundo lo sabe. El Mirón es un periódico digital, pero nosotros imaginamos sea de papel. Estamos sentados en el banco circular que rodea, a modo de alcorque gigante, al olivo de la Plaza del Olivo, y estamos ojeando de nuevo el periódico. Y de ojeo en ojeo miramos al olivo. Ni cagadas de mochuelo en él.
Fdo: Ángel Coronado