La Diócesis de Osma-Soria presenta su programación pastoral para el curso 2026-2027
La Diócesis de Osma-Soria ha presentado este miércoles, 16 de septiembre, su programación pastoral para el curso 2026-2027, que lleva por lema “Unidos en la misión” y que quiere ofrecer un horizonte común para la vida y la acción pastoral de la Iglesia diocesana durante los próximos meses.
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El encuentro, presidido por el Administrador diocesano, Gabriel-Ángel Rodríguez Millán, reunió a sacerdotes, miembros de la vida consagrada y fieles laicos de distintas realidades diocesanas.
La presentación partió de una pregunta que acompañó todo el acto: “¿Qué Iglesia necesita hoy nuestra tierra?”, invitando a mirar con realismo y esperanza la situación de la diócesis y la misión que está llamada a desarrollar.
La nueva programación se sitúa en un momento particular, marcado por la sede vacante, y se plantea desde tres claves: continuidad, transición y esperanza. No pretende inaugurar un nuevo plan pastoral, sino dar continuidad al camino recorrido durante los últimos años, consolidar los procesos ya iniciados y preparar responsablemente el futuro, mientras la diócesis espera la llegada de su nuevo Obispo.
El documento recoge también las aportaciones realizadas por arciprestazgos, delegaciones y organismos diocesanos y concentra el trabajo pastoral en cinco prioridades: una Iglesia que anuncia a Jesucristo y acompaña la fe; una Iglesia que forma discípulos; una Iglesia que camina unida; una Iglesia que sirve; y una Iglesia presente en la sociedad.
Todas ellas forman un único itinerario orientado a fortalecer la renovación misionera, la comunión, la corresponsabilidad y el servicio evangelizador.
Durante el acto, cinco personas vinculadas a diferentes ámbitos de la vida diocesana acercaron cada una de estas prioridades desde su propia experiencia, mostrando cómo pueden hacerse realidad en la vida cotidiana de las parroquias y comunidades.
La presentación tuvo también un marcado carácter participativo.
Los asistentes fueron invitados a mirar las prioridades desde su propia realidad y a señalar algún paso concreto que podría darse durante el curso, así como aquello que cada uno puede aportar para avanzar juntos. Las aportaciones recogidas servirán también para acompañar el desarrollo de la Programación.
En su intervención final, el Administrador diocesano recordó que la programación “no quiere ser una carga ni una lista de obligaciones”, sino una ayuda para concentrar esfuerzos y caminar en una misma dirección.
Y resumió el espíritu con el que la diócesis afronta el nuevo curso: “Nadie podrá hacerlo todo. Pero todos podemos hacer algo”.
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