Soria se despide en junio de la última trashumancia merina
La última trashumancia merina de Soria ya tiene fecha. Será del 19 al 21 de junio, de la mano de los hermanos ganaderos Pérez, de Navabellida.
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Organizada por la Mancomunidad de Tierras Altas, el rebaño de los hermanos Pérez, de Navabellida, los últimos ganaderos trashumantes de merino de la provincia de Soria, pasará por última vez por la ciudad de Soria camino a la Sierra tras pasar el invierno en las cálidas dehesas de Extremadura y, con ellos, regresa una edición más del evento ‘Somos Trashumantes’.
Los hermanos Pérez pondrán punto final en Navabellida a toda una vida dedicada a la trashumancia y lo harán en su pueblo natal, donde se realizará el domingo 21 de junio la fiesta de la trashumancia.
“Somos Trashumantes” se ha convertido en los últimos años en más que una actividad: ha supuesto una inmersión en la cultura de la trashumancia, un viaje que conecta pasado y presente a través de los caminos que durante siglos han unido montañas y llanuras.
En el trayecto, los acompañantes han podido conocer de primera mano cómo la trashumancia modeló el paisaje, dio forma a pueblos enteros y dejó una huella cultural que hoy se reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Además, ha podido conversar con los pastores, conocer sus costumbres, aprender sobre la vida nómada del ganado y saborear la hospitalidad serrana.
El recorrido en tres etapas transcurre por la Cañada Real Soriana Oriental, partiendo del camino del Cañuelo, desde la ciudad de Soria, y atravesando parajes de tanto valor ecológico, natural e histórico como el pueblo de Garray y el cerro de Numancia, el Valle de Tera, los robledales del Zarranzano, el impresionante acebal de Garagüeta o la Sierra del Alba.
Mucha historia
La trashumancia ha marcado desde la antigüedad la forma de vida tradicional en Tierras Altas.
Si atendemos a su significado estricto la trashumancia es el movimiento estacional de ganado siguiendo las rutas regulares establecidas explotando al máximo los pastos naturales a lo largo de todo el año. Ha impreso su huella en el paisaje y en el paisanaje de estas gentes.
Entre el siglo XVI y el XVIII se produce el auténtico esplendor de esta actividad, gracias al comercio de la lana. Una vez cortada y lavada se preparaba en fardos y se trasladaba a los puertos de Bilbao y Santander, desde donde partía hacia los Países Bajos e Inglaterra.
Europa se vestía con la lana de Castilla. La provincia de Soria llegó a tener en el S. XVIII 333.558 ovejas merinas.
A medida que avanzó el siglo XIX se juntaron una serie de elementos que llevaron al derrumbe de la Mesta. En primer lugar Las Cortes de Cádiz en 1813 promulgaron una Ley que abolía la mayor parte de privilegios de la Mesta y favorecían la agricultura.
Poco después llegó la Guerra de la Independencia durante la cual los rebaños fueron expoliados para servir de alimento a los combatientes. Por último, en medio de este caos, se produjo la exportación de importante número de rebaños a Francia e Inglaterra.
En 1836 El Honrado Concejo de la Mesta desapareció como tal tras más de 560 años de existencia
A lo largo del S. XX el proceso de abandono de la trashumancia trastoca completamente un marco laboral que ocupaba a la mayoría de los varones. Esto supone que muchos tengan que emigrar y una auténtica sangría humana para Tierras Altas.
Paralelamente el traslado tradicional de los rebaños andando comienza una rápida decadencia con la entrada en funcionamiento del servicio de transporte de ganado por ferrocarril y ya en el año 1979 encontramos la cifra de 65.000 ovejas transportadas en ferrocarril en toda la zona.