Viana de Duero rediseña su arquitectura con participación de vecinos
Viana de Duero ha sido escenario de la plasmación de un proyecto centrado en cómo la memoria colectiva, materializada en objetos y espacios rurales, puede ser el catalizador para iniciar un diálogo entre un pueblo y su historia, a través de la arquitectura como archivo de la memoria y la intersección generacional como agente de diseño.
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El proyecto ha sido posible gracias a Claudia Gómez, estudiante de arquitectura en la Universidad de Alicante, que se planteó en su proyecto final del máster una arqueología del presente que, mediante el diseño, entreteje la historia del pueblo de Viana de Duero, donde tiene antecedentes familiares, con las voces intergeneracionales.
Gómez lleva años interesada en los pueblos de la España rural, su cultura, su historia, su patrimonio y la relación de todas éstas con los problemas derivados de la emigración y la España vaciada.
Hace casi ya dos años que dedicó también su trabajo final de grado a la provincia y al pueblo.
En este primer trabajo fue más de investigación desde un punto de vista más directo y estrictamente visual: cómo se han transformado la estructura, el urbanismo, los edificios y dotaciones de los pueblos durante los últimos 60 años de emigración.
Además analizó qué tipo de edificios y actividades han quedado atrás, cuales se han transformado y cuales han aparecido a consecuencia de las nuevas formas de habitar los pueblos, más centradas en el periodo vacacional.
En este primer trabajo recopiló fotografías, historias de los vecinos, planos del pueblo y toda esta información ha sido la base para el proyecto que ha llegado después, en el máster.
Este último proyecto surge como una manera de intentar enfrentarse directamente como ensayo de lo que le gustaría empezar a hacer en un futuro próximo en su carrera profesional.
“Como a través de la arquitectura y el diseño podemos transformar los espacios de los pequeños municipios para adaptarlos a las nuevas formas de habitarlos sin perder su esencia y su cultura, recuperando y reivindicando partes de su patrimonio y construyendo además comunidad que es lo más importante para mantener los pueblos rurales vivos”, ha resaltado.
Para Gómez lo más importante de todo el trabajo ha sido que este proyecto se construyó haciendo partícipe a algunos vecinos de Viana de Duero, el pueblo de su familia.
El proyecto lo ha afrontado como un laboratorio de ensayo de su futuro profesional como arquitecta y para ello se ha preguntado qué podría hacer desde su posición para intentar aportar algo nuevo al pueblo, y en todo momento lo ha hecho trabajando paralelamente con algunos vecinos del pueblo.
Enlace al trabajo: https://www.swisstransfer.com/d/721faace-1859-4b87-938f-3e5f1d333dc6

Intervención
A partir de una serie de objetos pertenecientes a la cultura material del pueblo, vinculados a modos de vida del pasado rural, se ha activado un dialogo con la comunidad del pueblo, donde el diseño participativo se ha convertido en un motor para la creación de nuevos ambientes de convivencia intergeneracional.
De este modo, la arquitectura ha actuado como un archivo vivo y compartido, donde el diseño no se impone, sino que surge del diálogo intergeneracional.
“Estos artefactos funcionan como un soporte físico que permite a los habitantes tejer su memoria colectiva con el espacio urbano, asegurando que el diseño del futuro de los espaciaos del pueblo sea un reflejo directo del cariño, el patrimonio y el relato común de su gente”, ha explicado Gómez.
El trabajo desarrollado ha pretendido ser el inicio y/o laboratorio de ideas para un futuro proyecto mayor que incluya distintos entornos del pueblo, además de animar a otros municipios a continuar con la iniciativa del diálogo de la comunidad rural a través del diseño narrativo.
El objetivo central ha sido que el propio pueblo se convierta en el narrador de su historia a través de procesos de co-diseño, donde la comunidad utiliza los objetos de su cultura material para imaginar y construir.
Antes de presentar la iniciativa al pueblo, Gómez intentó cartografiar lo que, a su juicio, conformaba el imaginario del pueblo hace aproximadamente ochenta años.
Para construir esa imagen combinó, por un lado, todo lo observado y analizado durante el trabajo fotográfico y, por otro, los relatos e historias que había escuchado a lo largo de los veranos de su vida en el pueblo.
Las conclusiones a las que llegó partían de la idea de que la vida en el pueblo estaba profundamente vinculada al trabajo, mientras que el ocio ocupaba un lugar secundario y carecía de espacios específicamente destinados a ello.
El tiempo libre se desarrollaba en las propias calles o se entrelazaba con las labores cotidianas, de modo que tanto el paisaje como la estructura urbana quedaban definidos por esas prácticas diarias. Podría decirse que eran las labores de trabajo las que construían los espacios.
Estas labores respondían, en esencia, a las necesidades más básicas para la subsistencia: la alimentación y la higiene.
En su lectura, el trabajo de los habitantes se organizaba en torno a tres grandes ámbitos: el cuidado de los animales, que garantizaban el alimento futuro; el trabajo agrícola y de campo, destinado tanto al consumo humano como al de los propios animales; y, por último, las tareas de limpieza e higiene, que incluían el cuidado del cuerpo, de la ropa, de las herramientas y de los objetos vinculados al trabajo y a la cocina.
Este imaginario fue construido desde la mirada que atraviesa todo el proyecto, aquella que entiende la relación entre objeto, espacio y vida social como un sistema interdependiente.
La investigación ha confirmado la hipótesis inicial de que la cultura material del mundo rural, (herramientas, espacios de trabajo, objetos domésticos) posee un fuerte potencial narrativo y proyectual.
Lejos de ser restos de un pasado obsoleto, estos elementos funcionan como condensadores de memoria capaces de activar vínculos intergeneracionales y de generar nuevos escenarios de encuentro.
En este sentido, el objeto deja de ser entendido como una mera herramienta funcional para convertirse en un mediador entre pasado, presente y futuro, capaz de articular identidad, espacio y vida social.
El proceso metodológico desarrollado, basado en el diálogo con la comunidad y en dinámicas lúdicas como la gincana, ha demostrado la eficacia del diseño participativo como herramienta de investigación y de proyecto.
Uno de los principales aprendizajes del trabajo ha sido comprobar que la arquitectura puede actuar como un archivo compartido sin necesidad de recurrir a grandes infraestructuras ni a intervenciones permanentes.
Las pequeñas acciones, los artefactos efímeros y las transformaciones simbólicas del espacio público se revelan como estrategias especialmente adecuadas para contextos rurales de pequeña escala, donde el valor reside más en el proceso y en la implicación comunitaria que en el resultado formal.
La elección del lavadero como primer espacio de intervención ha sintetizado muchas de las conclusiones del proyecto.
Este lugar, históricamente vinculado al trabajo femenino y a la vida social del pueblo, había quedado reducido a un espacio residual de paso.
Su reactivación, a través de una intervención que transforma objetos tradicionales en dispositivos de ocio y cuidado, ha permitido no solo resignificar el espacio, sino también rendir homenaje a las historias invisibilizadas que lo habitaron.
“El diseño no borra el pasado, sino que lo reinterpreta y lo proyecta hacia nuevas formas de uso, desligadas del esfuerzo y centradas en el disfrute colectivo”, ha resumido.
Asimismo, el trabajo ha puesto en evidencia que mantener viva la identidad colectiva en los pueblos no pasa únicamente por atraer nuevos habitantes, sino por reforzar los vínculos de quienes ya forman parte de la comunidad, aunque residan fuera.
La memoria compartida, cuando se activa a través del diseño y del espacio público, se convierte en una herramienta de arraigo capaz de generar continuidad y sentido de pertenencia entre generaciones.
Finalmente, este proyecto no se ha planteado como una solución cerrada, sino como un laboratorio de ideas abierto y replicable.
El catálogo de objetos, las dinámicas participativas y la metodología desarrollada sientan las bases para futuras intervenciones tanto en otros espacios de Viana de Duero como en otros municipios rurales con problemáticas similares.
En este sentido, el trabajo aspira a contribuir a una reflexión más amplia sobre el papel del diseño y la arquitectura en la revitalización del mundo rural, entendidos no como agentes externos que imponen soluciones, sino como mediadores sensibles que escuchan, interpretan y construyen junto a la comunidad.