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Abejar abre sus puertas a La Barrosa

Los vecinos de Ábejar han abierto desde primera hora de este sábado las puertas de sus casas para recibir y agasajar a la barrosa, un viejo ritual entre carnavalesco y mitológico, de incierto origen, que es el orgullo de los hijos de este pueblo conocido por ser la puerta de la comarca soriana de Pinares.

Este año le ha correspondido a Sergio y Jorge Romero, jóvenes de 18 años que residen fuera de Ábejar pero que mantienen un fuerte arraigo con el pueblo, portar la barrosa, un armazón de madera decorado con telas y lazos que simboliza una vaca.
Esta tradición de Abejar, entre carnavalesca y mitológica, cuenta con documentos del año 1935, pero incluso los investigadores creen que podría celebrarse años antes y califican esta fiestas como “única en España”, motivo por el cual se ha pedido con insistencia el reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Regional

El recorrido les lleva a los barroseros, que eran hasta la supresión del servicio militar los mozos que entraban en quintas, por todas las casas abiertas en este municipio, que ante el fenómeno de la despoblación que afecta a la provincia, se vio obligado en 2019 a trasladar la fecha de celebración, del tradicional martes de carnaval al sábado más próximo, para facilitar la participación de hijos del pueblo que emigraron a otras tierras para abrirse camino.

Los barroseros tienen que ir, para su cuestación, casa por casa de todos los vecinos y no deben dejar de visitar ninguna, ya que  los vecinos se sentirían marginados de la comunidad y en todas las casas les obsequian con roscos y místela.

Frente a los tradicionales obsequios de hace muchos años -huevos, chorizo, patatas, licores,...-, ahora los vecinos les entregan dinero, en una cuestación que se prolonga hasta bien entrada la tarde.

El son de los cencerros los lleva de un lugar a otro del pueblo, uno portando la Barrosa y el otro la cesta para la recogida de alimentos y la fusta, en una tarea que cambian frecuentemente los papeles.

El sonido es peculiar y viene determinado por el movimiento de brazos y hombros del Barrosero, un movimiento continuo de avance y retroceso, lo que le obliga a caminar de un modo determinado y a un duro esfuerzo físico, lo que hace que la Barrosa tampoco camine horizontal, sino como queriendo acometer, con la testuz baja y la cola elevada, lo que permite ver toda la espalda del Barrosero.

En torno a las las nueve de la noche se celebrará el final del ritual en el salón del Ayuntamiento, donde se dará muerte a La Barrosa con unos disparos de fogueo lanzados al aire en la calle, momento en el que sus restos serán portados por todos los jóvenes que la portan para entrar nuevamente en el salón y dar otras tres vueltas, siempre ante la emoción y los aplausos emotivos de los vecinos.

Acto seguido, se beberá el vino como símbolo de la sangre de La Barrosa, y tras la ‘resurrección’ del animal, los barroseros bailarán el tradicional pasodoble con sus madres.

La estructura de la barrosa, o fingida res vacuna, está construida por un armazón de madera de forma rectangular que sirve de soporte de una sábana blanca que lo cubre a modo de faldón, con los laterales engalanados con cintas de calores y en la parte trasera un apéndice a modo de rabo y ocultos media docena de cencerros.

El frontal lo preside un dibujo con tira negra del rostro del bóvido, que luce un vistoso cachirulo en la frente y le sobresalen unas astas auténticas injertadas.

Los vecinos remiten todos a que esta fiesta, organizada por los mozos de la localidad, se hace "por tradición", aunque documentalmente no se ha podido poner una fecha concreta debido en gran parte al incendio sufrido en 1897 en el Ayuntamiento.

Lo que sí está escrito es que esta mascarada ha llamado en el tiempo la atención de antropólogos, arqueólogos e historiadores, entre ellos de Julio Caro Baroja quien relacionó la barrosa con otras vaquillas como las que se celebran en Atienza (Guadalajara), Rebollar (León), y Miraflores y Los Molinos(Madrid).

El Ayuntamiento de Abejar ha presentado en varias ocasiones, desde 1999, la solicitud a la Junta de Castilla y León para que la barrosa fuese reconocida como fiesta de interés turístico regional, pero la petición ha sido desestimada siempre por entender que los visitantes de la fiesta son mayoritariamente locales

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