Tras el 8M… volvemos al día a día de las mujeres
La lacra de la violencia de género sigue estando inexorablemente en el día a día. Diez mujeres y dos niños en lo que va de año demuestran esta asveración. En el Día de la Mujer, Antigona ha querido dar voz a las que ya no la tienen y a las que se la quieren apagar.
La entereza debe complementarse con el amor; únicamente con la Justicia no sirve
Tras el 8M… volvemos al día a día de las mujeres
Nuestros días de encuentro anuales van teñidos de consignas que nos animan a seguir en el camino de la reivindicación y la lucha por la igualdad. Así lo hicieron quienes nos precedieron y a quienes debemos lo conseguido hasta hoy, pero el camino no es fácil y mucho lo pendiente por conseguir. En todos los ámbitos, pero el más doloroso, en donde la vida de las mujeres está literalmente en peligro, si bien en distinto grado, es en los casos en los que la violencia forma parte de la cotidianidad.
Desde Antígona no dejamos de acompañar a mujeres que confían en nosotras, y en la justicia, para construir y reconstruir sus vidas, y las de sus hijos e hijas en tantos casos. Así que hoy, en esta nota, sólo pretendemos recordar que siguen existiendo casos de maltrato psicológico que, aunque la ley los contempla, son especialmente difíciles de demostrar en una sala de juicio. Las mujeres que se atreven a denunciar, tras años de sufrirlo (e identificarlo), con hijos o hijas, se enfrentan a no ser creídas por el entorno -familiar, social, laboral-, y, en consecuencia, a ser expuestas públicamente por ex parejas que de forma sobrevenida recuerdan deberes paternales sólo cuando ellas plantean el divorcio.
El acoso y las amenazas en lugares públicos incluso con hijos o hijas presenciándolos, induce en las mujeres graves estados de ansiedad, y miedo paralizante: esta es sólo una de las consecuencias más visibles. Y en demasiadas ocasiones la justicia es ciega y sorda ante este tipo de violencia… las órdenes de alejamiento parecen obvias para la defensa de la mujer víctima, pero no resultan tan obvias en numerosos casos para quienes tienen la potestad y el deber de cursarlas.
Órdenes de alejamiento…en el mundo rural. ¿Podemos imaginar su eficacia cuando la residencia habitual es en un pueblo pequeño? Las mujeres, teniéndolas, sólo pueden encerrarse en sus casas, presas del terror por sí mismas y sus hijas e hijos, mientras que los maridos maltratadores continúan haciendo su vida habitual en … el bar! Con el agravante de que, en caso de necesitar auxilio policial, la guardia civil está a kilómetros de distancia.
Hay tantos casos que hemos atendido de mujeres procedentes de pueblos, en donde la tardanza en los juicios cuando se comparte vivienda con el agresor -otro miembro de la familia extensa- se convierte en un enorme factor de riesgo, detonante del aumento de la violencia contra la mujer víctima que se ha “atrevido” a denunciar.
Otras, que se ven obligadas a abandonar el domicilio familiar, su casa, y salir a casas de acogida, quedando libre el maltratador para recoger a los niños a la salida de la escuela y siendo interminable el tiempo de intervención de las fuerzas policiales…
No podemos extendernos más en lo que debe ser breve, pero no queremos dejar de mencionar la especial vulnerabilidad de las mujeres extranjeras, de cuyo entorno es también el agresor y la dificultad para denunciar por perder el escaso entorno social de protección, o el de las madres de niños con necesidades especiales, en donde la incapacidad para el ejercicio de la paternidad responsable, aún más necesaria, desampara a madre e hijo y…¡sorpresa! reaparece en el momento del divorcio para ejercer el derecho de pater familias (en latín, en derecho romano, porque es ahí en donde se siguen anclando tantas decisiones sobre separación que dañan a las mujeres y a sus hijos e hijas)
Después de tantos casos, de vivirlos acompañando en el sufrimiento, reconocemos que hay momentos en los que esta lucha, en donde las mujeres estamos sistemáticamente en desventaja, nos pesa… Pero nuestra red es nuestro soporte, y aun acusndo el dolor de ver a nuestras hermanas en situaciones de extrema dificultad, podemos responder, en voz alta y clara, a la sinuosa pregunta del machirulerío patrio, orgullosamente luchadoras, el 8 de Marzo y todos los días del año, ¡¡¡¡ Ni un paso atrás!!!!!
Fdo: María Jesús Salinas, de Antigona