Las barreras arquitectónicas afectan a uno de cada tres castellanoleoneses
Para los más de 113.500 castellanoleoneses con movilidad reducida que viven en España, la falta de accesibilidad del entorno puede implicar mucho más que superar un escalón: puede llevarlos a plantearse una mudanza en busca de un lugar donde desenvolverse con mayor autonomía.
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De hecho, el 29 por ciento de las personas con movilidad reducida se plantea cambiar de barrio ante las dificultades para vivir de forma independiente, según recoge el I Barómetro de la Accesibilidad de la Fundación Mutua de Propietarios.
Esta inquietud también se extiende al resto de la población y un 13 por ciento de los castellanoleoneses ya considera que tendría que cambiar de municipio o de barrio (20 por ciento) si tuviera que desplazarse en silla de ruedas.
“Que una persona con movilidad reducida pueda seguir viviendo en su municipio no debería depender de las barreras arquitectónicas de su barrio. Necesitamos avanzar hacia entornos concebidos para todas las personas, en los que la accesibilidad sea un elemento esencial de la planificación urbana y una garantía de plena autonomía”, ha afirmado en un comunicado Cristina Pallàs, directora de la Fundación Mutua de Propietarios.
El informe, que analiza el impacto de las barreras arquitectónicas en la vida cotidiana de las personas con movilidad reducida, señala no obstante que las dificultades no terminan en la calle, sino que, por el contrario, los obstáculos se incrementan a medida que nos aproximamos al hogar.
En concreto, el 21 por ciento de los castellanoleoneses afirma que debería cambiar de edificio si tuviera que desplazarse en silla de ruedas.
Y es que, únicamente el 4 por ciento de los 890.682 edificios residenciales -unos 35.627- ofrecen un recorrido completamente accesible desde la calle a la puerta de la vivienda, mientras que el 96 por ciento presenta, al menos, una barrera.
En este punto, la antigüedad de los inmuebles juega un papel determinante: frente al 49 porciento que considera que su edificio anterior a 1964 no es apto para personas con movilidad reducida, únicamente el 14 por ciento de quienes residen en construcciones más recientes comparte esta percepción.
Una situación difícil de revertir debido tanto a la escasez de recursos como a la falta de concienciación.
De hecho, el coste económico (31 %) y la falta de acuerdo (17 %) son los principales frenos que impiden que las comunidades puedan anticiparse a unas necesidades que, con el envejecimiento de la población, serán cada vez más demandadas.
Por estos motivos, el 74 por ciento de las comunidades no ha realizado mejoras en materia de accesibilidad y el 53 % ni siquiera prevé hacerlas en los próximos años.
De acuerdo con el Barómetro de la Accesibilidad, este panorama es aún más complicado cuando nos adentramos en nuestra vivienda, donde se encuentran los mayores obstáculos. Ante esta situación, el 37 % de los castellanoleoneses afirma que debería renunciar a su residencia actual si tuviera problemas de movilidad reducida.
Y, de la misma manera que ocurre con el edificio, la adaptación de la vivienda tampoco resulta sencilla: el 84% considera que adecuar su hogar a sus nuevas necesidades sería complicado económicamente.
“Eliminar las barreras arquitectónicas del entorno no es solamente una forma de trabajar para la inclusión, sino también un ejercicio de previsión, ya que, a medida que envejecemos, nuestra movilidad se va haciendo más difícil. Por ello, urge actuar desde hoy para, en el futuro, lograr un parque residencial, un barrio y un municipio, que nos permita envejecer con la máxima calidad de vida”, ha concluido directora de la Fundación Mutua de Propietarios.
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