El aumento del gasto público no se traduce en prosperidad real de ciudadanos
España ocupa el puesto 22 de 40 economías analizadas en el Wealth of Nations Index 2026 (WNI), publicado por el Warsaw Enterprise Institute. El país obtiene 670 puntos, por detrás de Eslovenia y por delante de Lituania, y se sitúa dos posiciones por debajo del lugar que ocupaba en 2015.
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La conclusión principal del informe es clara: el aumento del gasto público no se ha traducido en una mejora equivalente de los servicios ni en una mayor prosperidad real para los ciudadanos.
El Wealth of Nations Index, que alcanza este año su sexta edición, plantea una alternativa al PIB como medida de prosperidad.
Frente a los indicadores tradicionales, que computan todo gasto como si tuviera el mismo valor, el WNI distingue entre la economía privada —consumo e inversión privada per cápita— y el valor que los ciudadanos reciben del gasto público.
Para ello, evalúa siete áreas: defensa, seguridad interior, infraestructuras y transporte público, medio ambiente, sanidad, educación escolar y educación superior.
El informe dibuja una paradoja cada vez más visible: el Estado gasta más, pero el retorno para los ciudadanos se debilita.
El gasto público alcanzó el 45,4 por ciento del PIB en 2024, por encima de la media de la OCDE, situada en el 42,6 por ciento, y también por encima del 42 por ciento registrado en España en 2019.
Sin embargo, el índice de calidad del gasto público español alcanzó su máximo en 2021, con 0,80 puntos, y ha descendido hasta 0,76 en la edición de 2026.
España mantiene algunos puntos fuertes. Su resultado en infraestructuras y transporte público sigue siendo elevado, con 0,86 puntos, apoyado en una red de alta velocidad ferroviaria de nivel europeo y una cobertura digital muy amplia. También mejora de forma notable en potencial militar, que pasa de 0,65 en 2015 a 0,85 en 2026. La seguridad interior se mantiene estable, con 0,72 puntos, y sitúa al país entre las grandes economías europeas relativamente seguras.
No obstante, el informe advierte de señales preocupantes. Las infraestructuras, aunque continúan siendo el mejor pilar español, han retrocedido desde el 0,94 registrado en 2015. La sanidad, con 0,68 puntos, es el pilar con menor puntuación del país, lastreada por las listas de espera y por la estructura del gasto sanitario. Pero el deterioro más alarmante se concentra en la educación escolar: España cae de 0,86 en 2015 a 0,73 en 2026, el mayor retroceso entre todos los pilares analizados.
El WNI vincula esta caída educativa con los resultados de PISA y con una tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan del 16,6%, frente al 12,6% de media de la OCDE. La educación superior, por su parte, se mantiene estable en 0,78 puntos y se beneficia de una elevada proporción de jóvenes con estudios terciarios, aunque el informe señala que ninguna universidad española figura entre las cien mejores del mundo.
Gran debilidad
La otra gran debilidad española aparece en la economía privada.
La economía privada per cápita se sitúa en 29.481 dólares internacionales de 2021, lo que coloca a España en el puesto 23.
La inversión privada continúa prácticamente congelada: la ratio entre inversión privada y consumo de los hogares apenas ha pasado de 26:100 en 2015 a 29:100 en la actualidad.
Según el informe, los fondos europeos no pueden sustituir una verdadera acumulación de capital doméstico.
El estudio también apunta a una productividad laboral todavía un 7 por ciento inferior a la media de la Unión Europea, una brecha persistente vinculada al peso de las pymes, la carga regulatoria y las dificultades para escalar proyectos empresariales. Como señal positiva, el informe recoge que la productividad por hora trabajada creció alrededor de un 2,1% en 2024, por encima de la eurozona.
En el plano exterior, España presenta una evolución más favorable.
El superávit comercial alcanzó el 4,2% del PIB en 2024, frente a déficits superiores al 9% antes de 2008. La fortaleza de las exportaciones de servicios, especialmente el turismo, ha contribuido al crecimiento económico reciente.
El reto pendiente, según el análisis, es trasladar esa capacidad competitiva al ámbito de los bienes y de la inversión productiva.
En perspectiva internacional, el índice vuelve a situar a Estados Unidos, Noruega y Suiza en las tres primeras posiciones. Lo que comparten estos países, pese a sus distintos modelos institucionales, es una combinación de economía privada robusta, alta capacidad de inversión e instituciones públicas relativamente eficaces.
El informe también muestra una tendencia general preocupante: en 27 de los 40 países analizados, la calidad del gasto público es hoy inferior a la de hace una década. Tras la pandemia, muchos gobiernos han seguido aumentando sus presupuestos, pero los resultados no han avanzado al mismo ritmo.