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Una alumna del instituto Machado gana fase provincial de "Carta a un militar español"

Viernes, 10 Abril 2026 09:04

El jurado del concurso `Carta a un militar español´ ha fallado unánimemente este jueves el premio en su fase provincial en favor de la carta escrita por Delia Balán, estudiante del IES Antonio Machado, de la capital.

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El jurado, compuesto por Carlos de la Casa, referente en la cultura soriana, José Antonio Martín de Marco, antiguo archivero municipal de Soria, y Francisco Javier Casamor, actual jefe del Área de Programas de la Dirección Provincial de Educación, congregado por el coronel Esparza, subdelegado de Defensa en Soria, en la sala de reuniones de ésta, ha decidido concederle el premio a Delia por su carta, titulada `El horizonte no era un límite, era una invitación´.

El lema de la decimo tercera edición fue `Plus ultra: la audacia que cruza horizontes´, haciendo referencia al primer vuelo que cruzó el Océano Atlántico con un solo avión, hace ya exactamente 100 años.

Este año ha sido en el que más centros han participado: un total de 10, siendo proporcionalmente la provincia con mayor participación de toda España.

Los componentes del jurado han valorado de la carta ganadora la calidad del léxico utilizado, su labor de documentación y su capacidad de sintetizar los valores que impulsaron a los miembros de la expedición a realizar la hazaña.

Como viene siendo habitual desde la primera edición del concurso, la Subdelegación de Defensa en Soria organizará a finales de mayo un acto para hacer entrega del premio a la ganadora provincial y a los de cada centro de enseñanza.

Hasta octubre no se conocerá si la representante soriana estará entre los tres vencedores nacionales

EL HORIZONTE NO ERA UN LÍMITE, ERA UNA INVITACIÓN

Estimados miembros de las Fuerzas Armadas pasados, presentes y futuros:

Hoy quiero proponerme, acordándome de ustedes, llevar a cabo un ejercicio de la imaginación.

Palos de la Frontera, 22 de enero de 1926. Este amanecer no es un simple cambio de luz; es una frontera de hierro y sal. El hidroavión Plus Ultra flota sobre las aguas del Tinto con la fragilidad de una libélula de metal, mientras el rugido de sus motores rompe el silencio de la ría. No hay radares que dibujen el mañana ni satélites que disipen la incertidumbre. Solo hay cuatro hombres habitando ese instante suspendido en el que el suelo deja de ser una certeza y el abismo empieza a parecer un camino.

Me dirijo a ustedes, tripulantes de aquella audacia, y espacialmente a usted, comandante Ramón Franco, no para repetir las fechas que los libros ya custodian, sino para detenerme en el espacio que quedó entres sus manos y el panel de instrumentos.

Aquella mañana no solo cargaban combustible; trasportaban el peso invisible de un país entero, encarnado en sus fuerzas armadas, que volvía a mirar al mar buscando el reencuentro con el hermano lejano.

Ese vuelo fue un salto al vacío. Se quedaron solos frente a la inmensidad, en un cielo que en 1926 apenas ofrecía referencias. Imagino el ruido constante del motor convirtiéndose en compañía y la mirada fija en un horizonte sin respuestas. ¿Qué pesa más: el combustible que se agota o la responsabilidad de no fallar a quienes esperan en la otra orilla?

La audacia no fue la ausencia de miedo, sino la decisión de avanzar cuando la costa desapareció y el mundo se redujo a una cabina estrecha y a un océano sin límites.

Había una máquina ligera desafiando la geografía del planeta. Había cuatro corazones orgullosos y responsables convertidos en hélices y bielas. Cruzaron un límite físico, pero también uno interior. El cielo no ofrecía fronteras claras y, sin embargo, trazaron una ruta donde antes solo había incertidumbre. No buscaban únicamente la gloria; medían su resistencia frente a la magnitud de lo desconocido.

Hoy, un siglo después, el mundo parece cubierto de coordenadas y pantallas que intentan reducir la incertidumbre. Sin embargo, su estela nos recuerda que el verdadero viaje no termina en un punto del mapa. Seguimos necesitando esa capacidad de sostener la mirada ante lo incierto.

Señores del Plus Ultra, el vuelo no terminó en Buenos Aires. Permanece en ese instante previo al despegue, en el segundo en el que todavía se puede renunciar, pero se elige acelerar. El mar quedó atrás y el metal se hizo historia, pero la vibración de aquel impulso sigue atravesando el tiempo.

Porque ustedes aceptaron la invitación del horizonte. Y gracias a ello, otros seguimos aprendiendo a no temerlo.

Porque el horizonte nunca fue el final. Siempre fue la invitación.

Con respeto y gratitud.

Fdo: Delia Balán

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