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La última trashumancia a Tierras Altas de los hermanos Pérez

La última trashumancia merina de Soria partirá este viernes, a primera hora, desde la estación de “El Cañuelo”, hasta Tierras Altas. Un millar de ovejas componen el rebaño de los hermanos Pérez (José María, Basilio y Ricardo), de Navabellida, que se despiden de más que un oficio este próximo domingo.

Organizada por la Mancomunidad de Tierras Altas, el rebaño de los hermanos Pérez, los últimos ganaderos trashumantes de merino de la provincia de Soria, cruzará este viernes por última vez por la ciudad de Soria camino a la Sierra tras pasar el invierno en las cálidas dehesas de Extremadura, en Trujillo, y, con ellos, regresa una edición más, la décimo sexta, del evento ‘Somos Trashumantes’.

Los hermanos Pérez ponen punto final en Navabellida, su pueblo natal, a toda una vida dedicada a la trashumancia. El domingo 21 de junio se organizará la fiesta de la trashumancia.

Ricardo Pérez, el menor de los tres hermanos, ha señalado que el oficio va camino de la extinción.

No descarta recoger todas las anécdotas, peripecias, penalidades y contratiempos que ha vivido en más de un siglo de profesión en un libro. “Hay cosas satisfactorias y cosas muy penosas, ha habido de todo”, ha reconocido.

Los hermanos Pérez han conducido el ganado a pie desde su Navabellida natal hasta la estación de El Cañuelo, donde el ganado se embarcaba hace tres décadas en vagones. Después llegó el tiempo de los camiones en el traslado y con ello se terminó la trashumancia a pie. Sus padres sí vivieron todo el recorrido, desde Tierras Altas hasta Andalucia o Extramadura, cuarenta días a pie conduciendo el ganado.

La lana, que ahora ha recuperado algo de precio, fue en su día, según recuerda, la economía fundamental de los ganaderos trashumantes. “Le tengo oído a mi padre que en los años 50 o 60 del pasado siglo, valía un cordero 60 o 70 pesetas, y un kilo de lana valía 100 pesetas. Una oveja merina que tiene una media de tres kilos de lana, valía 300 pesetas. Entonces interesaba más la lana que el cordero”.

La última trashumancia le hace sentir un poco de pena a Ricardo, después de toda una vida dedicada a esta sacrificada profesión, como sus antepasados.

Toda la vida dedicada a esta profesión, sacrificada, pero “como te gusta, aunque hay días malos, por los que vienen buenos”.

La trashumancia y Tierras Altas están unidas desde siempre.

“Somos Trashumantes” se ha convertido en los últimos años, desde el 2010, en más que una actividad: ha supuesto una inmersión en la cultura de la trashumancia, un viaje que conecta pasado y presente a través de los caminos que durante siglos han unido montañas y llanuras.

En el trayecto, los acompañantes han podido conocer de primera mano cómo la trashumancia modeló el paisaje, dio forma a pueblos enteros y dejó una huella cultural que hoy se reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Además, ha podido conversar con los pastores, conocer sus costumbres, aprender sobre la vida nómada del ganado y saborear la hospitalidad serrana.

El recorrido en tres etapas transcurre por la Cañada Real Soriana Oriental, partiendo del camino del Cañuelo, desde la ciudad de Soria, este viernes, y atravesando parajes de tanto valor ecológico, natural e histórico como el pueblo de Garray y el cerro de Numancia, el Valle de Tera, los robledales del Zarranzano, el impresionante acebal de Garagüeta o la Sierra del Alba.

La trashumancia ha marcado desde la antigüedad la forma de vida tradicional en Tierras Altas.

Si atendemos a su significado estricto la trashumancia es el movimiento estacional de ganado siguiendo las rutas regulares establecidas explotando al máximo los pastos naturales a lo largo de todo el año. Ha impreso su huella en el paisaje y en el paisanaje de estas gentes.

Entre el siglo XVI y el XVIII se produce el auténtico esplendor de esta actividad, gracias al comercio de la lana. Una vez cortada y lavada se preparaba en fardos y se trasladaba a los puertos de Bilbao y Santander, desde donde partía hacia los Países Bajos e Inglaterra.

 Europa se vestía con la lana de Castilla. La provincia de Soria llegó a tener en el S. XVIII 333.558 ovejas merinas.

A medida que avanzó el siglo XIX se juntaron una serie de elementos que llevaron al derrumbe de la Mesta. En primer lugar Las Cortes de Cádiz en 1813 promulgaron una Ley que abolía la mayor parte de privilegios de la Mesta y favorecían la agricultura.

 

 

 

 

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