Romería a la Atalaya de Quintanilla de Tres Barrios
Quintanilla de Tres Barrios ha celebrado un año más su tradicional y querida romería a la Atalaya, en una jornada presidida por la concordia.
San Esteban de Gormaz recrea un hito de su historia
Crónica: Leopoldo Torre
En el pasado, la tradición formó parte de la segunda fiesta del pueblo junto al día de la Ascensión. El programa comienza de buena mañana, después de tomar una copa de aguardiente y pastas, como manda la tradición. La procesión parte de la iglesia de San Lorenzo Mártir hasta la ermita de Nuestra Señora de la Piedra, otrora de la Fuente.
La imagen de la Virgen, la de sus padres, el estandarte, la Cruz y el pendón son portados en solemnidad por la Carrera de Abajo hasta el lugar de culto.
En el trayecto, se reza y canta, al tiempo que el tañido y volteo de las campanas resuena hasta llegar a la ermita, donde se oficia la ceremonia.
Al finalizar el acto el grupo de asistentes se separa.
Las mujeres regresan al pueblo y los hombres toman sus viandas y enfilan en procesión, con las insignias, el pendón, estandarte y la Cruz, hasta la torre vigía, distante un par de kilómetros.
Parte del trayecto transcurre en devoción, se reza la letanía en latín, el Ora pro nobis, al tiempo que suena el tañido de las campanas de la iglesia. Espacio para el culto, la oración y la solemnidad que tiene lugar al inicio y en el último tramo cerca de la Atalaya.
Durante la oración, el tañido de las campanas resuena en el ambiente. El resto del camino se hace distendido, con las insignias sin enarbolar y los participantes charlando a su libre albedrío.
En la cima, lo que sigue es un tiempo de asueto en armonía, concordia y hermandad que acompaña al buen yantar entre el olor a carne asada y de las hierbas aromáticas del entorno. No falta el vino, que corre a cargo del común de vecinos.
Así viene siendo desde tiempos inmemoriales, si bien se ha perdido la peculiar costumbre de beber vino en copas, a las que se les perdió la pista. Dos copas de plata utilizadas única y exclusivamente para esta ocasión, en las que los asistentes paladeaban el vino peleón que iba repartiendo el alguacil. A los foráneos que acudían a la cita se les daba igualmente de beber, pero por la base de la copa.
Tradición
No hay constancia del motivo de esta tradición.
Entre las hipótesis, la propia festividad la fiesta popular o alguna efeméride de un hecho histórico. Esto último por ciertas connotaciones derivadas de los detalles: la participación exclusiva de varones, el simbolismo de las insignias y estandarte, el beber en copas de plata solo para esta ocasión, el enclave,... Torre vigía, luchas por la posesión territorial, línea fronteriza en la edad media, batallas determinantes... Es posible que algún escudo de armas que se halla en el artesonado del altar mayor de la iglesia de San Lorenzo Mártir, tuviera alguna vinculación.
La panorámica que se vislumbra desde la torre vigía abarca una extensa amplitud en derredor. Un "altozano" a mil metros de altitud.
“La Atalaya de Quintanilla de Tres Barrios tiene un control excepcional de gran parte del trazado de la vía romana entre Clunia y Osma. Ofrece una gran visibilidad respecto a otras atalayas y un extraordinario control en su cuenca visual de las dos de las más importantes vías romanas de esta zona.
En particular, la vía romana entre Clunia y Osma, de la que controla una gran longitud y también de la vía romana entre Osma y Tiermes, a la que visibiliza en el paso del río Duero, en todo lo ancho de la vega de este río". (Moreno Gallo, Isaac, La Defensa Telegráfica de la Frontera Califal del Duero. Atalayas y vías romanas en el siglo X. p. 109). Balcón privilegiado para contemplar el eclipse solar del día 12 de agosto.
El regreso, con los ánimos algo más encandilados, es otro cantar, no deja de ser una copia a la inversa. Se sigue el mismo proceso que en la ida. Las campanas, su repique y volteo (trabajo encomiable el de los campaneros) siguen dando un matiz de formalidad al acto.
En la ermita les esperan las mujeres y una vez en el interior se ensalza la Salve. Acabada la ceremonia, con todo el bagaje de imágenes e insignias, se regresa a la iglesia en procesión para depositarlos en su estancia. En el pasado, las mujeres esperaban en la Fuente, junto a la Ermita, a los romeros y aquí se celebraba una comida.
El papel primordial de las mujeres en todo este proceso continúa vigente. En la celebración de este día, mientras los varones disfrutan del ambiente en la torre vigía, ellas se reúnen en el Jaraíz del Alto (en contacto visual con la Atalaya) para almorzar, charlar y pasar la mañana en convivencia.
La tarde de fiesta se suele completar con un programa de juegos populares y velada musical. En esta ocasión con la actuación de la Rondalla y Corro "Recuerdos", de Almazán. Ambiente y divertimiento.