Pueblo y moral
Por Juana Largo
Escritora
Juana Largo reflexiona en este artículo de opinión sobre los conceptos de pueblos y moral en la historia y sus relaciones con el poder. Y apunta lo que se juegan las sociedades si pierden la moral democrática.
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Pueblo y moral
Es muy propio de los gobiernos, mandatos, Estados, organismos, instituciones, como lo era del poder de la Inquisición, querer captar la naturaleza de una persona (lo que en nuestros tiempos tanto se usa y se habla de “biología”) para pasar luego a la página del conocimiento penal, ya sea en torturas, ya sea en muertes, ya sea en restricciones de muchas personas.
Es decir: es muy dado en los gobiernos intolerantes y demoníacos, buscar al demonio en nuestra constitución biológica, para luego utilizar ese conocimiento como algo que afecta a la moral y a las buenas costumbres del entorno político e incluso religioso de un lugar o de unos lugares.
Se podría hasta decir que, en el “Ancian Régime”, en la política tradicional, minada y volcada toda ella en el ánimo religioso, se daba el afán moral de buscar al demonio, en la población, ya que el demonio no podía estar en el gobierno de esa población, pues se pensaba que era el máximo mal, moral, y que la población había de purgar a la sociedad de todo demonio o de todo mal de este tipo, bien es cierto que, la mayoría de las veces, inmiscuida esta creencia en que la Política no puede depender del Demonio porque corrompe la moral, una moral que venía de mucho tiempo atrás, y que no alcanzaba a los nuevos fenómenos que se dieran de la Ciencia y que esta descubriera.
El mal moral era el del Bien y el del Mal, y el del mal era el de lo demoníaco, con tantas revisiones de la población y con tanto suplicio que ésta debía de soportar.
De ahí viene el ser paradigmático de las brujas o de la brujería, con su persecución por parte de la Iglesia, ya que la sociedad, no se podía poner en el mal o en la moral disoluta y se pudiera, por parte de los regentes, tener en cuenta y penar, la mala conducta, moral, del supuesto mal incluso con prohibiciones y restricciones a la población, si fuera preciso utilizando el Santo Oficio, lo cual, por supuesto, beneficiaba a los regentes o gobernantes para poder mantener su estatus de poder y de riquezas, frente al pueblo, al cual le estaba prohibido rebelarse o ser libre, es decir: tener las mismas flaquezas que en privado tenía y conocía de los antiguos reyes, lo cual perjudicaba a estos, y los hacía sujetos al pueblo, cosa que jamás se pudiera dar, porque atentaban contra el poder de los nobles y de los eclesiásticos que dependían en su dinero y en sus bienes materiales, del poder regente del momento.
Y si la iglesia se rebelaba o no se ponía de parte del poder de la nobleza y regencia, entonces se moría de hambre o era libertina y digna de castigo moral igual que la gente del pueblo podía ser libertina y disoluta y por ello, era castigada.
El Mal, con mayúsculas, era un engendro de constructo de Poder e Iglesia que servía para despojarse de él, despojando a los humanos del pueblo y de su libertad: los seres humanos no podían sino vivir en esos dos estamentos: O nobles o siervos. (O como ocurría en nuestra Soria hasta hace bien poco: Hidalgos o Pecheros, todos los lectores lo podéis ver en los libros de historia de nuestra comunidad).
Y cuando se habla aquí de “moral”, en esta Tribuna o en otras, se quiere hacer constar que la “policía de la moral” –fuera metafórica o real-, por ejemplo, actúa de tal manera que solo tiene en cuenta estos dos polos, Bien y Mal, y que la moral esa o de ese tipo, es la de la religión junto al poder de los reyes antiguos. Y sabemos que existe otra moral, la de aquellos grupos humanos o de aquellos países que tienen conocimientos científicos (no de los de ahora, con tanta sicología y biología autoritarias que sirven al Capital y a la represión de las personas) y que basan su libertad en el uso de los placeres, de la tolerancia y de la libertad, pudiendo llegar al máximo amor, y también al uso social del dinero o Capital, de todos y para todos.
Esta moral es la que hasta la fecha, la han predicado los grupos socialistas a través sobre todo de estos tres últimos siglos. Y por eso en ocasiones, son perseguidos o rechazados por un pueblo que habla de la Antigua Moral, sin duda esclavizados por los capitalistas para que gobiernen los partidos del Antiguo Régimen que darían en lo anteriormente dicho en esta Tribuna.
La moral democrática –por construir todavía o por seguir trabajando en ella- no comparte la moral anquilosada en una tradición que castiga al pueblo. Un pueblo no puede estar de acuerdo en que le priven de libertad y de todos aquellos, no solo placeres, y derechos que lo hacen libre y no inferior en estamento a los del estamento oficialmente reconocido por la Historia antigua. Esto es lo que se aproxima más a la democracia, no darle la vuelta al argumento de que los que mandan lo hacen por el bien de todos o por el bien de una sociedad o de un país o de un pueblo… ¡craso error!
Y si no tenemos “educación” o “cultura” o “formación” desde antes de ir a la escuela, o desde que se va a ella, somos analfabetos o animales de trabajo cual mulos conducidos por los “ricos” para el propio bienestar de éstos. ¿No veis cómo avanza el Capital de los actuales poderosos cuando, por ejemplo, en Usa, hay ahora cuarenta millones de pobres? En otras partes es parecido o igual.
Nos jugamos mucho con nuestra partida de ajedrez en la historia y por eso que debemos saber jugar y acertar. ¡Sería un bajón inconmensurable y que cambiaría toda la historia de nuestros tiempos, si nuestra apuesta va para abajo!