Como quien dice
El maestro Ripoll, acusado de no creer en dogmas católicos, fue condenado a muerte por hereje y ahorcado en Valencia en julio de 1826. Al hilo de este suceso, Ángel Coronado reflexiona en este artículo de opinión sobre los hermanos legos en el convento de la historia, que apenas recuerdan al maestro Ripoll.
De las crisis actuales, a las soluciones razonables
Como quien dice
A los hermanos legos en el convento de la Historia les pasa como a nosotros, que a duras penas y tan solo de oído recuerdan al Maestro que, después de meterles a presión en la memoria los afluentes del Ebro de uno en uno por la izquierda, y la lista de los Reyes godos por la derecha de otro en otro, les contaba historietas, y una era la de absolutistas tirándose a la yugular de liberales que, no llegando a la sangre, pidieron ayuda a los vecinos del norte, los Cien Mil Hijos del Rey San Luis de Francia, para desayunarse después unas porras de una en una con churros de otro en otro, como quien dice, y como tanto tiempo antes Witiza contra Rodrigo, godo ambos, buscando lo mismo, la fuente de la sangre, llamando en ayuda al vecino del sur, el moro Muza, para meterse luego por la boca lo mismo: porras y churros.
Y Muza no se hizo de rogar, y atravesando el estrecho de un salto (como quien dice) y por alguna playita del lugar, apareció con un tropel de muchísimos amigos (tal que ahora en Ceuta), pero no ahora sino entonces. Y dándose los buenos días entre Witiza, Don Rodrigo y todo el tropel de moros, siguieron los que siguiesen hasta los Pirineos sin tropiezo hasta toparse (quién lo diría) con el tatarabuelo de Carlomagno y con el mar, lo mismo que por oriente, tropezando con la India, El Tíbet y Afganistán, el Dalai Lama y los chinos.
Y así, historieta tras historieta de una en una, legos en el convento de la Historia, pondremos a Don Rodrigo como el último rey de los Godos por la derecha y el primer mozárabe por la izquierda, tataratarabuelo sin duda de otro Rodrigo, de lustre igual pero ya no godo sino tataranieto y de Vivar, el Cid Campeador, del que nuestro Maestro decía ser ya mudéjar, el primer mudéjar (como quien dice), y tatara de ya no se sabe quién, pero en todo caso antes “neo” de quien lo sepa (como quien dice neogótico, neomudéjar temprano quizá, que por entonces, y según seguía diciendo nuestro Maestro, hasta los justicieros inquisidores hacían las maletas ya, (como quien dice que se va), que a duras penas hechas las volvían a deshacer para quedarse y volver a matar (de uno en uno, como siempre), ahora en la horca y bajo el nombre de “Juntas de Fe” (como quien dice, que no es sino la Wiki, oiga). Visto lo cual, y legos en el convento de la Historia, no dudamos en meterla toda entera entre las hojas de un breviario (como quien dice), o de un misal. Dice la Wiki (ahora nuestra Maestra) que:
“La última ejecución vinculada a la Inquisición en España fue la del maestro deísta Cayetano Ripoll, quien fue ajusticiado el 31 de Julio de 1826 en Valencia por una Junta de Fe (una institución sucesora del tribunal inquisitorial)”
A los hermanos legos en el convento de la Historia les pasa como a nosotros, que a duras penas y tan solo de oído recuerdan al Maestro que, después de haberles hecho aprender de memoria y de uno en uno los tres diferentes modos de asesinar piadosamente que tenía la sagrada Inquisición, a saber, la hoguera, el garrote vil y la horca, les contaba historietas, como esa de la hoguera, poco ejemplar, copia burda, mundana y por eso maligna, de suplantar el modo en que la justicia divina castigaba divinamente a los condenados al infierno, decían. Nunca, nunca, en el día del Juicio Final, nunca Miguel Angel hubiese pintado en la Sixtina al supremo Juez ajusticiando a nadie a garrote vil (como quien dice a lo bestia), les decía a los hermanos legos en el convento de la Historia el Maestro. Y les pasaba como a nosotros, que nos quedábamos con ganas de preguntarle si el maestro deísta Cayetano Ripoll era un hermano lego como nosotros en el convento de la Historia, o no lo era.
Actualmente existe en Valencia una plaza, la Plaça del Mestre Ripoll, dedicada a su figura al final de la avenida Vicente Blasco Ibáñez con frondosos árboles. Verán, verán.
Dice la Wiki, ahora nuestra Maestra (como quien dice) que, después de la serie de atrocidades leídas en la Wiki (decimos nosotros, hermanos legos), decíamos que dice la Wiki, ahora citando como es de menester: “Actualmente existe en Valencia una plaza, la Plaça del Mestre Ripoll, dedicada a su figura al final de la avenida Vicente Blasco Ibáñez con frondosos árboles.”
A buenas horas mangas verdes, (como quien dice). A buenas horas llamando a los gabachos, como quien dice a los Cien Mil Hijos de San Luis, verán, verán, que viendo a liberales y absolutistas tirándose a quién sabe la yugular pero en busca de la fuente de sangre fresca, van estos y tras llamar a los Cien Mil hijos de San Luis (como quien dice, que San Luis no era tan bravo), tras llamarles en su ayuda, tuvieron que prescindir de sus piadosas barbacoas, porque a los Cien Mil, eso de las barbacoas humanas les parecía una barbaridad, y ni cortos ni perezosos (como quien dice), se sacaron de la manga las llamadas Juntas de Fe, que reanudaron por su cuenta esas barbaridades ligeramente modificadas (como quien dice), y se fueron a desayunar uno detrás de otro los churros y las porras, como siempre.
Verán, verán. Le echaron el guante al pobre Mestre Ripoll, y lo primero lo ahorcaron, metieron luego su cuerpo en un tonel pintado en llamas, imitando fuego, y lo echaron al agua como quien dice apagarlo. Y ya sí, tranqui, tronqui, a la piadosa pira de leña y a quemarlo. Y luego, en aquélla pequeña placita de Valencia con su nombre, se plantaron unos frondosos árboles.
A los hermanos legos en el convento de la Historia nos pasa eso de como quien dice o como comiendo sin comer, que mira sin ver o que ve mirando para otro lado como quien dice “¡ay!, que no quise”, nos pasa eso de no saber cuándo nuestro Maestro, después de habernos enseñado la lista de no sé qué por la derecha y de no sé cuántos por la izquierda, va y se marcha, como Witiza con sus hijos o los otros con sus cien mil gabachos después de haber llamado a los bomberos, digo a los moros, digo a los gabachos, se marcha (como quien dice) a desayunarse un café con leche con las porras y churros como siempre, de uno en uno.
Y aquí estamos, legos en Historia, pero agarrados a la Wiki para disimular y deseosos de más Historia y hechos un lío con todas las nuevas olas, de austrolapitecos, neandertales, sapiens, neolíticos, celtas, iberos, romanos, cristianos, godos, moros, mozárabes, mudéjares, gabachos, neomudéjares, pestes, danas y ahora más neos, agarrados a la Wiki pero sin Maestro ante Neocapitalismos, Neofascismos, y nuevos Neos y más Neos como quien dice.
A los hermanos legos en el convento de la Historia les pasa como a nosotros, que apenas recuerdan al Maestro después de haberles hecho aprender lo dicho, contándoles historietas de una en una, y una era la del uno por todos tirándose a la yugular del todos por uno, y otra, la del todos por uno tirándose a la yugular del uno por todos, deseosos
Y es que, legos en el convento de la Historia, pero agarrados a la Wiki, lo seremos, aunque mucho más legos aún en otro resumen de Conventos, el Convento de las Yugulares, pero igualmente deseosos aunque ya casi legos del todo y sin remedio. Y seguimos resumiendo hasta lo que importa, lo único, lo singular de una sola yugular. Solo ésta, y aquélla, solo la mía y la de usted y las de nosotros y las de ellos, lo plural pero de uno en uno, como los churros, como las porras, como las palabras cuando se habla en la pacífica ametralladora de las palabras, de una en una, directas todas a la diana, esa cosa a la que algunos, no todos, llaman alma, otros verdad. A nosotros, legos de a saber qué convento, nos gusta, como quien dice alma, decir diana.
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